viernes, 29 de mayo de 2009

El realismo mágico de Magritte

Nada es lo que parece en su obra. Pintó una pipa y bajo ella escribió: «Esto no es una pipa». Años más tarde volvió a pintar otra con la inscripción: «Esto sigue sin ser una pipa». René Magritte creó un universo fantástico donde conviven hombres con bombín, manzanas con antifaz, aves que se transforman en hojas... Logró que fuera noche y día al mismo tiempo y dio forma de pájaros y mujeres al cielo, ese magnético cielo Magritte de un azul intenso, cubierto de nubes, que se ha convertido en su seña de identidad, pero que ayer no lucía en Bruselas.

«La magia negra», de Magritte, una de las obras maestras que alberga el nuevo museo

Su original y personalísimo mundo está plagado de imágenes tan bellas y sugerentes como extrañas. A René Magritte, el hombre del bombín, le gustaban las adivinanzas que no se podían resolver, los misterios inexplicables. «No hay respuestas en mis pinturas -decía-, sólo preguntas». Tanto él como su obra son un enigma. Para tratar de resolverlo, aunque se fracase en el intento, lo mejor será visitar el nuevo Museo Magritte, que el próximo 2 de junio abre sus puertas en un rehabilitado edificio del siglo XVIII, el palacio Altenloh, en pleno corazón de Bruselas. Se ha concebido a semejanza de los museos dedicados a Van Gogh y Klee en Amsterdam y Berna, respectivamente.

Magritte regresa a Bruselas, su ciudad más querida: estudió en su Academia de Bellas Artes, allí expuso en solitario por primera vez, se casó con Georgette, pasó sus últimos 37 años y murió en 1967. La Fundación Magritte y los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, con el apoyo del grupo franco-belga GDF Suez, que ha aportado 6,5 millones de euros, han logrado reunir la mejor colección del mundo del pintor surrealista, entre legados, donaciones, compras y depósitos de colecciones privadas. Se espera que supere los 650.000 visitantes anuales. Cuelgan algunas de sus pinturas más célebres, como «El imperio de las luces» (dos de las 16 versiones que hizo al óleo), «El retorno», «El juego secreto», «El dominio de Arnheim» o «La magia negra». Junto a ellas, dibujos, gouaches, collages, grabados, esculturas, fotografías, trabajos publicitarios, películas, cartas... El objetivo, dice el director del museo, Michel Draguet, es «reinventar el imaginario de Magritte».

A lo largo de 2.500 metros cuadrados, distribuidos en cinco plantas, emprendemos un viaje cronológico por la obra y el pensamiento de este hombre controvertido y subversivo, agudo e irónico, genial. A los 14 años, se suicidó su madre (según el guía que nos acompañaba ayer en la visita, por culpa del adolescente Magritte). CSI aparte, lo cierto es que se arrojó al río Sambre y hallaron su cadáver con la cabeza cubierta por su propio camisón. Esa imagen le obsesionó y la plasmó en «Los amantes».

La visita del museo arranca con una obra de 1918. A partir de ahí descubrimos sus trabajos publicitarios de los años 20 (art decó), sus primeras obras surrealistas, la influencia de Giorgio de Chirico, su paso fugaz por París y su regreso definitivo a Bruselas. La visita continúa y admiramos los cadáveres exquisitos, su pintura sombría de los años de la guerra, su coqueteo y posterior desencanto con el comunismo, así como un cambio radical en su estilo: él lo llama «surrealismo a plena luz». Hablamos de sus periodos Renoir (muy kitsch) y Vache (vaca, literalmente, por lo grosero y el mal gusto). Ambos fueron muy criticados en la época. Viendo lo visto, con razón. Pero no se entendieron como lo que fue: un acto surrealista más.

La primera planta del museo, donde acaba el recorrido, acoge su producción desde los años 50 hasta su muerte en 1967. Magritte retoma su estilo y sus temas recurrentes. Es el periodo de mayor éxito. Aparte de una curiosidad (se muestran botellas y esculturas de yeso que decoró), aquí cuelgan la mayoría de sus obras más conocidas y sus dos últimas creaciones: «La página blanca» y una sin título que quedó inacabada y que se muestra en un caballete. Apenas le dio tiempo a esbozar el torso de un hombre sentado y su mano sobre un libro en la mesa. El recorrido del museo es didáctico e interactivo: se podrá acceder al archivo del pintor y a documentos inéditos desde ordenadores.

El arquitecto y escenógrafo Winston Spriet firma un montaje de tono intimista. Quizá demasiada oscuridad para ver pintura. Todo se ha cuidado hasta el último detalle: en cinco ventanas de la fachada podemos ver el cielo Magritte y sus eternas nubes en movimiento.

Natividad Pulido, Bruselas, El realismo mágico de Magritte, ABC, 29 de mayo de 2009

lunes, 25 de mayo de 2009

Sorolla, en el panteón ilustre del Prado

En 1920 una hemiplejia segó una de las carreras pictóricas más deslumbrantes de nuestro país. Joaquín Sorolla murió tres años más tarde sin ver cumplido el sueño de ver expuestos en el Prado los 14 paneles de la «Visión de España», que hizo para la Hispanic Society de Nueva York. Era de justicia saldar esa deuda. Y se ha hecho con creces. El pintor más moderno de las colecciones del Prado (tanto que el Reina Sofía lo ha incluido en la reordenación de las suyas) ha entrado en el panteón de maestros ilustres del Prado con todos los honores: antológica y catálogo de lujo, sólo dedicados a Velázquez, Goya, Ribera, Murillo, El Greco o Zurbarán. Le ha colocado a la misma altura que los más grandes. Sorolla aguanta el tipo; aprueba, y con nota, tan duro examen. Todas las salas de la ampliación del museo, a merced del valenciano. Cuelgan en ellas 102 pinturas. No hay una obra maestra que se haya quedado en el camino. «Todo lo que tiene que estar, está», dice rotundo José Luis Díez, uno de los comisarios. Hay grandes obras de todas las etapas, de todos los géneros. El mejor Sorolla, para el mejor museo. Al fin logra este artista despegarse de la piel ese pringoso cliché estereotipado de pintor de playas, de pintor de la luz. Pintó playas, cierto, y manejó a su antojo la luz. También cierto. Pero Sorolla es mucho más que eso. Y todo «ese mucho más» está hoy en el Museo del Prado.

