sábado, 29 de mayo de 2010

Más allá de la vida

Tumba grande del Camino Viejo de Almodóvar, ubicada ahora  en la Puerta de Gallegos, CórdobaPor razones higiénicas, religiosas, legales, culturales y de seguridad, las áreas funerarias romanas de carácter urbano ocuparon siempre los terrenos inmediatos a la muralla, compartiendo espacio con vías y caminos, edificios de espectáculos, residencias familiares de lujo, huertos, jardines, instalaciones industriales y actividades nocivas. Solo determinados personajes, por su importancia o su carácter de símbolos, fueron autorizados a ser enterrados dentro del pomerium (línea que separaba el espacio intramuros del extramuros, frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos); aun cuando con cierta frecuencia los niños recién nacidos se inhumaran de forma más o menos ritual bajo los aleros de las propias casas, y existiera cierta tendencia cultural a depositar los cadáveres en las cercanías de donde habían vivido.

En busca de la máxima singularidad, los primeros monumentos surgen aisladamente, en fincas privadas, puntos estratégicos de la red viaria u ocupando accidentes privilegiados del terreno, pero desde muy pronto se empiezan también a elegir para la sepultura los espacios más cercanos a las puertas en la muralla, los cruces de las vías o la proximidad a circos y anfiteatros, asegurándose con ello la accesibilidad de la tumba, la visita continuada de los conciudadanos (garantía de supervivencia) y, por qué no, la satisfacción de la propia vanidad, al convertirse el sepulcro en uno de los elementos más visibles y efectivos de la propaganda familiar. Esto no evitó que, con mayor frecuencia de la deseada, esos mismos monumentos fueran utilizados como base de pintadas de propaganda electoral, anuncios de espectáculos o simplemente graffitti amorosos, muy adecuados en un espacio donde solían producirse citas clandestinas o se exponían con libertad las prostitutas; sin olvidar su derivación habitual como letrinas (para aguas menores y también mayores), a tenor de los testimonios de la época que condenan tal práctica.

Los caminos de salida no eran, sin embargo, los únicos a condicionar la disposición de los enterramientos, pues con frecuencia se construían otras vías secundarias que facilitaban el trasiego por el interior de la necrópolis y el acceso a los distintos monumentoTumba romana de la Calle La Bodega, Córdobas y acotados -a veces, de muy considerable extensión, pues no era extraño que contaran con huertos anexos-, a la vez que contribuían a la creación de una verdadera topografía funeraria, heredada en su concepción y disposición urbanística de griegos y etruscos, con magníficas expresiones en muy diversas ciudades del Imperio. En Córdoba hemos vuelto a conocer el aspecto de sus vías sepulcrales sólo recientemente, pero siempre de una manera muy parcial, debido al alto índice de destrucción (antigua o moderna) que han sufrido. Su expresión más conspicua la tenemos en los dos monumentos circulares conservados junto a Puerta de Gallegos, pero se conservan también otras tumbas de gran porte junto a la Puerta de Sevilla (trasladada allí desde Antonio Maura), en la calle La Bodega, o bajo el Palacio de la Merced. Son el mejor ejemplo de la monumentalidad que llegó a alcanzar el mundo funerario cordubense, contribución privada a la gran escenografía pública que rivalizó con toda la provincia en dejar evidencia del elevado poder económico de sus élites y sus ansias de romanidad.

Tumbas localizadas hoy en los puntos más cercanos a las vías no tienen por qué ser las más antiguas; al contrario, es frecuente que respondan a cronologías muy diversas, por haber ocupado de forma progresiva las más recientes los huecos dejados por las anteriores. Se comprueba así un proceso de crecimiento no sujeto a reglas o a normas específicas, reflejo del alto valor del espacio funerario, que explica el aprovechamiento de determinados enterramientos colectivos durante generaciones, la reutilización de tumbas ajenas, a pesar del pecado terrible de violatio sepulcri , o la superposición de enterramientos. Todo ello está perfectamente documentado en Córdoba, cuya tierra apenas da para acoger a más de sus hijos, después de cinco milenios nutriéndose de ellos.

Con las lógicas variaciones en la tipología de las tumbas, el ritual practicado, las ceremonias conmemorativas periódicas o la composición de los ajuares, este panorama permanecerá más o menos inalterado hasta la expansión del Cristianismo que, conforme a la tradición judaica, implanta como rito único la inhumación de los cadáveres y genera poco a poco un paisaje diferente, a partir de los denominados enterramientos ad sanctos , es decir, la disposición de los fieles en torno a los lugares donde habían sido ajusticiados, o inhumados, los más importantes mártires de la comunidad.

A partir de este momento, las aristocracias rivalizarán por descansar para siempre en los lugares más próximos a aquéllos que ya gozaban del favor divino. Ahí está el origen de la práctica posterior, aún vigente, de enterrarse en el interior de las iglesias; pero ésa es otra historia, de la que, quizás, si ustedes me lo permiten, les hablaré en el futuro.


Mausoleo romano de Puerta de Gallegos (inicios siglo I d. C.)

Desiderio Vaquerizo -Catedrático de Arqueología. UCO-, Mas alla de la vida, Diario Córdoba, 29 de mayo de 2010

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