No era la primavera

El enigmático cuadro de «La Primavera» -el más admirado de Botticelli en la Galería de los Uffizi de Florencia, junto con «El Nacimiento de Venus»-, no muestra en absoluto la hermosa estación de las flores y el amor sino el triunfo del humanismo representado a través de una escena mitológica: «Las bodas de Mercurio y Filología», según la documentada interpretación que presentará hoy en Milán el filósofo Giovanni Reale en su nuevo libro, «Las bodas ocultas».

Según Reale, la clave del bellísimo cuadro -uno de los más estudiados por los expertos en simbología- hay que buscarla no sólo en la mentalidad de Lorenzo di Pierfrancesco de Medici, quien lo encargó junto con «El Nacimiento de Venus» para uno de sus palacios, sino sobre todo en el ambiente cultural de la Florencia gobernada por su primo Lorenzo «el Magnífico». El libro de Giovanni Reale, adelantado ayer por el «Corriere della Sera», identifica la obra maestra de Botticelli como la representación pictórica de «Las bodas de Mercurio y Filología», un texto de Marziano Capella muy popular en aquella Florencia de 1480.

Ni Venus ni Flora

La figura central no es Venus, como afirmó en 1893 Aby Warburg, el padre de la iconología moderna, ni tampoco es Flora la muchacha que mira al espectador y se dispone a lanzar un homenaje de pétalos a quien se acerca a la escena, ni es Céfiro el personaje aéreo que susurra a la chica de la derecha... En otras palabras, las interpretaciones de Warburg y de sus seguidores como Ernst Gombrich en 1945, Erwin Panofsky en 1961 o Edgard Wind en 1985 han llevado a los iconólogos por pistas falsas hasta que Claudia Villa centró las sospechas en la Filología, tesis que ahora confirma Giovanni Reale.

Que el personaje de la izquierda fuese Mercurio estaba fuera de duda, pues señala al cielo y lleva sandalias aladas. Pero el personaje central no es Venus sino la Filología, la gran ciencia del lenguaje y la literatura, que está a punto de esposar al dios del comercio, a quien señala con la mano derecha.

Sobre ella está Cupido, quien lanza sus flechas sobre las Tres Gracias, o sea, la Voluptuosidad, la Castidad y la Belleza, esta última con el rostro de Caterina Sforza, mientras que La Castidad, de espaldas, es Semiramide Appiani, la esposa de Lorenzo di Pierfrancesco de Medici.

Joven encinta

Si la Filología protagoniza el centro de la escena, y lo hace como una joven encinta, las otras dos muchachas con vestidos semitransparentes y también embarazadas forman parte de su séquito. La del vestido floreal no es ni Flora ni una representación de la ciudad de Florencia, sino nada menos que la Retórica, que se representaba alegóricamente de ese modo, con un velo de «flores retorici» en la Florencia del Quattrocento.

A su vez, la joven de la derecha es la Poesía, que recibe igualmente la inspiración de Eros, representado espiritualmente, con tonos fríos y el carácter «aéreo» de un personaje que no es el Céfiro sino la personificación del «divin furore» que inspira la Poesía.

Según la teoría del filósofo Giovanni Reale, la escena transcurre en el Jardín de Zeus del «Simposio» platónico y representa el triunfo del humanismo basado en la Filología, la Retórica y la Poesía, que deja atrás el Trivium y el Quadrivium de la época medieval. Si a eso se añade que Cupido no es un amor cualquiera sino el amor por la Sabiduría, que une a Filología con Mercurio, el triunfo del nuevo universo mental y cultural es visiblemente arrollador.

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