domingo, 25 de noviembre de 2007

México recuerda a Diego Rivera, el pintor de la Revolución, a los 50 años de su muerte,

Con un imponente legado artístico que lo ha convertido en un símbolo del México del siglo XX, el muralista Diego Rivera (1886-1957) recibe estos días homenaje tras homenaje en su país, con motivo del quincuagésimo aniversario de su muerte, que se cumple este sábado. Marcadas por su amor por la pintora Frida Kahlo (1907-1954), la afición por la parranda, su activismo comunista y su compromiso con la Revolución mexicana a través del arte, las obras de Rivera adornan múltiples espacios urbanos del país, especialmente de Ciudad de México. "Era un hombre entregado a su arte", evoca Guadalupe Rivera Marín, hija del artista, nacida en 1924 de su unión con Guadalupe Marín.

Detalle de 'Gloriosa victoria', un mural de Diego Rivera que estuvo perdido durante más de medio siglo. (Foto: REUTERS)

El Palacio de Bellas Artes capitalino, uno de los escenarios más importantes de la nación, le dedica desde septiembre la muestra 'Epopeya mural'. La exhibición presenta 170 piezas del artista, realizadas en México y EEUU entre 1922 y 1956. Entre ellas está el mural 'Gloriosa victoria', perdido durante 50 años y localizado en el 2000 en las bodegas del Museo Pushkin de Moscú. La muestra lleva hasta el momento cerca de 200.000 visitantes, aún lejos de la marca de 400.000 de la exposición dedicada a Frida Kahlo, que se celebró de junio a octubre en el Palacio de Bellas Artes, con motivo del centenario de su nacimiento. Carlos Phillips Olmedo, director del Museo Anahuacalli Diego Rivera, también en Ciudad de México, destacó en la inauguración de la muestra que la importancia de Frida es "iconográfica", mientras que la de Rivera es "histórica". Pero antes del genio hubo un aprendiz, forjado en los cánones europeos en la Academia de San Carlos mexicana y retratado en las fotografías como un joven con la seguridad de su talento escrita en la cara.

El estudiante y el acuarelista

De este período surge 'Nacimiento de un pintor', exhibición inaugurada esta semana en el Museo Mural Diego Rivera de la capital mexicana que cuenta con los ejercicios de dibujo del artista en su aprendizaje. "Fue un gran estudiante, se le reconoció ampliamente en sus años en la Academia de San Carlos", dijo sobre él la comisaria de la muestra, Susana Pliego. La exposición incluye dos libretas de bocetos de Rivera nunca expuestas, una con un Vía Crucis y otra con dibujos de su viaje en barco a Europa en 1906.

'Vino, mujeres y flores', exhibida en el Palacio de Bellas Artes de México. (Foto: REUTERS)

En la casa-museo donde nació el artista, en el estado central Guanajuato, se presenta de octubre a enero la muestra 'Acuarelas', con 55 pinturas con esa técnica y 30 fotografías. También programan exposiciones el Museo Dolores Olmedo, 'Retratista'; el Museo Nacional de Arte, 'Diego Rivera. Gráfico/ Hipergráfico', y el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, 'Imágenes escritas, 1921-1957', todos en la capital. Este último centro coordinará asimismo cinco exposiciones fotográficas itinerantes, a exhibir en Centroamérica, Paraguay, España, Argentina y México. Además, la próxima semana se estrenará el documental 'Un retrato de Diego', de Gabriel Figueroa y Diego López, nieto de Rivera. El filme contiene imágenes del artista rodadas en 1949 y halladas medio siglo después, enriquecidas con declaraciones de personalidades de la cultura como el ensayista mexicano Carlos Monsiváis.

