Piezas de contrabando artístico en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid

¡Es una trampa!». Con este llamativo titular, la publicación italiana «Il Giornale dell'Arte», mensual especializado perteneciente al grupo editorial Allemandi de Turín, asegura hoy en su número de julio que el Museo Arqueológico Nacional de Madrid posee al menos 22 piezas que pertenecen legítimamente a Italia, ya que fueron vendidas en el «mercado negro del arte». La exclusiva, firmada por el periodista Fabio Isman, analiza el caso español sacando a la luz que los museos europeos empiezan a descubrir que algunas de sus obras no cumplen todos los requisitos de legalidad, sobre todo las adquiridas en las casas de subastas más famosas del mundo, como Sotheby's o Christie's.


El escándalo del museo español salió a la luz gracias a dos arqueólogos italianos, Daniela Rizzo y Maurizio Pellegrini. En 2003, dando un vistazo al catálogo de 500 páginas de la recién presentada colección de más de 180 piezas reunidas por José Luis Varez-Fisa, se dieron cuenta e que algunas de esas obras las habían visto antes. Los dos arqueólogos, que trabajan en el Museo Etrusco de Roma, ataron cabos y llegaron a la conclusión que se trataba de las imágenes vistas durante su colaboración con la justicia en el caso del mercader de arte Giacomo Medici.

Este hombre, conocido por abastecer piezas raras a las casas de subastas, fue arrestado en 1995 en Ginebra, donde la policía descubrió más de 240 metros cuadrados de almacén de obras no catalogadas extraídas sin permiso de numerosas excavaciones de todo el mundo. El nombre de Varez Fisa no aparecía entre los clientes de Medici, quien utilizaba los mecanismos del mercado negro de la arqueología para introducir sus obras, como pujar él mismo por sus piezas a través de amigos y de este modo dar credibilidad al objeto. Así, poco a poco, el mercader llegó a vender obras a museos de todo el mundo.

«¿Es justo y moral que un museo exponga antigüedades saqueadas recientemente? ¿Qué cultura exponen estos museos?», se pregunta el autor del artículo, poniendo algunos ejemplos de las obras llegadas a España de forma ilegal: un ánfora metálica de 52 centímetros con un ciervo herido dibujado del siglo VII antes de Cristo, una «oinochoe» etrusca del 600 a. de C., o un ánfora con una figura en negro datada en el año 520 a. de C. atribuida al pintor Príamo.

Medici, según el juez de Roma que le condenó en primer grado a 10 años de cárcel y 10 millones de euros de multa por daños al Estado, contaba con la colaboración del personal de las subastas de Sotheby's. De este modo, el traficante de arte se había convertido en el principal cliente de la casa de subastas hasta 1997, cuando cesó de organizar este tipo de eventos dedicados a la antigüedad.

«El caso era hasta ahora desconocido señala el artículo y seguramente es de bastante gravedad: demuestra cómo los restos arqueológicos extraídos de forma fraudulenta se han extendido por todas partes; ilustra la desenvoltura con la que se han formado recientemente demasiadas colecciones privadas y cómo los principales museos del mundo, no sólo los americanos o japoneses sino incluso los europeos, no se crean escrúpulos a la hora de comprar antigüedades completamente descontextualizadas, sin pasado, y de proveniencia poco clara».

En este sentido, el artículo evoca algunas medidas de control que se han empezado a aplicar en otros países para evitar que este tipo de casos se vuelva a repetir. Pero «Il Giornale dell'Arte» no solo culpa a la falta de escrúpulos de los museos que adquieren, sino que apunta el dedo contra el Estado italiano, señalando que del mismo modo que estos dos arqueólogos descubrieron el caso español, podrían haberlo hecho ellos. «¿Por qué no se compran todos los catálogos?», se interroga, preguntándose al mismo tiempo si el obierno italiano solicitará ahora la devolución de las piezas extraídas de forma ilegal, o si el Museo Arqueológico Nacional devolverá las piezas de propia voluntad ahora que sabe la verdad.

El artículo concluye poniendo esta historia en el contexto de los ya conocidos casos del Getty y el Metropolitan de Nueva York que han comenzado a devolver obras de procedencia ilegítima. Pero, añade Fabio Isman, ahora se ve que el daño no se limita a América.