La pintura de contenido social con la que comienza el recorrido es quizá la menos conocida, pero la más emotiva. A ella se suma la pintura costumbrista marinera. Forman el primer gran bloque de la exposición. Hay obras impresionantes como «¡Otra Margarita!» (una mujer abatida por haber matado a su hijo es custodiada en un tren por una pareja de la Guardia Civil), «Trata de blancas», «La vuelta de la pesca», «Aún dicen que el pescado es escaso» o «¡Triste herencia!» (1899), una de sus obras maestras, que ha estado mucho tiempo en Estados Unidos y que Bancaja, patrocinadora de la muestra, recuperó felizmente para el Patrimonio español. Este cuadro, que combina drama social, luz y paisaje, supuso el reconocimiento internacional de Sorolla (ganó el Gran Premio en la Exposición Universal de París de 1900).

Clotilde, su mejor musa

Una soberbia galería de retratos constituye el segundo gran bloque de esta irrepetible exposición. El Sorolla retratista se nos revela impecable en la ejecución. Ahí están Galdós, Beruete, Echegaray, Ramón y Cajal, María Guerrero... Le escribe Sorolla a la actriz: «Tú deberías estar en el Prado y conviene que estés pintada por mí y sea ésta una de las obras mías que queden allí». Dicho y hecho. Pero, sobre todo, retrata a su familia, modelo recurrente en toda su carrera. Hay cuadros de gran intimismo, como «Madre»: pinta a su mujer, Clotilde, en la cama, con su hija Elena recién nacida, en un audaz y magistral juego de blancos.

En algunos casos hace esos retratos siguiendo a Velázquez. Así, retrata a su esposa desnuda, a la manera de la «Venus del espejo». Desde Londres, le envió Sorolla una postal de este cuadro a su mujer con el siguiente texto: «Querida Clotilde: el trozo de carne más humano del museo (National Gallery) es lo que te envía tu Joaquín». También retrata a sus hijos, a la familia Errázuriz y al fotógrafo Christian Franzen siguiendo el modelo de «Las Meninas». De nuevo, Clotilde y su hija María, a la que retrata hasta en 33 ocasiones, aparecen en un apartado de elegantes pinturas tomadas en La Granja, Biarritz, Zarauz...

No podían faltar, desde luego, en una antológica de Sorolla que se precie, sus pinturas más célebres, las que le han dado fama universal: sus escenas de playa de los años 1908-1909. Se ha reunido una espléndida selección: «Saliendo del baño», «El baño del caballo», «Chicos en la playa», «Al baño»... Estupendo retrato el que hace a su suegro, el fotógrafo Antonio García, en la playa. De esta etapa destacan lienzos como «La siesta» o «La bata rosa» (1916). Decía el pintor de esta obra que era «de lo mejor que he hecho en mi vida».

Hemos dejado al mejor Sorolla. Subimos a la primera planta, donde cuelgan los 14 paneles de la «Visión de España», cedidos excepcionalmente a España por la Hispanic Society. Ya han pasado por Sevilla, Valencia, Málaga, Bilbao y Barcelona, donde han sido vistos por 1.100.000 personas. Dejando a un lado la oportunidad histórica de admirarlos, ahí está lo más tópico, lo más folclórico: nazarenos, toreros y flamenco en Sevilla, naranjas en Valencia... Echamos de menos al Sorolla de la planta baja, al de los retratos, las playas, la pintura social... La muestra se completa con una pequeña sala dedicada a sus estudios de paisajes: Asturias, Jávea, Toledo, Ibiza, Sevilla...

José Luis Díez afirma con rotundidad que esta es «una exposición clásica, de la misma exigencia que las que el Prado dedica a los grandes maestros. Hacerla aquí era muy difícil; no podíamos quedarnos en la superficie. Muy pocos artistas resisten traspasar los muros del Prado. Sorolla lo hace. No hay otro pintor del XIX español que colme las cuatro salas de la ampliación de este museo con el nivel de calidad máximo». «Yo lo veo como un gran artista del siglo XX, no sólo del XIX», apostilla Miguel Zugaza, director del Prado, quien afirma con orgullo que es, sin duda, «la exposición definitiva de Sorolla».

Un gran seductor

El XIX ha sido denostado durante años en este museo: en 1973 hubo una muestra de Rosales, hace 15 años de Madrazo... y poco más. Después vino el episodio del Casón y pasó de nuevo al exilio en los almacenes. Con esta gran muestra de Sorolla y la próxima integración del XIX en la colección histórica del Prado se cierra una injusticia mayúscula. Joaquín Sorolla es un gran seductor, «una de las retinas más claras de la pintura moderna», según Julián Gállego. Es el mago indiscutible de la luz: se aprecia en cuadros como «Cosiendo la vela», «Sol de la tarde», punto culminante de su madurez, o «El bote blanco». En todas ellas está su virtuosismo técnico, su audacia compositiva, la modernidad de sus encuadres, la seguridad y rapidez en la ejecución. «Hace lo difícil, fácil -dice Javier Barón, el otro comisario de la exposición-. Nadie llega a estos límites».

No se han escatimado esfuerzos: una veintena de restauraciones en los talleres del Prado, extensas cartelas explicativas, recuperación de marcos originales... Además, todas las entradas (venta anticipada y en taquilla) conllevan la fijación de una hora determinada de acceso. Habrá pases cada 15 minutos. La venta anticipada permitirá seleccionar la fecha y hora de acceso.

Natividad Pulido, Madrid, Sorolla, en el panteón ilustre del Prado, ABC, 23 de mayo de 2009

sábado, 23 de mayo de 2009

Palladio, 'el arquitecto', un eterno contemporáneo

Villa Rotonda. Maqueta de la Villa Rotonda, incluida en la exposición Palladio, el arquitecto (1508-1580), con la que CaixaFórum repasa la trayectoria del arquitecto renacentista y su influencia durante cinco siglos


Andrea Palladio fue capaz de interiorizar en sus edificios las reglas de la arquitectura clásica para adaptarlas a su época, apuntando un camino a las construcciones actuales. Una exposición itinerante y la reedición de sus Cuatro libros de la arquitectura

El arquitecto más romano desde el tiempo de los romanos fue, en realidad, un clasicista moderno, el primero que supo extraer una lección de los órdenes arquitectónicos clásicos para reformularlos, depurarlos y adaptarlos a otro tiempo. Andrea Palladio (Padua, 30 de noviembre de 1508-Vicenza, 1580) no fue ni escultor, como Brunelleschi o Miguel Ángel, ni pintor, como Rafael o Vasari. Dedicó toda su energía a construir edificios. Sus obras, que rivalizaron con las de los antiguos, han apuntado, además, caminos a los contemporáneos. Ajustados en alardes y economía, sus edificios son de una sobriedad moderna. Y, sin embargo, constituyen una enciclopedia viva de la antigüedad clásica. La clave está en que consiguió construir con un pragmatismo sublime. Sus villas, iglesias y puentes representan el control que puede tener un arquitecto. En los dibujos de Palladio quedaba todo tan medido que era casi imposible un error por parte de los obreros.

