El arrebato asesino de Caravaggio

Retrato de Caravaggio, por Ottavio Leoni. Caravaggio ha venido al mundo para destruir el arte", dijo el pintor francés Poussin cuando se acercó a la obra del artista lombardo por primera vez, a finales del siglo XVI. Sin embargo, Michelangelo Merisi di Caravaggio (1571-1610) se destruyó a sí mismo. Muchos historiadores coinciden en que el artista sufría impulsividad psicopática, lo que le hacía superar los límites de la vehemencia y le convertían en un auténtico pendenciero, hasta el punto de ser capaz de atacar a alguien por el más mínimo malentendido. Sin embargo, el motivo por el cual el pintor dio muerte a Ranuccio Tomassoni, entre las 19 y las 22 horas del 29 de mayo de 1606 (según recogen Riva & Viganò en su libro Un delitto al giorno), fue por una discusión mientras se enfrentaban durante un partido de pala a corda (precursos del tenis), donde se juegaban diez escudos.

En Roma, todos conocían al genio del Barroco. La gente murmuraba a su paso y los más medrosos evitaban cruzarse con aquel tipo de aspecto tenebroso, vestido con sombrero y capa negra. Corría el rumor de que, cuando era tan sólo un niño, en Milán había matado a un compañero de juegos tras un berrinche y su familia le había mandado a Roma para librarse de él. Llegaría a la capital "desnudo y extremadamente necesitado, sin una dirección fija y sin provisiones... además de corto de dinero", afirma Peter Robb en su libro M. L'enigma Caravaggio. Sin embargo, pocos años más tarde, se convertiría en el pintor más importante de la ciudad a causa, además de por su talento, del mecenazgo del cardenal Di Monti, para quien pintó la Capella Contarelli.

Tomassoni fue descrito por Baglione, artista contemporáneo de Caravaggio, como un "joven de mucho garbo", utilizando la palabra garbo en el documento original para hacer alusión a su descendencia española. A pesar de carecer oficialmente de títulos, Tomassoni pertenecía a una familia aristócrata con influencias políticas, gracias a la relación que su padre, el coronel Luca Antonio, mantenía con el nuevo Papa, Pablo V. Por su posición, nadie pudo entender por qué aquella noche, en Campo Marzio, el joven quiso llegar tan lejos y plantar cara a Caravaggio. El espectador anónimo Onorio Longhi, que según Riva & Viganò estuvo presente en el altercado, declaró que "fue una cuestión de honor". Baglione, en su crónica sobre aquella historia de la que todo el mundo hablaba en Roma, discrepó de Longhi: "Más que honor, lo que a Tommasoni le pudo fue la vanidad, su virilidad, su imagen de hidalgo".

Caravaggio sabía quién tenía en frente, pero no por ello tuvo problemas en desenfundar su espada y clavarle la punta en el muslo. Cuando Tomassoni cayó al suelo, Carava-ggio se acercó a él "riendo, con la carcajada cargada de ira" y, sin pensarlo, le dio un corte sobre el pene, burlándose de su hombría. La incisión no fue precisa: en vez de castrarlo, le cercenó una arteria y, al poco tiempo, Tomassoni moriría desan-grado. Mientras el joven perdía sangre por el pene, se dice que Carava-ggio decidió huir de Roma y pasar algunos días fuera de la ciudad, hasta que las aguas volviesen a su cauce. Sin embargo, para Robb, "Caravaggio se escondió tras los candados de Villa Firenze". El palacio estaba a pocos pasos del Campo Marzio, propiedad de Di Monti y residencia oficial de Giovanni Niccolini, embajador de la Toscana. Caravaggio había trabajado para ambos y, como concluye Robb, "pensaron que era mejor perder a un noble sin título que meter preso a un genio".

Silvio Campillo, El arrebato asesino de Caravaggio, Público, 29 de agosto de 2010

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