jueves, 10 de junio de 2010

Edgerton, la fotografía hecha ciencia

PHOTOESPAÑA | Exposición en Madrid


En 1932, Doc hizo su primera fotografía de un chorro de agua. En aquel microsegundo que captó gracias a su flash estroboscópico (un 'artilugio' que hasta entonces había usado para fotografiar máquinas en funcionamiento) el chorro se transformaba en una traslúcida columna retorcida. "¿Qué es?", la tituló. Durante las seis décadas siguientes, Harold 'Doc' Edgerton (1903-1990) no dejaría de fotografiar el movimiento.

Bala atravesando tres globos, 1959. | Palm Press. EdgertonAgua, gotas de leche, balas en acción, tenistas en pleno saque, golfistas en pleno 'swing' e, incluso, explosiones atómicas quedaban congeladas en su objetivo. Una exposición en la Fundación BBVA exhibe casi un centenar de fotografías de este científico devenido en artista. Sus instantáneas son "un maridaje perfecto entre arte y ciencia. Pero, por su formación como ingeniero, siempre se definió como científico antes que como artista", explica José Gómez Isla, uno de los comisarios de la muestra, primera retrospectiva en España de Edgerton. Al ingeniero estadounidense le inquietaba desvelar los secretos de los movimientos. Sus imágenes permitieron descubrir que el colibrí bate sus alas 70 veces por segundo o ver, por primera vez, escenas hasta entonces ocultas al ojo humano, como el momento en que una bala atraviesa un objeto. En muchas de estas fotografías puede apreciarse el micrófono que permitía detectar ese instante preciso en que el flash tenía que activarse.

En el siglo XIX, pioneros de la fotografía como Eadweard Muybridge o Étienne Jules Marey ya habían usado las instantáneas para escudriñar los movimientos humanos y animales. Pero Edgerton partió de una estrategia totalmente diferente: "En lugar de tratar de fabricar obturadores fotográficos [la 'compuerta' que controla el tiempo durante el que llega la luz a la película] más rápidos, se centraría en sistemas de iluminación múltiple que, gracias a alcanzar una velocidad de destello de una millonésima de segundo, permitían congelar una escena rapidísima", aclara Gómez Isla en el catálogo de la exposición. Este flash ultrarrápido (estroboscopio) no sólo le permitía congelar el movimiento, sino que si se daban múltiples destellos en un sólo segundo (multiflash) podía plasmar movimientos vertiginosos en diferentes fases de su ejecución, ya fuese el alegre coleo de su perro, un salto de trampolín o una flecha atravesando un globo (una instantánea que, con su habitual sentido del humor, tituló 'Guillermo Tell'). Otra de sus famosas instantáneas de balas atravesando objetos (manzanas, velas, bombillas o naipes) se tituló 'Cómo hacer zumo de manzana en el MIT'.

Desde los aires al mundo submarino
Corona de gotas de leche, 1957. | Palm Press. Edgerton Foundation
El MIT (el Instituto de Tecnología de Massachussets) era su 'casa'. El centro donde se graduó como ingeniero eléctrico, donde dio clase durante décadas y donde falleció a los 89 años (estaba todavía en activo cuando sufrió un infarto en el comedor del centro). Según contaba uno de sus discípulos, Edgerton solía llevar en el bolsillo de su traje postales con reproducciones de sus instantáneas más famosas, con su teléfono escrito en el dorso. A todo aquel que conocía le daba una, e incluso le invitaba a pasarse por su laboratorio.

Por aquel laboratorio abierto a todo el mundo recalaron el coronel George Goddard y el oceanógrafo Jacques Cousteau. Su relación con el militar fructificaría en avances en la imagen aérea (durante la Segunda Guerra Mundial, Edgerton perfeccionó la iluminación para tomar fotografías aéreas nocturnas, unas aportaciones que "fueron cruciales en el desembarco de Normandía", según Gómez Isla), mientras que tras conocer a Cousteau trabajó en sistemas de registro submarino, que revolucionaron la arqueología marina. 'Papa Flash' (como le llamaba Cousteau) acompañó al oceanógrafo galo en varias de sus expediciones e, incluso, participó en los años 70 en una incursión en el lago Ness en busca del monstruo marino... o lo que fuera que había en el lago.

A lo largo de su carrera, Edgerton patentó 47 inventos, desde una cámara ultrarrápida para captar explosiones atómicas (Rapatronic) hasta un sistema de filmación ultrarrápido (una de estas cámaras puede verse en la exposición madrileña), que "hizo posible la creación de la cámara superlenta en cine y televisión" (la de las repeticiones a cámara lenta), según Gómez Isla. De hecho, sus investigaciones hicieron del flash electrónico ese artilugio barato y portátil que hoy día incorpora cualquier cámara amateur.

Sin embargo, Edgerton era algo más que un hombre de ciencia. Sus fotografías fueron portada de National Geographic, pero también se incluyeron en la primera exposición fotográfica del MoMA de Nueva York. Su nombre figura en el Hall de la Fama de los inventores estadounidenses, pero también ganó un Oscar (por un magnífico corto documental sobre sus métodos de trabajo, 'Quicker than a Wink', que sirve de colofón a la muestra). Sus fotografías son arte y ciencia a un tiempo. "Buscaba la geometría perfecta", explica el comisario, que recuerda que Edgerton fotografió durante años gotas de leche en busca de arquitecturas exquisitas. "Rechazaba los chapoteos deformes, esperando que la gota cayese formando una corona perfecta". En 1957, cinco lustros después de su primera fotografía de una gota de leche, lo consiguió.


Anatomía del movimiento. Fotografías de Harold Edgerton, del 08/06 al 25/07
en la Fundación BBVA (Castellana 81, Madrid). Entrada gratuita


Isabel Espiño | Madrid: Edgerton, la fotografía hecha ciencia, EL MUNDO, 9 de junio de 2010

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