Capilla Barbaro en Maser,. Detalle de la maqueta de la capilla Barbaro en Maser, incluida en la exposición "Palladio, el arquitecto (1508-1580)", con la que CaixaFórum repasa la trayectoria del arquitecto renacentista y su influencia durante cinco siglos

Andrea di Pietro della Góndola heredó el nombre de su padre, un molinero que transportaba harina hasta Venecia por lagunas y canales. El oficio, sin embargo, lo tomó de su padrino, que era cantero. Huérfano de madre, con 13 años comenzó a picar piedra cuando no imaginaba siquiera que llegaría a ser arquitecto. Con 32 años, el aristócrata Giangiorgio Trissino le cambió el nombre. Y la vida. Llegaba de Roma con los planos para levantar una villa diseñada con la ayuda de Rafaello Sanzio, que había muerto prematuramente. De Pallas Atenea (la sabiduría) nacería Andrea Palladio, que ya rebautizado reemplazaría al malogrado Rafael. Trissino y él se harían inseparables. El noble lo presentó en los círculos intelectuales, orientó sus lecturas y condujo su vocación. Además lo llevó a Roma. Copió obras de antiguos y contemporáneos. Ésa fue su universidad. Allí nació, en realidad, Andrea Palladio, el arquitecto que cambiaría la cara de Vicenza, la idea de vivienda renacentista y neoclásica y los monumentos de Venecia.

¿Pero cómo pudo el arquitecto más local entre los grandes convertirse en el más influyente en la arquitectura universal? La moda de combinar cultura y cultivo, a la manera de Boccaccio, cuajó en el Veneto cuando los nobles venecianos trataron de asegurar las fronteras y el abastecimiento de su ciudad cultivando terrenos a los que se podía llegar a caballo en menos de un día. Palladio fue el artífice de esas nuevas viviendas. Su personalidad era tan grande que las variaciones sobre un mismo tema parecían temas distintos. Así, en la villa Pisani construyó por primera vez desde una óptica moderna el frontón triangular, una de sus marcas personales. Combinando elementos, Palladio descubrió que la aplicación de las normas no frena la creatividad, al revés: la reta. Por eso, la idea de controlar la arquitectura fue en este arquitecto más servicio que imposición, puro pragmatismo. Y visión de futuro. La villa Foscari, llamada Malcontenta por la localidad donde se ubica, daba al canal de Brenta, por donde podía llegarse desde Venecia. La mayor de sus villas (Almerico o Rotonda) la encargó un cardenal retirado que regresaba de Roma. El resultado fue un templo clásico, con tanto espacio para pórticos y escalinatas como para el edificio en sí. Completamente simétrica, la villa parece buscar la cuadratura del círculo.

Basílica de Vicenza. Detalle de una de las maquetas incluidas en la muestra con la que Caixa-Fórum conmemora los 500 años del nacimiento de Adrea di Pietro Della Góndola, más conocido como Andrea Palladio

Con todas esas villas, a mediados del siglo XVI, cuando todavía no había levantado sus grandes obras religiosas, la sombra de Palladio estaba ya extendida por todo el Veneto. Por todas partes se construían villas a la manera de Palladio, muchas veces sin Palladio. Había nacido la arquitectura palladiana, el palladianismo, en vida del propio arquitecto. Fuera de Italia, de 1578 data la primera traducción de sus libros, firmada por el español Juan del Ribero Rada, que permaneció inédita, y en 1625, Francisco de Praves tradujo al castellano la primera edición europea del primero de sus Cuatro libros. Se sabe que la edición italiana fue celebrada y que El Greco fue dueño de un original. Felipe II se interesó por las ideas de Palladio para la basílica del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, pero los ecos de la arquitectura palladiana no aparecerían en edificios españoles hasta que Ventura Rodríguez o Juan de Villanueva firmaron algunos de sus inmuebles neoclásicos en el siglo XVIII. Una centuria antes, pero siempre mucho después de la muerte de Palladio, en el XVII, la sobriedad y el pragmatismo del arquitecto casaron bien con la cultura anglosajona, que lo adoptó como sinónimo del buen gusto. Iñigo Jones se convertiría, durante el XVII, en el apóstol del palladianismo por el mundo anglosajón. Y el tercer presidente norteamericano, Thomas Jefferson, lo llevaría a su propia casa en Virginia. Monticello es una evocación de la villa Rotonda palladiana. En realidad, Palladio, el último arquitecto de la antigüedad, fue también el primero del neoclasicismo dieciochesco y el mejor cimiento de la futura revisión posmoderna. Un hombre nacido en el quinientos, cuando la mayoría de las viviendas occidentales tenía un corte medieval, asentaba además las bases de la sobriedad moderna: la simetría, la contención y la desnudez.

Visitar hoy alguna del más de medio centenar de obras que sobreviven a Palladio (todas en un radio de 50 kilómetros con epicentro en Vicenza) y la gran exposición que reúne en esa ciudad maquetas del arquitecto y lienzos de Tiziano, Veronese, El Greco o Tintoretto da que pensar. Mientras en los grandes foros arquitectónicos se debate el alcance de lo que es o no arquitectura, Palladio demostró que el diseño no es una creación cerebral ajena a los problemas técnicos. Y se esmeró no sólo en resolverlos, también quiso atender a las maneras en que habían sido resueltos antes. En los últimos años de su vida, cuando obtuvo el título de arquitecto de la Serenísima República de Venecia, publicó sus famosos Cuatro libros de arquitectura (reeditados ahora por Akal). "Me ha parecido cosa digna de hombre, que no debe nacer sólo para sí mismo, sino también para utilidad de los demás, el dar a la luz los dibujos de aquellos edificios que en tanto tiempo y con tantos peligros míos he recogido, y poner brevemente lo que en ellos he considerado más digno de interés y, además, las reglas que al construir he observado y observo". Así explica su objetivo en el primero de esos volúmenes en los que luego se ocupa de las técnicas constructivas, de los diseños de las casas, de la arquitectura pública o de los templos romanos de la República y el Imperio.