La hija del muralista, Guadalupe Rivera Marín, se ha mostrado "muy satisfecha" por los muchos actos en memoria de su padre, especialmente después de que "se tratase de borrar la memoria de Diego Rivera y todo lo que sea nacionalismo revolucionario" desde sectores políticos y mediáticos en los últimos 20 años. Rivera Marín creó la Fundación Diego Rivera para recuperar la figura de su padre, a fin de hacer contrapeso a la extrema popularidad de Frida, que estaba eclipsando a su progenitor. Este sábado, cuando se han cumplido los 50 años de la muerte del muralista, su hija presidió una ceremonia conmemorativa en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón Civil de Dolores en Ciudad de México, donde está sepultado.

El genio del mural mexicano 'a la sombra' de Frida

Inmenso en su físico y en su genio artístico, el muralista mexicano Diego Rivera (1886-1957) preñó de arte revolucionario México y Estados Unidos y quedó marcado a fuego por su tormentosa relación con Frida Kahlo. A 50 años de su muerte, el artista de Guanajuato, ciudad del centro del país, sigue siendo recordado por sus mastodónticos y detallados murales, su férrea vinculación con la causa comunista y su fama de seductor y parrandero.

Imagen de uno de los bocetos creados por Rivera que se exponen en la capital mexicana. (Foto: EFE)

Rivera vivió los seis primeros años de su vida en su estado natal hasta que en 1892 se traslada con su familia a la capital mexicana, donde a los 10 años comienza sus estudios de pintura en la Academia de San Carlos, fundada a instancias del rey español Carlos III en 1781. El aprendiz destaca pronto en las artes y, como si conociera su futuro, en las fotos donde aparece junto a sus compañeros lo hace con el rostro solemne y la mirada desafiante y segura de quien se sabe talentoso.

Breve etapa en España

Dos becas educativas permiten al joven Rivera zarpar hacia España a continuar sus estudios en Madrid, lo que le llevará a establecer vínculos con el mundo artístico español y francés, y a conocer a Pablo Picasso, Renoir y Cezanne, entre otros.

Tras vivir en París de 1911 a 1921, regresa a México para revolucionar el muralismo y llevar el espíritu del nacionalismo mexicano a las fachadas y las paredes de los edificios más emblemáticos del país, por encargo de las autoridades.

Dos de sus trabajos más destacados son los frescos del Palacio Nacional, que retratan la fundación de Tenochtitlan (hoy Ciudad de México) por los aztecas y la posterior Conquista española, y la fachada de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que le llevó cinco años y está dedicada a la Revolución Mexicana (1910-1921).

Obra no exenta de polémica

Su obra despertó polémica en más de una ocasión, como cuando en 1934, ya fuertemente comprometido con el comunismo, realizó un retrato de los líderes soviéticos en el mural 'El hombre en el cruce de los caminos', en el Centro Rockefeller de Nueva York.

Su negativa a eliminar a esos personajes de la imagen terminó con el proyecto, que hoy se exhibe orgulloso de forma permanente en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana, uno de los escenarios artísticos más prestigiosos del país.

Cabe recordar también su representación del presidente estadounidense Eisenhower como una bomba en el mural 'Gloriosa victoria', lo que motivó de nuevo la censura en EEUU, así como su inscripción de 'Dios no existe' en 'Sueños de una tarde de domingo en la Alameda Central', también muy criticada.

Una carrera 'a la sombra' de Frida Kahlo

La faceta de genio de Rivera ha quedado en ocasiones opacada por sus amoríos con la pintora Frida Kahlo, con quien se casó dos veces y mantuvo una relación que los expertos califican de tormentosa, debido sobre todo a las frecuentes infidelidades de ambos.

Contra viento y marea, la pareja continuó junta hasta la muerte de ella en 1954, un momento en el que el pueblo de México fue testigo del luto de Rivera en el Palacio de Bellas Artes, lugar donde se instaló la capilla ardiente y que en 2007 ha albergado sendas exposiciones sobre ambos.

Ni siquiera cuando Frida salió del horno crematorio convertida en cenizas dejó de funcionar en clave de arte la mente de Rivera, quien realizó un boceto en una libreta del cuerpo de su amada incinerado.

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