La Granja y su nuevo esplendor

Si hasta hace apenas dos años La Granja de San Ildefonso era una excursión facultativa de ida y vuelta en el día desde Segovia, ahora se ha convertido en toda una 'Escapada Real', una visita a otra época con un esplendor recuperado, el de su Edad de Oro durante los reinados de Felipe V y Carlos III. A tan sólo 10 kilómetros de Segovia y apenas 80 de Madrid, La Granja de San Ildefonso surge a los pies de la sierra de Guadarrama. Muchos son los caminos que pueden tomarse para llegar hasta ella, ya sea por la moderna A-6 o por la impresionante carretera de montaña del Puerto de Navacerrada.

Real Palacio de La Granja de San Ildefonso

En cuanto llega al destino, el visitante comprueba que, más allá de un mero desplazamiento en el espacio, ha emprendido un viaje en el tiempo. Como decía hace poco el bailarín y coreógrafo Ángel Corella, el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso está recuperando el esplendor de su Edad de Oro durante los reinados de Felipe V y Carlos III. Y no sólo porque se está restaurando para su compañía de baile el Palacio de Santa Cecilia, sino también porque muchos de los edificios mandados construir por Carlos III en este precioso lugar, a la sombra del monte Peñalara, ya han recuperado su aspecto original.

Sólo hay que atravesar la Puerta de la Reina, obra ilustrada de granito y rejería levantada en el año 1784, para creerse transportado a otra época. Hay infinidad de palacetes como la Casa Baüer, con una espléndida columnata que da al jardín y que servía para alojar a los Gentiles Hombres de Cámara.Pero también hay imponentes edificaciones, como la Real Fábrica de Cristales -hoy sede de la Fundación Centro Nacional del Vidrio- que incluye un interesante museo monográfico o el Cuartel de Guardia de Corps, que acogía las tropas de caballería al servicio de la Corona -ésas que estaban encargadas de la seguridad de la familia real- y que ahora se ha convertido en el Centro de Congresos y Convenciones creado por Paradores. Además, está la Casa de Infantes, un soberbio edificio clásico diseñado por José Díaz Gamoens para la corte particular de dos de los hijos de Carlos III y María Amalia de Sajonia. Uno de ellos en especial, Don Gabriel (el padre de la famosa Duquesa de Chinchón) siempre se rodeó de una élite de músicos y artistas ilustrados que incluiría a personajes de la categoría de Goya.

Real Palacio de La Granja de San Ildefonso

Ambiente decimonónico en el siglo XXI

Utilizando como fuente de inspiración ese curioso ambiente donde la ciencia, el arte y el ocio tenían igual protagonismo, el nuevo Parador de La Granja que se ha instalado en su interior nos traslada a esa época, aunque con todas las comodidades del siglo XXI. En la entrada nos sorprende una magnífica lámpara de Cristal de la Granja de cuatro pisos, con cerca de dos metros y medio de altura, un anticipo a un paseo por una ilustración imaginada en la que tienen cabida todos los intereses. No resulta difícil imaginar a aquellos hombres y mujeres que tan pronto profundizaban en la botánica -abundan las vitrinas repletas de muestras y especimenes -, como en los avances de las obras hidráulicas, como se puede ver en el Patio de la Arqueta, que hoy ocupan los ascensores panorámicos, pero que, en su origen, servía como innovador sistema de evacuación de aguas residuales. Y ello, en una época en la que todavía se utilizaba el sistema de «¡Agua vaaa...!» en la mayoría de las ciudades europeas. Pero, por otro lado, en las antiguas bodegas se ha creado un spa de última generación, que se prolonga en el exterior con una piscina al aire libre y una innovadora zona donde practicar golf en cualquiera de los grandes campos del mundo.

Jardines melancólicos

En este maravilloso enclave, se tiene la sensación de formar parte de una nueva corte. A dos pasos está el Palacio Real, la Colegiata e infinidad de pequeñas iglesias y caprichos reales. Pero sobre todo, están los que quizás sean los jardines más espectaculares creados durante el siglo XVIII. Aprovechando el sobrecogedor marco natural de la Sierra de Guadarrama, los jardineros reales crearon un inusitado paraíso para el melancólico Felipe V, que ahora todos podemos disfrutar. Si a primera vista parecen extremadamente formales y suntuosos, que lo son, sólo hay que adentrarse en su maraña de bosquetes y senderos para ir descubriendo algunos de sus huertos y rincones secretos.

Fuente de Las ranas

Por un lado, aparece la antigua ermita que Enrique IV mandó edificar en honor a San Ildefonso, después de salir ileso de un encuentro fortuito con unas fieras, y que terminaría siendo el embrión de este Real Sitio. Por otro, se descubre un misterioso laberinto vegetal del que cuesta encontrar la salida. Hay infinidad de estatuas de mármol, pero lo que más llama la atención son sus fuentes, que en verano se ponen en funcionamiento. Los fines de semana, cuatro de ellas; en días señalados, todo el conjunto.

Salón del Trono

Todo aquel que espere ver un simple despliegue acuático, se llevaría una sorpresa ya que la profusión de agua es tan imaginativa en cada una de las fuentes que resulta sobrecogedora. Los repetidores suelen venir preparados con ropa que se seca con facilidad, ya que lo normal es terminar gloriosamente empapado por la tormenta de agua que sea crea en cada ocasión, gracias a un sofisticado mecanismo creado hace doscientos años.

Y si se quiere saber de donde sale tanta agua, sólo hay que subir hacia el Peñalara para descubrir que allí está el mar, un embalse rodeado de una no menos ilustrada piscifactoría y de algunos caprichos reales, como un puente refugio de madera que todo el mundo conoce como el tranvía.

Javier Mazorra: Real Palacio de La Granja de San Ildefonso, EL MUNDO/Viajes, www.ocholeguas.com, 1 de septiembre de 2009

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