Son muy pocos los arquitectos que reservan para el final de sus días sus mejores proyectos. San Giorgio Maggiore, frente al palacio Ducal de Venecia; la iglesia del Redentor, en la isla de la Giudecca, y el teatro Olímpico de Vicenza, que terminó pocos meses antes de morir, en 1580, son tres de los palladios más monumentales. En su última década no sólo firmó sus mayores obras, también corrió sus mayores riesgos. Por eso aseguró el futuro del palladianismo, el palladio sin Palladio, que, como los estilos clásicos, llega al mundo cada tanto tiempo para revisar sus cimientos. Durante el pasado siglo, Palladio renació en la obra de grandes modernos y posmodernos como Asplund, Ungers o incluso Moneo. Como el propio Palladio hiciera hace quinientos años, entonces, fueron varios entregados arquitectos los que recurrieron al clasicismo para indagar y asentar la esencia de la modernidad.

Orden y simetría. La arquitectura de Palladio se reconoce fácilmente por el orden y la simetría de sus columnas y frontones. El artista renacentista conseguía aunar las enseñanzas de la tradición clásica con la búsqueda de una funcionalidad moderna. En la imagen, detalle de una de las maquetas de la exposición de CaixaFórum en Barcelona

Los cuatro libros de la arquitectura. Andrea Palladio. Traducción de Luisa de Aliprandini y Alicia Martínez. Introducción de Javier Rivera. Akal. Madrid, 2008. 507 páginas. 24 euros. Las antigüedades de Roma. Andrea Palladio. Edición de José Riello Velasco. Akal. Madrid, 2008. 223 páginas. 26 euros. Palladio, 500 años: la Grande Mostra. Palazzo Barbaran da Porto, Vicenza (Italia), hasta el 6 de enero de 2009. Royal Academy of Arts de Londres, del 31 de enero al 13 de abril. Se exhibirá en EE UU en otoño. www.andreapalladio500.it.

Anatxu Zabalbeascoa: El eterno contemporáneo, El País, 22 de mayo de 2009

Palladio, 'el arquitecto'

En el reverso de un proyecto para cuatro viviendas en serie con patio, Andrea Palladio escribió el borrador de una carta, dibujó varias casas de bajo coste, hizo esbozos de una pequeña iglesia, reseñó la planta de un palacio, de varios templos y de diversas puertas. No es extraño que el experto Howard Burns afirmara ayer que este dibujo era "el cerebro" de Palladio, el ejemplo claro de cómo este humanista que fue antes cantero que arquitecto pensaba, estudiaba y trabajaba sus proyectos. Los dibujos, más de 70 procedentes de la RIBA de Londres, son sin duda las estrellas de esta espectacular exposición sobre el arquitecto más influyente y copiado de la historia.

Funcionalidad y belleza. Al artista renacentista le preocupaba la funcionalidad, belleza y economía de los edificios, además de la división interna de las estancias en cuanto a intimidad y la salubridad de sus habitantes. En la imagen, detalle de una de las maquetas de la exposición de CaixaFórum en Barcelona

La muestra, una de las mejores que han podido verse últimamente en CaixaFórum, conmemora los 500 años del nacimiento de Andrea di Pietro della Gondola (1908-1550), y antes de aterrizar en Barcelona (después se presentará en Madrid) ha pasado por Vicenza, la ciudad en la que realizó algunas de sus obras principales, y por Londres, responsable de que el palladianismo se difundiera en los siglos posteriores desde Virginia a San Petersburgo.

Los dibujos son las estrellas, sí, pero también hay 14 grandes maquetas, fotografías actuales de sus emblemáticos edificios (la Basílica de Vicenza, Villa Rotonda, San Giorgio Maggiore de Venecia...), documentos, libros y cuadros de pintores como Canaletto, Tiziano o El Greco en los que se reproduce su arquitectura. Ésta se reconoce fácilmente por el orden y la simetría de sus columnas y frontones, pero se trata de ir un paso más allá y maravillarse también por la manera en que conseguía aunar las enseñanzas de la tradición clásica con la búsqueda de una funcionalidad moderna. Le preocupaba la división interna de las estancias tanto en lo que respecta a la comodidad o intimidad de sus habitantes como a su salubridad, y conseguía que sus edificios fueran bellos y elegantes con un presupuesto ajustado ya que estaban hechos de ladrillos, incluso las columnas, que recubría con estuco. En todo eso Palladio fue original y único, pero los palladianos son legión.

Catalina Serra, Barcelona, Palladio, 'el arquitecto', El País, 22 de mayo de 2009 (Fotos de Joan Sánchez)

martes, 19 de mayo de 2009

California devuelve dos cuadros robados a judíos

Las dos obras entregadas a los herederos de Oppenheimer. | Efe

El estado de California ha devuelto dos cuadros renacentistas que fueron confiscados a tratantes de arte judíos en la Alemania nazi durante la década de los 30, según informa el diario 'San Francisco Chronicle'. California ha entregado las pinturas a los herederos de los propietarios originales, Jakob y Rosa Oppenheimer. El tercero de los cuadros perteneciente a la pareja seguirá exhibiéndose en el Castillo Hearst, un palacio de 165 habitaciones construido por el magnate de los medios William Randolph Hearst en 1919 y que fue donado al estado de California en los años 70.

Las obras de arte acabaron en la colección privada de Hearst y se han exhibido en el Castillo Hearst durante más de 30 años. Jakob Oppenheimer murió en la pobreza en Niza, Francia, en 1941 y su esposa Rosa fue tomada prisionera en un hospital francés por los ocupantes nazis y trasladada al campo de concentración de Auschwitz en Polonia, donde falleció el 3 de noviembre de 1943. El 'San Francisco Chronicle' relata el simbólico acto de entrega que tuvo lugar el viernes, coincidiendo con el segundo día de Pascua, en el que los judíos celebran la liberación de la esclavitud de los hebreos en Egipto.

Schwarzenegger y los nietos

Dos nietos de Jakob y Rosa Oppenheimer participaron en la ceremonia en la que estuvo presente el gobernador californiano, Arnold Schwarzenegger. El gobernador, cuyo padre fue miembro del Partido Nazi en Austria, dijo que la devolución de los cuadros tiene un significado especial para él. El Holocausto, dijo Schwarzenegger, fue "uno de los crímenes más oscuros contra la humanidad de la era moderna".

