sábado, 23 de febrero de 2008

La modernidad del románico romano

"Es el Picasso del siglo XII", comenta convencido Manuel Castiñeiras, conservador jefe de románico del Museo Nacional de Arte de Cataluña, mientras levanta la protección que cubre el Fuste de san Giovanni in Sugnana, procedente de Florencia, para mostrar cómo el rostro de uno de los personajes, de una modernidad casi escalofriante a los ojos del siglo XXI, es casi calcado a otro que puede verse en el Tímpano de Cabestany, procedente de la iglesia parroquial de Notre-Dame-des- Anges. Esta última pieza es la que dio nombre al Maestro de Cabestany, un personaje fascinante sobre el que hay múltiples teorías respecto a su misma existencia, su origen o su evolución.

En todo caso, este maestro (tal vez un monje benedictino originario de Toulouse, o de Prato, que viajaba de abadía en abadía decorando tímpanos y portadas) es uno de los principales protagonistas de la espectacular exposición dedicada al románico del siglo XII en el área mediterránea que el próximo viernes abrirá sus puertas en el MNAC, en donde podrá verse hasta el 18 de mayo.

Junto al Maestro de Cabestany -autor también de una maravillosa cabeza procedente del monasterio de Sant Pere de Rodas que refleja de forma meridiana la influencia directa del arte romano tardío en los artistas románicos de la piedra- sobresalen otros nombres como el de Gilabertus, uno de los grandes del que se exhiben piezas procedentes del claustro de Saint-Étienne de Toulouse. O, en otro ámbito más conceptual, el del erudito judío Benjamín Bar Jonás, que salió de su Tudela natal hacia 1160 y a lo largo de unos cinco años recorrió parte del mundo conocido llegando hasta la floreciente y exquisita Bagdad tras pasar por la opulenta Constantinopla o la evocadora Roma.

De la mano de este viajero medieval y en este entorno histórico de cruzadas, castillos feudales y vergeles orientales -aunque en un marco geográfico mucho más ajustado centrado en las áreas de Cataluña, Toulouse y Pisa, entre las que hubo numerosos intercambios culturales- se ha organizado esta ambiciosa exposición cuyo presupuesto ronda el millón y medio de euros.

Están justificados por lo caro y complicado que es conseguir la movilidad de estas 120 obras procedentes en su mayoría de museos europeos y estadounidenses (la historia, la rapiña y los anticuarios de principios del siglo XX dispersaron muchos conjuntos), por los trabajos de restauración realizados en muchas obras y por la investigación que ha supuesto la organización de la muestra.

Reconstrucción de Ripoll

gran novedad, destaca la reconstrucción virtual, en otro espacio, de la portada del monasterio de Ripoll. El trabajo permitirá ver en tres dimensiones los detalles de este monumental conjunto escultórico al milímetro y desde distintos puntos de vista. Un equipo de la Universidad Politécnica de Cataluña escaneó la portada a lo largo de una semana trabajando 12 horas al día y después se ha elaborado un programa informático que permite la navegación interactiva de los datos en tiempo real.

El montaje, escenográfico y muy cuidado, incluye piezas romanas y también permite ver mármoles romanos reutilizados para estilizadas esculturas medievales, algo habitual en la época; parte de la catedral románica y su famosa torre de Pisa se construyeron en parte con mármoles comprados en el foro de Roma.

"Las ruinas romanas no son un descubrimiento del siglo XVIII", comenta Jordi Camps, comisario junto a Castiñeiras de la exposición. Los artistas artesanos de la época, explica, se inspiraban en los sarcófagos de la antigüedad a los que tenían acceso, si bien variaba la iconografía, religiosa siempre, pero también mitológica y fantástica. "La exposición se centra en el románico más monumental y clásico", añade Castiñeiras, quien se incorporó hace sólo tres años al MNAC procedente de Santiago de Compostela (la gran catedral románica) lo que ha hecho entrar aire fresco al estudio, a veces en exceso endogámico, del románico catalán. De hecho, el foco geográfico abarca un área mediterránea bastante amplia que, explica el conservador, "tenía muy cerca los restos romanos y por eso una de sus características es la utilización del mármol".

Catalina Serra (Barcelona), La modernidad del románico romano, El País, 23 de febrero de 2008

Un arte para el disfrute de todos

Quizás fue Umberto Eco quien con El nombre de la rosa despertó un interés creciente en nuestra sociedad por todo lo medieval. Muchas novelas, algunas de las cuales, como Los pilares de la tierra o La catedral del mar, disfrutan de tiradas millonarias, proporcionan a lectores de toda clase y condición la posibilidad de realizar un fascinante viaje a nuestro pasado medieval. Probablemente haya sido el cambio de milenio el responsable de que hayamos puesto nuestra atención en el románico. Un estilo artístico que, con los ojos puestos en Roma, es el primer arte de la unidad europea. Un arte primigenio más que primitivo en el que lo sagrado y lo profano se dan la mano. Un arte total donde arquitectura, escultura, pintura, se funden y complementan y pasan a constituirse en hitos de referencia en un paisaje modelado por la mano del hombre.

El románico es un arte de origen monástico. La semilla la plantó Benito de Nursia con su regla monástica que distribuye el tiempo y organiza los espacios en los que debe de discurrir monótonamente la vida de los monjes y por ende de todos los que dependen del monasterio para su subsistencia. Los benedictinos primero (Cluny es la primera multinacional europea) y posteriormente los cistercienses y en menor medida los premostratenses colonizan Europa y la llenan de monasterios. Éstos establecen la división del trabajo y generan plusvalías, lo que les permite mantener un rico scriptorium donde inventan o copian los códices y beatos y donde se deposita y se transmite el saber de la antigüedad. También eran el punto de partida de las cuadrillas de artesanos que se repartían por la geografía europea dejando muestras de su repertorio en las iglesias donde aprendían los maestros locales.

El románico es una fuente en la que beben los grandes artistas modernos. Son románicos los ojos con los que mira Picasso y los ojos que pinta Picasso y las caras que modela Modigliani.

Las Claves del románico, la serie televisiva que presenté y dirigí para Televisión Española a lo largo de 33 capítulos, me ha permitido disfrutar de la belleza incomparable de un románico, a veces desconocido, que forma parte del paisaje de nuestros campos y pueblos. Ya va por la mitad la edición de la Enciclopedia del románico en la península Ibérica, una ingente obra de catalogación y divulgación que, en 64 tomos, recoge todos los monumentos y vestigios de este arte en España y Portugal. Precisamente hace pocos días, durante la firma de un convenio entre la Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo y el MNAC para la realización de la parte referida a Cataluña, tuve la ocasión de visitar el montaje de la extraordinaria exposición que allí se inaugura la próxima semana. Muestras como ésta de Barcelona (buen pretexto para estrenar el AVE) o los planes integrales como el del Románico Norte, que lleva a cabo la Junta de Castilla y León, permiten a los ciudadanos disfrutar de un arte universal que nació con la vocación de ser disfrutado por el pueblo llano y soberano.

José María Pérez, Un arte para el disfrute de todos, El País, 23 de febrero de 2008

José María Pérez, Peridis. Arquitecto y codirector de la Enciclopedia del Románico de la península Ibérica.

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