La "maleta mexicana" de Capa arroja luz sobre el exilio español

El tesoro fotográfico escondido en la "maleta mexicana" va más allá de la pura fascinación por las imágenes que tres de los mejores fotógrafos de la historia captaron en la Guerra Civil española. La digitalización de los 4.300 negativos que, al igual que miles de españoles, se exiliaron primero en Francia y después en México y permanecieron escondidas en una maleta (que en realidad eran tres cajas) hasta diciembre de 2007, está arrojando nueva luz no sólo respecto al trabajo realizado durante aquel conflicto por Robert Capa, Gerda Taro y Chim (David Seymour), sino también respecto a las condiciones de vida a las que estuvieron sometidos los españoles forzados al exilio.

"The Greatest War-Photographer in the World: Robert Capa", 3 December 1938.

El pasado viernes, justo después de que el International Center of Photography (ICP) de Nueva York (fundado por Cornell Capa, hermano de Robert) anunciara que todos los negativos de la maleta recuperada (y que hoy está en sus manos) habían sido escaneados, el Centro Juan Carlos I de la New York University organizó un simposio bajo el título Documentando a los desplazados: imágenes de los refugiados de la Guerra Civil española.

Allí se mostraron, entre otras cosas, unas 40 imágenes inéditas, recién salidas de la maleta, que reflejan las condiciones de los campos de refugiados del sur de Francia y que el casi medio millón de republicanos que los sufrieron consideraban campos de concentración. "Así fue como se refirió a ellos mi padre toda su vida", aseguró una de las asistentes, Ángela Giral, nieta de José Giral, quien fue presidente de la Segunda República. Giral recuerda cómo su padre le contaba que los guardas senegaleses del campo de Argèles les pegaban culatazos con sus rifles y después les quitaban el reloj. "La Guerra Civil española es el primer conflicto en que queda visualmente documentada la violencia contra la población civil. Se han escrito muchos libros sobre las condiciones de vida de los españoles en aquellos campos, pero estas imágenes son uno de los primeros documentos visuales. De ahí la importancia, más allá de la fotografía, de estos fotógrafos pioneros" afirma Giral.

El padre de Ángela pasó varios días en Argèles, un lugar que las fotos de Robert Capa muestran en toda su crudeza: de la maleta han salido 352 imágenes tomadas en marzo de 1939 allí y en los campos de Bram y Barcarès. "Se conocían unas cinco fotos de cada carrete, pero el resto del material es inédito. Esto nos permite entender también el proceso de trabajo de estos fotógrafos, que encontraron en estos campos la expresión definitiva de la pesadilla de la desolación", explicó durante la presentación Cynthia Young, comisaria del ICP. Las imágenes de los exiliados españoles del sur de Francia estremecen por su parecido con la tragedia que muestran las imágenes de refugiados de cualquier otro lugar del planeta en conflictos actuales. Hombres que yacen en el suelo cubiertos con una manta raída, gente hacinada en tiendas de campaña, filas de personas transportando sus escasas pertenencias...

Entre los muchos tesoros desvelados en el proceso de escaneado de los 136 carretes se ha encontrado el negativo perdido de la foto de Chim Land distribution meeting, tomada en Extremadura en 1936. Un tercio de las imágenes pertenecen a Chim, entre ellas fotos inéditas de La Pasionaria, Federico García Lorca y Azaña, que según Young, "revalorizarán a ese fotógrafo". Sin embargo, pese a que había esperanzas de encontrar el negativo de la imagen más famosa de Robert Capa, El miliciano, su paradero sigue siendo un misterio.

La maleta mexicana también se convertirá en documental: Trisha Ziff, responsable de que los negativos viajaran de México al ICP, comienza este mes una coproducción con la productora catalana Mallerich que transformará en película el contenido de la maleta y los relatos que preservaba "para que los jóvenes de hoy conozcan su propia historia".

Barbara Celis, Nueva York: La "maleta mexicana" de Capa arroja luz sobre el exilio español, El País, 6 de mayo de 2009

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