Los cuadros venecianos que fueron devueltos son el 'Retrato de Alvise Vendramin', obra de la escuela de Jacopo Tintoretto, y 'Retrato de un caballero con barba', que se atribuye a la escuela de Giovanni Cariani. El otro cuadro es 'Venus y Cupido', obra de un estudiante del pintor veneciano Paris Bordon.

El drama que condujo a su devolución comenzó en 1933 cuando los Oppenheimer, entre los principales tratantes de arte de la época en Alemania, se vieron obligados a escapar a Francia por la persecución nazi. Las pinturas y otros 100 cuadros se exhibían en aquellos momentos en la Galería van Diemen, propiedad de la pareja. En 1935, los nazis los vendieron en una subasta. Hearst o sus agentes adquirieron las pinturas a finales de ese año, sin saber la historia detrás de las obras.

Efe | Washington, California devuelve dos cuadros robados a judíos, 12 de abril de 2009


viernes, 15 de mayo de 2009

Frank Lloyd Wright: Una espiral de cemento y leyenda

Su espiral ascendente, su asombrosa fluidez y sus paredes curvas forjaron la leyenda del canto del cisne de un arquitecto, también marcaron el nacimiento de un nuevo modelo de museo.

Construido hace 50 años, el edificio del Guggenheim de Nueva York revolucionó con inteligencia el concepto arquitectónico de exposición. Este formidable espacio acoge hasta el 23 de agosto una fascinante exposición dedicada al hombre que le dio forma: Frank Lloyd Wright (Richlan Center, Wisconsin, EE UU, 1867-Phoenix, 1959). Arquitecto visionario en lucha contra la deshumanización de las ciudades y que subrayó la importancia de construir pensando en las necesidades interiores de cada edificio, fue un creador prolífico que no llegó a construir muchos de los proyectos que imaginó. La muerte le atrapó apenas seis meses antes de inaugurar el museo, en 1959.

Frank Lloyd Wright, durante la construcción del Museo Guggenheim de Nueva York, en 1959, poco antes de morir sin que pudiera llegar a inaugurar el museo. THE SOLOMON R. GUGGENHEIM FOUNDATION, NEW YORK

En su obra, de la que aquí se presentan los 64 proyectos más significativos bajo el título Frank Lloyd Wright: de dentro hacia fuera, se pueden encontrar puntos comunes. La exposición viajará en octubre al Guggenheim de Bilbao, donde otro edificio icónico albergará los sueños del gran patriarca de la arquitectura estadounidense. Para él, era fundamental la búsqueda de la armonía entre el edificio, el ser humano y la naturaleza. Poseía una inquietud visionaria por estimular la interacción social a través de la creación de espacios comunes, abiertos y orgánicos. Su meta siempre fue subrayar los efectos positivos de la arquitectura sobre la calidad de vida del ciudadano. "La apuesta por redefinir el espacio, por crear desde dentro hacia fuera, es lo que después ha marcado a otras generaciones de arquitectos. Pararse a pensar primero para qué y cómo se va a utilizar el espacio antes de darle forma. Siempre tenía en cuenta a las personas que lo van a habitar, pero sin olvidar el exterior. Eso es lo más importante del legado de Wright", afirma María Nicanor, una española que forma parte del equipo de comisarios y que incluye entre otros a Bruce Brooks Pfeiffer, director de los Archivos Frank Lloyd Wright, donde se conservan los dibujos, cartas y manuscritos de donde ha salido el grueso de la muestra.

Boceto en papel de la recepción del museo neoyorquino tal y como fue concebida por Frank Lloyd Wright, arquitecto visionario en lucha contra la deshumanización de las ciudades. THE SOLOMON R. GUGGENHEIM FOUNDATION, NEW YORK

Pfeiffer conoció bien a Wright: con apenas 19 años se enamoró de la residencia Taliesin West y decidió estudiar con él. Trabajó a su lado hasta su muerte y después se dedicó a preservar el legado de su mentor. "No le gustaban las ciudades, él abogaba por la descentralización, por acercar a la gente a la naturaleza, por integrar la ciudad en el paisaje. En ese sentido era muy muy verde. La contradicción es que esa idea de ciudad es muy dependiente del coche. Amaba los coches porque amaba la tecnología", comenta Pfeiffer.

Boceto en papel del Guggenheim de Nueva York (1943-59). THE FRANK LLOYD WRIGHT FOUNDATION, SCOTTSDALE, ARIZONA

Esa visión puede verse en una sala dedicada expresamente a la ciudad americana con la que Wright soñaba, cuya obra cumbre fue el proyecto Living City, que nunca se llegó a realizar. En ella, la naturaleza y la arquitectura se integraban en inmensos espacios abiertos. La muestra también se detiene en la visión de Wright de la residencia americana. La más célebre es La casa de la cascada, pero hay muchas otras como la Herbert Jacob House 1 o el proyecto nunca construido de Cloverleaf Quadruple Housing.

Vista exterior del Guggenheim de Nueva York, inaugurado en 1959, seis meses después de que muriera su creador y padre artístico Lloyd Wright. SALOMON R. GUGGENHEIM FOUNDATION, NEW YORK

El recorrido es casi cronológico. Un paseo por la producción de un arquitecto que dedicó el último año de su vida a imaginarse un centro cultural para Bagdad (era un enamorado del libro Las mil y una noches), situado en una isla en medio del río Tigris. Enormes planos de colores ilustran las ideas que Wright barajó para óperas, museos, bazares e incluso casinos en una ciudad que a finales de los años cincuenta aspiraba a convertirse, mediante esa mezcla hoy tan utilizada de arquitectura, cultura, ocio y comercio, en uno de los grandes centros culturales de Oriente Próximo. El testigo parece haberlo recogido Thomas Krens, el ex director del Guggenheim, entregado a la consolidación de un proyecto similar al imaginado por Wright y ejecutado por otros arquitectos pero en la isla de Saadiyat, en Abu Dhabi.

