Goitia resucita en Zacatecas

Viejo, en los huesos y solo en mitad de la nada, así pintó Francisco Goitia (1882-1960) el caballo de su última obra ‘Caballo famélico” (1960). Un cuadro que muchos interpretan como metáfora de sus últimos días en su ‘humilde’ casa de Xochimilco. El artista mexicano de origen vasco vivió retirado en una pequeña cabaña de adobe y uralita (lámina) a las afueras de la ciudad de México, en lo que fue su hogar durante 40 años. Temperamental, rebelde y místico; un pintor con aspecto de mendigo con cuyo rostro se empapela hoy la ciudad de Zacatecas durante su Festival Cultural, al cumplirse 50 años de su muerte.

El zacatecano, considerado uno de los grandes artistas de México junto a sus famosos paisanos Julio Ruelas, Pedro Coronel, Rafael Coronel y Manuel Felguerez, es todavía hoy un artista difícil de catalogar entre su generación. Los más jóvenes ven en él al padre del oscurantismo, una especie de fundador del movimiento 'dark', por obras como ‘La bruja’ o ‘Cabeza de ahorcado’, otros lo consideran el padre del llamado '‘renacimiento plástico mexicano' y uno de los pintores más interesantes de México por obras como 'Tata Jesucristo', considerada por muchos como la mejor obra de caballete de la pintura mexicana y con la que se ganó una beca de por vida del Gobierno. “Hombre menudo, enjuto, de largas barbas blancas y mala leche, muchos creían que era un viejo excéntrico, pero el vivió cómo él quiso, eligió vivir en la austeridad, saltándose los convencionalismos de la época y se creó su propio mito”, comenta Lourdes Fava, directora del Museo Francisco Goitia de Zacatecas.7

Eclipsado por los grandes muralistas mexicanos su pintura "quería transmitir emociones, no ideas", tal y como defendió en medio de una corriente de corte nacionalista encabezada por Rivera o Siqueiros que lo llenó todo, desde paredes a libros escolares. “Lo que pasa es que Goitia es un artista difícil de catalogar, rompe todos los moldes, no podemos incluirlo en ninguna corriente ni escuela. Su obra es tan diversa que parece un coctel de su vida, de sus viajes, de los lugares que vio”, asegura la también comisaria de la muestra, ‘Un destino en el arte’, dedicada al artista. Una obra que para el coordinador del museo, Alejandro Ramos, está muy relacionada con su vida. “Su obra es difícil de clasificar es muy diferente y está muy relacionada con la vida que tuvo: una infancia difícil, hijo no reconocido, se crió sin madre y después fue enviado a México".

La exposición recoge el 80% de la obra del pintor

Un recorrido por su vida desde que llegó a México a estudiar pintura con maestros como José María Velasco y Julio Ruelas, los años en Barcelona donde conoció a su gran maestro Francisco Galí, su enfermedad en Italia donde se hizo franciscano y a su regreso a México para convertirse en cronista del ejército de Pancho Villa durante la Revolución. De todas sus etapas queda una obra o dos reunidas en la muestra, ‘Un destino en el arte’. Goitia pintaba para el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que le concedió una beca vitalicia. “Gracias a esta beca, tenemos el 80% de su obra en el Museo, aunque hay obra en España, Italia y mucha en manos privadas, casi todos sus trabajos están aquí”, explica la comisaria.

"Sus paisajes al carbón de la catedral de Barcelona, los retratos de los indios en un trabajo para el famoso humanista mexicano Manuel Gamio, sus autorretratos.... Pintó poco pero muy diverso; incluso llegó a pintar bodegones de su influencia europea”, asegura la experta que ha trabajado durante dos años para preparar esta exposición. “Para mí es mucho más interesante que los muralistas ya que utiliza todas las técnicas y aunque con pocos cuadros es capaz de transmitir toda una vida de duros golpes", añade el coordinador gran apasionado de la obra del zacatecano.

Begoña Urquidi | Zacatecas: Goitia resucita en Zacatecas, EL MUNDO, 3 de abril de 2010

Comentarios