sábado, 4 de septiembre de 2010

El regalo del Papa a los anglicanos

Con motivo de la visita de Estado de Benedicto XVI a Reino Unido, cuatro tapices que Rafael creó para la Capilla Sixtina salen por vez primera fuera del Vaticano

El asunto ha adquirido ya aires de acontecimiento. Rafael Sanzio concibió, poco después de que su rival Miguel Ángel culminase los frescos de la Capilla Sixtina, una rica colección de tapices para decorar sus paredes inferiores. Cuatro de aquellas exquisitas piezas, bordadas en lana, seda e hilos de plata dorados, van a ser exhibidas en Londres, y juntas por primera vez fuera del Vaticano, con ocasión de la inminente visita de Estado de Benedicto XVI a Reino Unido. Y en otro espléndido inédito, estarán acompañadas por los diseños originales de Rafael, los cartones que sirvieron de plantilla o de espejo para el trabajo de los mejores tejedores de Europa.

La pesca milagrosa, uno de los cuatro tapices de Rafael que se podrán ver en el museo Victoria & Albert de Londres.-

A partir del próximo miércoles y durante solo seis semanas, el generoso préstamo del Papa al reino de los anglicanos permitirá corroborar en la sede del Victoria & Albert (V&A) por qué los elaborados tapices eran considerados hace 500 años una de las más preciosas manifestaciones del arte. El museo londinense es depositario de los bocetos originales, los llamados Cartones de Rafael, en realidad unos cuadros de formato monumental que colgarán, lado a lado, en la sala consagrada de forma permanente al genio del Renacimiento.

El artista italiano se volcó durante dos años en esa serie de pinturas sobre pasajes de la historia de san Pedro y san Pablo, por encargo de León X. Quizá el ambicioso papa Medici quiso medirse así con su antecesor, Julio II, patrocinador de los frescos que Miguel Ángel había culminado en la Capilla Sixtina tan solo tres años antes. Si, tal como sostienen algunos historiadores, este último pudo sentirse intimidado por el brillo de un Rafael guapo, encantador y más joven, el proyecto de los tapices para cubrir las paredes bajas de la misma capilla confirmaba el valor en alza del rival.

La sede apostólica pagó por la concepción y ejecución de los tapices 16.000 ducados de oro, al menos cinco veces más que lo desembolsado por el resto de la decoración de la capilla.

La empresa requería un ingente esfuerzo en tiempo y recursos humanos. Los cartones de Rafael fueron enviados a Bruselas, el gran centro de los tejedores europeos, y fielmente reproducidos en el taller del maestro Pieter van Aelst. Los artesanos cortaron los bocetos en tiras y los copiaron tejiendo cada uno desde la parte posterior hasta llegar a realizar al menos 10 de los 16 tapices inicialmente encargados (los únicos de los que se tiene constancia) en 1519. Las tiras fueron reunidas de nuevo para recuperar unas pinturas que son consideradas obras de arte en sí mismas, aunque no fueran inicialmente concebidas como tales. Poderlas contemplar junto a su plasmación en tejido es el lujo que brindará el Victoria & Albert en vísperas de la visita oficial del Pontífice, quien tiene previsto aterrizar en suelo británico el 16 de septiembre.

El tapiz ha acabado hoy relegado a la categoría de cenicienta de las artes, pero en su época de pleno apogeo era objeto codiciado por los monarcas europeos como expresión de su poderío. Diversos soberanos se interesaron por los celebrados cartones de Rafael, a partir de los cuales comisionaron copias. En 1623, el príncipe de Gales y futuro Carlos I adquirió siete de las plantillas para su fábrica de tapices en Mortlake. Pagó por ellos sus buenas 300 libras de la época (equivalente a medio millón de libras de hoy).

Ese tesoro de Rafael ha permanecido en Inglaterra como propiedad de la corona, si bien cuelga en las paredes del V&A desde 1865, cuando la reina Victoria lo concedió en préstamo a ese museo tan querido por su marido Alberto.

Los tapices originales que alumbraron fueron trasladados a Roma en 1521, donde a lo largo de los siglos solo han estado colgados en su emplazamiento original durante ceremonias solemnes pontificias oficiadas en la Capilla Sixtina. La última ocasión data de 1983, cuando se exhibieron allí con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Rafael. Hoy cuentan con su propia galería en el Vaticano, después de haber sido expuestos en diversas localizaciones del palacio Apostólico, e incluso en la plaza de San Pedro a merced de los caprichos meteorológicos. Casi cinco siglos después, han perdido lo más vibrante de su colorido, pero retienen intacta su fuerza artística.

La pesca milagrosa, La entrega de Cristo a san Pedro, La curación del paralítico y El sacrificio de Listra son las cuatro piezas que viajarán a Londres. El origen y la culminación de la obra, un conjunto que los ojos de Rafael no tuvieron nunca la oportunidad de contemplar.

Patricia Tubella, Londres: El regalo del Papa a los anglicanos, EL PAÍS, 3 de septiembre de 2010

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