Residencia de invierno. Panorámica del estudio y residencia del arquitecto estadounidense en el desierto de Arizona. Bajo el nombre de Taliesin West se esconde una impresionante construcción en la que el artista vivió desde 1937 hasta 1959, cuando murió a la edad de 92 años. La visión de Lloyd Wrigth integraba naturaleza y arquitectura en inmensos espacios abiertos. THE FRANK LLOYD WRIGHT FOUNDATION, ARIZONA

Edificio demolido. Vista exterior de la sede administrativa de la compañía Larkin, un edificio diseñado por Frank Lloyd Wright en 1904 y demolido en 1950. El edificio de ladrillos de cinco plantas fue innovador para la época porque introdujo varias novedades, entre ellas el aire acondicionado en su interior o las ventanas de colores. THE FRANK LLOYD WRIGHT FOUNDATION, SCOTTSDALE, ARIZONA

Bárbara Celis, Nueva York: Una espiral de cemento y leyenda, El PAÍS, 15 de mayo de 2009

martes, 12 de mayo de 2009

Revolución en el museo de Orsay

La clase de danza (entre 1871 y 1874), de Edgar Degas; a la derecha, El flautista (1866), de Edouard Manet.

"Quiero que el siglo XIX no se acabe nunca". La frase, en palabras de Guy Cogeval, director del Museo de Orsay, resume la misión que se ha marcado: poner patas arriba el mayor museo mundial de arte del XIX. Una auténtica revolución que ya ha comenzado y que supondrá el salto al siglo XXI de una institución que nació en 1986 como una de las mayores apuestas francesas en la historia del arte.

Uno de los beneficiados será España: un centenar de joyas de Orsay aterrizarán el año próximo en la Fundación Mapfre de Madrid, como primera etapa de todo un periplo internacional.

Cogeval quiere adaptar el espíritu de los museos al siglo XIX, y ha empezado por lo más obvio: pintar las paredes. El interior del museo está perdiendo el color indeterminado de la piedra que usó la arquitecta Gae Aulenti. Los muros se han recubierto de paneles pintados en verdes, magentas y tonos que se van ensayando para que las pinturas no se pierdan y luzcan todos sus matices. "Yo llevo 10 años en este museo y hay colores, por ejemplo en las obras de Millet, que estoy descubriendo ahora", explica Amélie Hardivillier, portavoz del museo.

Con ese mismo espíritu, Cogeval afronta la remodelación de la quinta planta del museo, auténtico sancta santórum que guarda el tesoro más preciado de este muelle del Sena: la colección de impresionistas y posimpresionistas. Durante el año que durarán las obras (arrancarán en marzo de 2010), el museo quiere repetir la experiencia del Museo Picasso de París y prestar su colección para financiar así el coste de la rehabilitación. "Unas 250 obras impresionistas y posimpresionistas viajarán y se expondrán en instituciones de otros países", tal y como anunció ayer mismo Cogeval.

La urraca (entre 1868 y 1869), de Claude Monet, obras pertenecientes al Museo de Orsay de París

La fundación Mapfre acogerá en enero un centenar de obras impresionistas del museo, según confirmó ayer en París Pablo Jiménez Burillo, director general de la fundación española. El propio Jiménez Burillo adelantó los títulos que se barajan para una exposición que pivotará en torno a 1874, fecha de creación del museo de Luxemburgo, predecesor del Orsay: El nacimiento del impresionismo o El impresionismo, un nuevo renacimiento.

Aunque aún no se ha cerrado la lista definitiva de piezas, Cogeval anticipó algunos de los préstamos, como El columpio, de Renoir; El flautista, de Manet; La urraca, de Monet; La escuela de danza, de Degas; La casa del ahorcado, de Cézanne; Reunión con familia, de Frédérique Bazille, y La Galatea, de Moreau. Pero hay obras que nunca franquearán las puertas del museo, como reconoció Cogeval. La Olimpia de Manet nunca abandonará París. Y lo mismo sirve para legados como el del doctor Gachet.

No obstante, los vínculos con España no se limitan a la Fundación Mapfre, ya que el año que viene el Museo de Orsay presentará una retrospectiva de Gérôme en el Thyssen y, en 2014 ó 2015, una exposición de Bonnard en el Museo del Prado.

La revolución Cogeval culminará en una reordenación de la colección del museo que dirige. Toda la colección de posimpresionistas, hasta hoy en la quinta planta, descenderá al nivel medio. La colección de impresionistas, a su vez, dejará de estar ordenada en bloques de autores, como hasta ahora. El espíritu decimonónico que Cogeval quiere recuperar supone además establecer un diálogo entre pintura, escultura, fotografía y cine.

Otras de las grandes innovaciones será la creación, precisamente, de un nuevo pabellón de artes decorativas: "Tenemos la mejor colección de art nouveau del mundo", indicó el director del museo, que alberga 250.000 obras, de las cuales se exponen al público unas 5.000. "Aunque nos gustaría ampliar arquitectónicamente el edificio no hay posibilidad física de hacerlo", dijo de una institución asentada en la antigua estación de ferrocarril que le da nombre. Dentro de un año el museo organizará en el Grand Palais una retrospectiva de Monet, la primera en 30 años.

Los planes de Cogeval se apartan de la tendencia que siguen otros museos de incluir arte contemporáneo: "Prefiero volver a los fundamentos de Orsay y gastar el dinero en la renovación", afirma. La única veleidad contemporánea será la cafetería, encargada a los hermanos Campana. La pareja de diseñadores brasileños tendrá como inspiración la obra de Julio Verne 20.000 leguas de viaje submarino.

Joyas que vendrán

- El columpio (1876), de Renoir
- El flautista (1866), obra de aire español de Manet
- La urraca (1868-1869), de Monet
- La clase de danza (1871-74) Interior de la Ópera de París de Degas
- La casa del ahorcado (1873), de Cézanne
- Reunión con familia (1867) también llamado Retratos de familia, de Frédérique Bazille
- La Galatea (1880), de Moreau

Isabel Lafont, París: Revolución en el museo de Orsay, El País, 12 de mayo de 2009

domingo, 10 de mayo de 2009

Sotheby's expone por primera vez «Niña entrando en el baño», de Sorolla

La sala Sotheby's de Madrid enseña hoy, por primera vez en la historia del cuadro, "Niña entrando en el baño", un óleo que Sorolla pintó en 1915 y que saldrá a subasta el próximo 3 de junio en Londres por más de 1,9 millones de euros.

Sotheby's ha convocado hoy a los medios de comunicación para enseñar este óleo y otros de los cuadros españoles que ofertará el 3 de junio en su subasta de pintura Europea del siglo XIX: un retrato tardío de Azorín de Zuloaga, un paisaje nocturno de Anglada-Camarasa, un jardín granadino de Rusiñol y una comisión real de escala monumental de Sert.

