martes, 8 de septiembre de 2009

Las melancólicas instantáneas de Francesca Woodman llegan a Madrid

La Fábrica Galería presentará desde el 8 de septiembre hasta el 24 de octubre de 2009, en colaboración con el Estate of Francesca Woodman (Denver, 1958-Nueva York, 1981) la primera exposición individual de la artista en una galería de arte en España.Después de su reciente retrospectiva en el Espacio AV de Murcia la exposición, «Autorretrato sin retoques», incluirá 15 fotografías en blanco y negro de diversos períodos de la artista, así como la proyección de «Selected Video Works, 1975-1978», que se exhibirá gracias a la colaboración de la galería Marian Goodman de Nueva York. «Las cosas parecen extrañas porque mis fotos dependen de mi estado emocional... Sé que eso es verdad y he reflexionado sobre ello mucho tiempo. En cierto modo, me hace sentir muy bien, mucho», manifestó en alguna ocasión Woodman.

A Woodman, que tuvo una temprana muerte a los 23 años, le interesaba principalmente el retrato, y centró preferentemente su producción sobre su propio cuerpo, habitualmente desnudo. Con un marcado carácter autobiográfico, sus fotografías la muestran en escenarios melancólicos, habitaciones en las que la artista retrata la soledad, el olvido y el paso del tiempo. La obra de Fracesca Woodman alude permanente a un desnudamiento radical, a un gesto en el que literalmente se deja la piel. Esta mujer, que desaparece en sus autorretratos formulando la alteración del yo a la manera de Rimbaud, como afirma Fernando Castro Flórez, se sentía, en cierta medida, frustrada porque sus proyectos resultaban ridículos, completamente ilógicos o ilegibles. En la obra de Francesca Woodman -señala Chris Townsend- el cuerpo mismo deviene ambiguo. Toda la escenografía de la desnudez finalmente remite a una suerte de deseo angélico. Todos sus intensos gestos trasmiten la experiencia de la soledad y la extrañeza que puede llegar a producir la propia piel. Fotografías de una inquietante fragilidad en las que, como Rosalind Krauss ha señalado, no hay nada de narcisismo.

Francesca Woodman realizó a sus primeros trabajos con 13 años, adoptando un estilo característico, casi siempre fotografiando en blanco y negro, con formato cuadrado y dando prioridad a la iluminación para, a través de ella, conseguir que la atención recayera sobre un sujeto principal (y normalmente único) en la escena. A los 17 años comenzó estudios en Providence, en la Escuela de Diseño de Rhode Island y consiguió una beca para cursar el tercer grado en Roma. Allí se identificó con el surrealismo y el futurismo, que desde entonces ganaron presencia en sus fotografías, así como la decadencia, manifiesta en las paredes desnudas y los objetos antiguos que también comenzaron a poblar sus trabajos. En Roma realizó sus dos únicas exposiciones individuales. A su vuelta a los Estados Unidos, terminó sus estudios en Providence y se mudó a Nueva York, donde se embarcó en proyectos más ambiciosos, incluyendo el diseño de nuevas exposiciones y de varios libros sobre su obra.

Francesca Woodman falleció en 1981 con veintitrés años cerrando así una trayectoria breve pero de una intensidad extraordinaria. Su obra no estaba destinada a producir espectáculo sino intimidad, al expresar el desasosiego, el miedo y la angustia, indagando la ausencia del cuerpo.






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