lunes, 28 de junio de 2010

La Venus de Milo vuelve restaurada al Louvre

La Venus de Milo vuelve restaurada, el 7 de julio, al emplazamiento que ocupó desde 1824 hasta 1848. Un dato fundamental: este cambio modificará el recorrido del 60% al 80% de los visitantes del Louvre, lo que equivale, en un año, a la población de Catalunya. "La Venus comparte el podio con la Victoria de Samotracia", según Jean-Luc Martínez, director del departamento de antigüedades griegas, etruscas y romanas, núcleo del Louvre proyectado desde el nacimiento del museo central de las artes, en 1793. Las dos nuevas salas consagradas al arte griego clásico y helenístico atraviesan lo que fueron apartamentos reales, antes de que Catalina de Médicis, la nariz fruncida por la pestilencia del Sena, prefiriera los jardines de Luxemburgo. La primera galería propone un viaje por el mundo griego, desde la época del Partenón. La segunda exhibe las réplicas romanas de las obras maestras de la escultura griega clásica. El sendero temático desemboca en la sala de la Venus, imán sagazmente situado para que sus devotos "descubran otras obras, mal conocidas", confiesa Martínez.

Imagen del antes y el después de la escultura sometida a restauración

Importante, también, la restauración de la Venus. Y no es una tontería preguntar si le pusieron brazos. Descubierta en 1820 en Melos o Milo, en el archipiélago griego de las Cícladas, fechada hacia el 120 a.C., Afrodita fue rebautizada Venus por los romanos. Identidad ambigua. La falta de brazos y otros elementos de identificación hacen flotar incluso esta duda: ¿y si en realidad se tratara de una estatua de Anfitrita, diosa del mar singularmente venerada en Milo? "La técnica escultórica, en dos bloques, es propia del fin de la época helenística, cuando los romanos conquistan Grecia", enseña Martínez.
Un mensaje oculto en el seno

Como anomalía que es entre las esculturas que sí están completas, la Venus sin brazos atrae a más público que aquellas, lo que obliga desde 1848 a desplazarla de sala en sala. Evacuada dos veces, en tiempo de guerra, en el año 1964 Malraux autorizó su viaje a Tokio. Sería el último: tras un mes en el mar, la estatua llegó dañada. En el 2004 había otras armas: por ejemplo, una gammagrafía del centro de estudios atómicos. Los rayos gamma descubrieron dos clavos ignorados. Y un par de muescas delataron una reparación vieja de veinte siglos "o realizada según técnicas muy antiguas". Otro hallazgo: bajo el seno derecho, un papel: "Restaurado el 5 de abril de 1936 por Libeau/ Marbrier-Louvre". La intervención no constaba. Otra intimidad: una endoscopia, obra del C2RMF –centro de restauración de los museos de Francia– exploró el vientre de Afrodita. Entre noviembre del 2009 y abril del 2010, una comisión en la que había desde artistas hasta profesores, apoyados en la infografía tridimensional desarrollada por la CAD Center Corporation, que produce una Venus digital, firmó la nueva restauración.
En su nueva sala, que con 214 metros cuadrados es la más amplia del sector, la Venus acogerá fragmentos descubiertos simultáneamente: de una mano con una manzana, de brazos que no le van, de un pie que no es el suyo. Otros nichos evocan la iconografía de Afrodita en su época. Y las técnicas de la escultura contemporánea que permiten fechar la estatua.


Cuando la Venus llegó al Louvre, en 1821, el arte de la restauración imponía, desde el siglo XVII, recomponer lo descompuesto, sin dejar fragmentos. La única excepción a la regla había sido hasta entonces el Torso del Belvedere: el propio Miguel Ángel se negó a intervenir. El responsable del taller de escultura del Louvre pretendía completar la nariz y añadir el pie –izquierdo– y los brazos que faltaban. Pero ¿cuál era la posición de los brazos? ¿La escultura formaba parte de un grupo? ¿Llevaba corona? Ante la duda, se hicieron discretos retoques. Venus ganó un zócalo rectangular en el que apoyaba un flamante pie izquierdo. El derecho recuperó un dedo. Y la cara, su nariz. Aquella prudencia ¿marcó un antes y un después en la restauración de las esculturas? Lo afirman algunos historiadores. ¿O fue un quiero y no puedo? Es lo que deja suponer una preparación de 1821, para dotarla de un brazo, detectada por los actuales restauradores. Esa investigación también establece por qué la Venus fue considerada rápidamente una obra maestra. La historia del arte es la de sus modas: consecuencia de la derrota napoleónica, el Louvre había perdido las obras de arte pilladas en Italia y Alemania. Entre tanto, Europa coleccionaba escultura griega, otro hueco de las colecciones. En 1812, Baviera compra mármoles; cuatro años más tarde, el British Museum adquiere los del Partenón, hoy tan polémicos. Más importante: el Louvre proclama su hallazgo cuando Grecia se revuelve contra el imperio otomano.

Aquella guerra, reflejada inmediatamente por Delacroix en su cuadro Scène des massacres de Scio, provoca una insurrección romántica de la juventud francesa, como la que un siglo después internacionalizará la Guerra Civil. Afrodita simboliza la Grecia liberada. En fin, alusión a Cayo Cilnio Mecenas: el Louvre debe sus nuevas salas a la NTV, primera cadena de televisión privada de Japón, que financió ya el nuevo apartamento de la Gioconda, y se apresta a pagar la restauración de la Victoria de Samotracia.

Óscar Caballero, París: La Venus de Milo vuelve restaurada al Louvre, La Vanguardia, 24 de junio de 2010

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