Las obras serán expuestas públicamente los días 25 y 26 de mayo, en coincidencia con la exposición que dedicará el Museo del Prado -del 26 de mayo al 6 de septiembre- a los catorce murales de "Visión de España" que Archer M. Huntington encomendó a Sorolla para la Hispanic Society of America de Nueva York y que éste pintó entre 1911 y 1919 en un viaje constante por el país.

Un productivo descanso

En 1915, Joaquín Sorolla llevaba cuatro años inmerso en el encargo "Visión de España" y necesitaba descansar, por eso aquel verano pintó "Niña entrando en el baño". "Niña entrando en el baño", que tendrá en Londres un precio de salida de entre 1,9 y 2,8 millones de euros, es de "una procedencia impecable" porque en el momento de su adquisición, el pintor valenciano (1863-1923) entregó una fotografía firmada de la obra, según Sotheby's.

Su primer propietario fue el marchante Justo Bou, quien vendió el óleo a la coleccionista de arte y bibliófila María Bauzá, y el padre del actual propietario se lo compró a ella. Este lienzo, en el que plasma en moradas y malvas los efectos de la luz y la arena y el mar, es una composición en la que se ve a una muchacha, posiblemente su hija Elena, dos niños jugando en el agua y dos barquillas con un plano muy cercano, con intención de encuadre fotográfico, de forma que elimina el horizonte para centrarse en la playa y los movimientos de los críos.

El óleo, pintado en un descanso veraniego del agotador periplo que llevó a Sorolla por toda España para plasmar sus escenas en los murales de Huntington, es uno de los pocos que el artista hizo en su última época, a la que pertenecen los conocidos retratos que hizo en las playas de Valencia. El récord de precio para una obra de Sorolla lo tiene "La hora del baño", una delicada composición de niñas con una mujer que las protege con una sombrilla pintado en 1909, y que se vendió en 2003 por 3,5 millones de euros.

Efe, Madrid: Sotheby's expone por primera vez «Niña entrando en el baño», de Sorolla, ABC, 8 de mayo de 2009

miércoles, 6 de mayo de 2009

La "maleta mexicana" de Capa arroja luz sobre el exilio español

El tesoro fotográfico escondido en la "maleta mexicana" va más allá de la pura fascinación por las imágenes que tres de los mejores fotógrafos de la historia captaron en la Guerra Civil española. La digitalización de los 4.300 negativos que, al igual que miles de españoles, se exiliaron primero en Francia y después en México y permanecieron escondidas en una maleta (que en realidad eran tres cajas) hasta diciembre de 2007, está arrojando nueva luz no sólo respecto al trabajo realizado durante aquel conflicto por Robert Capa, Gerda Taro y Chim (David Seymour), sino también respecto a las condiciones de vida a las que estuvieron sometidos los españoles forzados al exilio.

"The Greatest War-Photographer in the World: Robert Capa", 3 December 1938.

El pasado viernes, justo después de que el International Center of Photography (ICP) de Nueva York (fundado por Cornell Capa, hermano de Robert) anunciara que todos los negativos de la maleta recuperada (y que hoy está en sus manos) habían sido escaneados, el Centro Juan Carlos I de la New York University organizó un simposio bajo el título Documentando a los desplazados: imágenes de los refugiados de la Guerra Civil española.

Allí se mostraron, entre otras cosas, unas 40 imágenes inéditas, recién salidas de la maleta, que reflejan las condiciones de los campos de refugiados del sur de Francia y que el casi medio millón de republicanos que los sufrieron consideraban campos de concentración. "Así fue como se refirió a ellos mi padre toda su vida", aseguró una de las asistentes, Ángela Giral, nieta de José Giral, quien fue presidente de la Segunda República. Giral recuerda cómo su padre le contaba que los guardas senegaleses del campo de Argèles les pegaban culatazos con sus rifles y después les quitaban el reloj. "La Guerra Civil española es el primer conflicto en que queda visualmente documentada la violencia contra la población civil. Se han escrito muchos libros sobre las condiciones de vida de los españoles en aquellos campos, pero estas imágenes son uno de los primeros documentos visuales. De ahí la importancia, más allá de la fotografía, de estos fotógrafos pioneros" afirma Giral.

El padre de Ángela pasó varios días en Argèles, un lugar que las fotos de Robert Capa muestran en toda su crudeza: de la maleta han salido 352 imágenes tomadas en marzo de 1939 allí y en los campos de Bram y Barcarès. "Se conocían unas cinco fotos de cada carrete, pero el resto del material es inédito. Esto nos permite entender también el proceso de trabajo de estos fotógrafos, que encontraron en estos campos la expresión definitiva de la pesadilla de la desolación", explicó durante la presentación Cynthia Young, comisaria del ICP. Las imágenes de los exiliados españoles del sur de Francia estremecen por su parecido con la tragedia que muestran las imágenes de refugiados de cualquier otro lugar del planeta en conflictos actuales. Hombres que yacen en el suelo cubiertos con una manta raída, gente hacinada en tiendas de campaña, filas de personas transportando sus escasas pertenencias...

Entre los muchos tesoros desvelados en el proceso de escaneado de los 136 carretes se ha encontrado el negativo perdido de la foto de Chim Land distribution meeting, tomada en Extremadura en 1936. Un tercio de las imágenes pertenecen a Chim, entre ellas fotos inéditas de La Pasionaria, Federico García Lorca y Azaña, que según Young, "revalorizarán a ese fotógrafo". Sin embargo, pese a que había esperanzas de encontrar el negativo de la imagen más famosa de Robert Capa, El miliciano, su paradero sigue siendo un misterio.

La maleta mexicana también se convertirá en documental: Trisha Ziff, responsable de que los negativos viajaran de México al ICP, comienza este mes una coproducción con la productora catalana Mallerich que transformará en película el contenido de la maleta y los relatos que preservaba "para que los jóvenes de hoy conozcan su propia historia".

Barbara Celis, Nueva York: La "maleta mexicana" de Capa arroja luz sobre el exilio español, El País, 6 de mayo de 2009

lunes, 4 de mayo de 2009

Fue Paul Gaugin quien cortó la oreja de Vincent Van Gogh

La oreja izquierda de Vincent van Gogh (1853–1890) no habría sido víctima de una mutilación voluntaria, si no cortada de un sablazo por Paul Gauguin (1848–1903)… Uno de los misterios más peregrinos de la historia del arte moderno pudiera transformarse en una historia de celos prostibularios.

