La ampliación del Museo del Prado por Moneo

Historia de sus ampliaciones

La reciente ampliación llevada a cabo en el Museo del Prado permite situar en el siglo XXI una institución cuyas obras iniciales comenzaron en 1785, cuando se empezó a construir el Museo Real de Ciencias Naturales. La guerra de indepencia contra los franceses hizo que tuvieran que transcurrir 35 años antes de que el nieto de Carlos III, Fernando VII, decidiera completar el edificio de Villanueva como sede del Real Museo de Pinturas. Los trabajos se prolongaron hasta la década de 1830. A partir de la apertura del Museo y a lo largo de toda su historia se han sucedido gran número de intervenciones de mayor o menor importancia para ganar espacio expositivo y para mejorar los accesos y la circulación interna, intervenciones que han ido transformando la fisonomía del edificio original.

La primera reforma (1847-52) del proyecto original de Villanueva se debe a Narciso Pascual y Colomer. La intervención consistió en cubrir la sala basilical para crear una tribuna-galería, la nueva Sala de la Reina Isabel. Entre 1880 y 1892, Francisco Jareño realizó tres intervenciones: escalinata de seis tramos en el testero norte del edificio, sustitución de la tribuna-galería de Colomer por un forjado completo y construcción de dos pabellones exentos de nueva planta en la parte trasera del edificio. Fernando Arbós y Tremanti desarrolló, desde 1918 a 1921, lo que puede considerarse la primera ampliación del Museo, ocupando la fachada posterior del edificio Villanueva con dos nuevos volúmenes destinados a salas para la exposición de pinturas. Pedro Muguruza construye (1943/1946) una nueva escalera en la fachada norte en sustitución de la de Jareño y realiza algunas reformas en el interior del edificio. Fernando Chueca y Manuel Lorente duplican, entre 1954 y 1956, las crujías de Arbós a cada lado de la sala de Velázquez. Entre 1964 y 1968, José María Muguruza realiza la última intervención, que supone una ganancia de espacio dentro del edificio al cubrirse los dos patios que había dejado la ampliación de Arbós. Fue José María García de Paredes quien entre 1981 y 1983 realiza el proyecto y la obra del salón de actos, actualmente gran distribuidor entre el edificio Villanueva y la ampliación de Rafael Moneo.

Agotadas las posibilidades de ganar espacio en el edificio Villanueva, en los años 80 se plantearon distintas soluciones, y fue a principios de los 90 cuando se impuso el criterio de que el Museo del Prado debería extenderse recuperando los únicos vestigios del Palacio del Buen Retiro (el Casón y el Salón de Reinos, entonces sede del Museo del Ejército) y, quizá, el antiguo Claustro de los Jerónimos. De acuerdo con ello, en junio de 1994 el Real Patronato del Museo aprueba un 'Plan de necesidades del Museo del Prado' en el que se destaca la necesidad de ampliar sus espacios físicos, y ahí comenzó la larga historia de esta nueva y reciente ampliación, llevada a cabo por Moneo

Otra espera de 14 años

Presidentes del Gobierno, ministros de Cultura y directores del museo han participado en este largo e intenso proceso, en el que la pinacoteca ha afrontado su mayor transformación desde que fue creado, que no ha estado exenta de polémica, a pesar de contar con un consenso político. Ya en 1993, museólogos y expertos en arte defendieron la compra del claustro de Los Jerónimos, que se encontraba en ruinas, para emplazar las instalaciones que ampliarían el Prado. La entonces ministra de Cultura, Carmen Alborch, anunció a finales de 1994 la convocatoria del concurso internacional de ideas, con unas obras que, según se fijó, se iniciarían en 1997.

El primer contratiempo en este largo camino surgió al declararse desierto el primer premio del concurso al considerar el jurado que "ningún proyecto resuelve en su totalidad los problemas planteados en las bases". La cartera de Cultura la ocupaba Esperanza Aguirre.

Aproximadamente un año después, en 1997, el Real Patronato del Prado aprobó el Plan Museográfico que recogía la ampliación con el Edificio Villanueva, el Casón del Buen Retiro, el Claustro de los Jerónimos y el actual Museo del Ejército. El entonces secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés, anunció la compra del Edificio de Aldeasa, situado cerca del museo y al que, posteriormente, se trasladaron las dependencias administrativas.

Un hito en el proceso de renovación y ampliación se produjo en 1998 cuando, tras dar el visto bueno el Consejo de Ministros, Esperanza Aguirre y el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, firmaron un convenio para ampliar el museo con el claustro y parte del atrio de la iglesia de Los Jerónimos. En una primera valoración, el entonces director del Prado, Fernando Checa, lo consideró como el hecho más trascendente de los últimos años de la vida del museo que sentaba las bases para el Prado del siglo XXI, formado por los edificios de Villanueva, ALDEASA, Casón del Buen Retiro, Museo del Ejército y el claustro de los Jerónimos, verdadera ampliación física gracias a la conexión semi-subterránea con el edificio histórico de Villanueva.

Después de la convocatoria de dos concursos, el proyecto de Moneo fue elegido para la ampliación del Prado en 1998, recibiendo el apoyo del Patronato, aunque algunos de sus miembros, como Fernando Chueca Goitia, se mostraron en desacuerdo con ciertos aspectos. Surgieron entonces críticas al proyecto de Moneo, quien decidió presentar en Bonn sus planes definitivos de ampliación, con algunas modificaciones respecto al anteproyecto inicial. Estos cambios fueron mayores tras la reunión que tuvo el arquitecto con los miembros del patronato, en la que se decidió reducir la altura y volumen del llamado "cubo de Moneo" para hacer más visible la arquería del claustro e instalar una claraboya para la entrada de luz. Esta primera parte de la ampliación culminó con la aprobación del proyecto definitivo de Moneo, en marzo de 2000, por parte del jurado encargado de examinar un proyecto que tuvo el visto bueno de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, no así el de la Academia de la Historia.

La Asociación de Vecinos de los Jerónimos, junto a otras asociaciones, crearon la Plataforma SOS Prado contra el proyecto de Moneo y solicitaron ante el Tribunal Supremo la paralización de las obras, petición que el Alto Tribunal rechazó en octubre del 2000. La ejecución del proyecto empezó en febrero de 2002 bajo la supervisión del Ministerio de Cultura. Por entonces, la Sala Tercera del Supremo dictó un auto en el que decretó la suspensión cautelar de las obras que solo sería efectiva si la Asociación de Vecinos depositaba una fianza de 1.250.000 euros. Antes de finalizar el año, el tribunal dio luz verde a la ampliación al rechazar los recursos presentados. En un ambiente más calmado, las obras continuaron su desarrollo aunque con sucesivos retrasos. En una visita a las obras en junio del 2003, la ministra de Cultura Pilar del Castillo ponía febrero del 2004 como fecha de finalización. Un año más tarde el propio Rafael Moneo daba como plazo de entrega, primero, la primavera del 2005. Mientras tanto, el 22 de julio de 2005, a propuesta de la Ministra de Cultura de entonces, Carmen Calvo, el Consejo de Ministros se acuerda una inversión extraordinaria de 44,6 millones de euros destinados a garantizar la finalización de las obras de ampliación. La apertura se ha retrasado, pero ya está materializada.

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