Verónica Becerril, Roma: El Estado español adquirió 22 obras que fueron expoliadas en Italia, ABC, 7 de julio de 2010

Quienes participaron en la operación de compra de la colección Várez Fisa la defienden y recuerdan «una gestión muy tranquila y exitosa». «Los expedientes de adquisición acreditaban la propiedad de manera legítima y buena parte de la colección había participado en exposiciones», afirma una fuente del Ministerio de Cultura que pide mantener el anonimato. «Sobre la valoración de la colección sí se produjeron pequeños desacuerdos en algunas piezas concretas, ya que se argumentaba que si salían a subasta alcanzarían un precio más elevado, pero ¿quién lo sabe si no se subasta? El caso es que se valoró mucho que la colección permaneciese unida y que el precio fuera por el conjunto», añade la misma fuente.

Hubo al menos tres visitas a la casa del coleccionista para valorar las piezas. «Fue una negociación larga, minuciosa, y en la valoración participó el personal del Museo Arqueológico Nacional, de los departamentos Ibérico y de Clásico. A todas luces fue una valoración sensata, unos 2.000 millones de pesetas, 12 millones de euros al cambio». ¿Caro? «No, sencillamente era un buen momento porque había bastante presupuesto para adquisiciones, y en este caso no intervino el dinero del 1 por ciento cultural, aunque es posible que el pago fuera en varios plazos»

No se recuerda problema alguno con los expedientes y, según asegura la fuente, «hablamos de un coleccionista que no sólo tiene gran prestigio, sino que además abre sus puertas para el estudio de las piezas y las presta siempre que se le solicitan. De hecho, si en Italia se ha podido cerrar esta investigación es porque se publicó un catálogo de la colección a su llegada al Arqueológico».

Varios arqueólogos españoles consultados ayer por ABC valoraron con preocupación la noticia, puesto que primero obliga a devolver las piezas y además pone en cuestión todos los filtros.

Firma J.G. Calero, Madrid: «La valoración la hizo el Arqueológico y era sensata», ABC, 7 de julio de 2010

En septiembre de 2003, el Museo Arqueológico Nacional sacó a la luz en una exposición la colección Várez Fisa —formada por 183 piezas de culturas mediterráneas (ibérica, egipcia, griega y romana)—, que el Estado había adquirido en 1999 y en la que destacaba un conjunto de vasos egipcios. Miguel Ángel Elvira, entonces director del museo, explicaba que no se había presentado en esos cuatro años la colección porque «había que estudiar a fondo cada una de las piezas, ya que son inéditas en su casi totalidad». Ayer, Elvira se mostró muy sorprendido tras conocer la noticia por ABC: «No tenía ni idea. ¡Qué cosas! Pero yo tengo muy poco que ver en esta guerra». ¿Recuerda cómo fue la negociación y la compra? «No; lo que es seguro es que pasó por la Junta de Valoración del Ministerio de Cultura antes de su compra. Esta colección se formaría de la manera más legal del mundo, a través de subastas, algunas creo que en Suiza, y malo sería que las salas de subastas no tuvieran el currículum de las piezas que ofrecen. Lo que nunca se sabe es hasta qué punto ese currículum está maquillado» ¿Quién hizo la tasación? «No lo recuerdo —dice Elvira—. El museo, todo lo que recibe llega directamente del Ministerio, que es quien compra todas las piezas. El museo es un mero receptor, no se entera ni de lo que se paga, es algo entre el Ministerio y el vendedor. El comercio del arte puede tener trampas, pero el que compra lo hace de buena fe teniendo en cuenta la documentación acreditativa. Que cada palo aguante su vela. El responsable será quien hiciese la trampa». ¿Es partidario de que se restituyan las piezas si se demuestra que salieron ilegalmente de Italia? «Yo soy partidario de que se aplique la ley internacional al respecto. Que el que lo ha hecho mal lo pague. Si el Estado debe devolver las piezas, tendrá que reclamar al que hizo la trampa y se quedó con el dinero. No sé a quién corresponde quedarse con la pieza ni pagar los gastos, no tengo conocimientos legales».

Natividad Pulido, Madrid: «El que lo ha hecho mal, que lo pague», ABC, 7 de julio de 2010

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