A lo largo del siglo XX se construyeron numerosas teorías sobre la locura de la que habría sido víctima Van Gogh, y cuya consecuencia más estrafalaria habría sido la peregrina idea de cortarse su oreja izquierda, con una navaja u hoja de afeitar. Eminentes historiadores escribieron páginas magistrales en torno a tal acto de locura no del todo artística.

Tras quince años de trabajo minucioso, repescando informes policiales, dos historiadores alemanes, Hans Kaufmann y Rita Wildegans, han llegado a una conclusión muy distinta. Según éllos, Gauguin y Van Gogh se habrían disputado a la puerta de un prostíbulo, en Arles. Dispuesto a zanjar expeditivamente sus diferencias y enfrentamientos, Gauguin sacó su sable (era un gran espadachín) y tiró sobre la oreja de su amigo, cortándola de un tajo, con precisión quirúrgica.

Esta obra ofrece 392 páginas de indagación, a caballo entre la reconstrucción policial de un suceso y la investigación de un misterio Pacto de silencio¿Por qué callaron Van Gogh y Gauguin tal incidente…? A juicio de Hans Kaufmann, Van Gogh y Gauguin decidieron un pacto de silencio. Ese es el título del libro consagrado al enigma. Su acción podía costar la cárcel a Gaugin. Van Gogh no ganaba nada acusando a un amigo al que continuaba estimado, con el que había soñado construir una especie de “falansterio artístico”, en Arles, en el Mediodía francés. El silencio los beneficiaba a ambos. Van Gogh esperaba convencer a su amigo de volver a Arles, volver a trabajar juntos. Gauguin soñaba con otros horizontes, en el Pacífico.

Hans Kaufmann y Rita Wildegans no pueden aportar pruebas definitivas de su tesis. Pero su obra, en alemán y francés, «Van Goghs Ohr, Paul Gaugin und der Pakt des Schweigens» / «L’Oreille de Van Gogh, Paul Gauguin y le pacte du silence», ofrece 392 páginas de indagación, a caballo entre la reconstrucción policial de un suceso y la investigación de un misterio.

José María, Madrid: Fue Paul Gaugin quien cortó la oreja de Vincent Van Gogh, ABC, 4 de mayo de 2009

domingo, 3 de mayo de 2009

Lempicka y sus mujeres fetiche

La crisis está poniendo orden en el mercado y muchos coleccionistas están reservando sus tesoros para tiempos más boyantes y poder así sacarles mayor tajada. Sin embargo, faltan piezas destacadas en las subastas de la próxima semana en Nueva York. Es el caso de ese objeto de deseo llamado Tamara de Lempicka, la Garbo art decó. No es habitual ver tanta obra suya en el mercado. Femme fatale de la modernidad y artista de culto, cuenta con una legión de célebres coleccionistas, encabezada por Madonna (posee sus obras más conocidas), Barbra Streisand y Jack Nicholson.

Lempicka: Retrato de Marjorie Ferry, 1927

Sotheby´s ofrece el martes algunos de sus cuadros más famosos y reproducidos, propiedad del diseñador de moda y coleccionista alemán Wolfgang Joop: «Retrato de Marjorie Ferry» (una rubia cantante de cabaret inglesa de la que estuvo enamorada y a la que retrata envuelta en una sábana, con los labios y las uñas de las manos pintados de un rojo intenso), «Retrato de la duquesa de la Salle» (era una gran amiga de la artista, conocida lesbiana, a la que pintó vestida de amazona) y «El teléfono II».

Los precios de Tamara de Lempicka han subido como la espuma, dada la competencia que hay por sus obras entre las estrellas de Hollywood. Los dos primeros óleos parten con una estimación entre 4 y 6 millones de dólares. También Christie´s incluye entre sus lotes un célebre lienzo de esta excéntrica aristócrata: «Retrato de Madame M» (6-9 millones).

Otro de los protagonistas es, cómo no, Picasso: ahí está siempre, en las duras y en las maduras del mercado. La sala Sotheby´s subasta el martes uno de los cotizados retratos que hizo de su hija Maya (fruto de su relación con Marie-Thér_se Walter), cuando era muy pequeña. Picasso lo conservó hasta su muerte. «La hija del artista con dos años y medio con barco» (1937) parte con un precio estimado de 16-23 millones de dólares.

Lempicka: Retrato de Madame M,

El miércoles será Christie´s la que ofrezca dos grandes picassos. Uno de ellos, «Mujer con sombrero», formaba parte desde 1989 de la colección del pintor y cineasta Julian Schnabel. Estaba colgado en su casa-estudio de Manhattan. Pintado sólo dos años antes de su muerte, su estimación oscila entre 8 y 12 millones de dólares. También sale a la venta en la misma cita otro picasso de su última etapa, «Mosquetero con pipa» (12-18 millones). El tercer protagonista de la próxima semana será Giacometti, a quien la Fundación Beyeler de Basilea le dedicará a partir del próximo día 31 una gran retrospectiva. Sotheby´s saca a subasta el martes «Le Chat», un bronce de 1951, que no había salido a subasta desde hace 34 años. Podría superar los 22 millones de dólares.

Fotografia de Tamara de Lempicka

Natividad Pulido: Lempicka y sus mujeres fetiche, ABC, 1 de mayo de 2009

A modo de justificación...

Recomedamos también
El presente blog pretende ser un compendio de los artículos, y publicaciones recogidos en los medios de comunicación (escritos y audiovisuales), principalmente de España, para el estudio de la Historia del Arte. Aspira a ser una guía complementaria para su conocimiento y una referencia para la reflexión y análisis del mundo que nos rodea para difundir la defensa del patrimonio a futuras generaciones. Tuvo su origen a comienzos de junio de 2007, como blog de aula en la materia de Historia del Arte, para la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales de 2º de Bachillerato en el I.E.S. Carbula de Almodóvar del Río (Córdoba). Pero la idea fue creciendo y adquiriendo una dimensión inesperada. Ahora, en un nuevo destino profesional deseamos continuar la experiencia, manteniendo la identidad, para poder alcanzar a nuestros alumnos, en su forzado contacto con la materia, y con el público en general, para que profundice en los entresijos de un aspecto de la civilización de gran calado.