Redescubrir la escultura española de vanguardia

A pesar de las aportaciones cruciales de los artistas españoles para el desarrollo de la escultura vanguardista del XX, es ésta una historia que no ha suscitado la atención que merece, ni en lo que se refiere a publicaciones ni en el terreno exhibitivo

Maternidad (izquierda) y Formas en el desierto, 1934-1937, de Alberto Sánchez.-A pesar de las aportaciones cruciales de los artistas españoles para el desarrollo de la escultura vanguardista del XX, es ésta una historia que no ha suscitado la atención que merece, ni en lo que se refiere a publicaciones ni en el terreno exhibitivo. Ha habido, desde luego, honrosas excepciones, que cobran una mayor importancia dramática cuando el objeto de estudio y de exhibición se ha centrado en el estudio de la escultura española del primer tercio de la citada centuria, precisamente el de la muestra que ahora comentamos, que ha contado con el comisariado de Carmen Fernández Aparicio, responsable de las colecciones de esculturas e instalaciones del MNCARS, la cual ha escrito para el catálogo de la misma un enjundioso ensayo, al que hay que sumar los complementarios textos de otras dos autorizadas especialistas en el tema: Adelina Moya y Josefina Alix, y un riquísimo apéndice documental con testimonios al respecto de Jorge Oteiza. Por lo demás, para dar una información del alcance y ambición de esta exposición, hay que señalar que reúne obras de los 23 escultores españoles más significativos del momento histórico y de los problemas reseñados en esta convocatoria.

La tesis de esta exposición tiene un diseño conceptual y cronológico muy claro, que pauta el proceso de modernización de la escultura española. Las claves conceptuales están formuladas explícitamente en los tres términos del título de la muestra: forma, signo y realidad, mientras que la secuencia cronológica está, por su parte, segmentada en tres momentos: el del alargado fin del siglo XIX, la década de 1920 y la de 1930. De esta manera, el punto de arranque recoge las primeras tentativas de los escultores españoles para responder al desafío de Gauguin y Rodin, pero también el consiguiente renacimiento del clasicismo, abriéndose a continuación el muestrario de la compleja y variada miscelánea de interpretaciones de orientaciones surrealistas y realistas. Por último, se revisa asimismo la experimentación de la escultura en hierro soldado, que, entre fines de los años veinte y durante los treinta, llevaron a cabo Pablo Picasso y Julio González, que liquidó la concepción de la escultura como bloque compacto a través del "dibujo en el espacio".

Con tan sólo lo hasta aquí apuntado se comprende que esta exposición se articula necesariamente sobre la bisagra de lo local y lo internacional, que afectó de manera particular a la vanguardia histórica de nuestro país en todos los niveles y especialidades artísticos, aunque quizá cobre una mayor singularidad desde la perspectiva de la escultura, no sólo porque es un arte que se rehace por completo durante la primera mitad del XX, sino porque, en consecuencia, la casuística del debate local está cargada de un sinfín de matices, cuyas consecuencias se dejaron sentir todavía con bastante fuerza en la segunda mitad de este mismo siglo.

Aunque en este comentario se debe obviar por fuerza la inteligente urdimbre con que se ha presentado este nada fácil asunto en la exposición, creo que es imprescindible resaltar, por una parte, la estupenda selección de obras, y, por otra, el sobresaliente montaje de las mismas, muy bien distribuidas en el maravilloso espacio del Museo Oteiza. Están, por supuesto, algunas de las esculturas más conocidas y prácticamente la totalidad de los autores más decisivos, pero, entreveradas en este contundente entramado, hay piezas menos conocidas de calidad emocionante, como, por ejemplo, las de Daniel González y A. García Lamolla. En suma: se trata de una exposición ciertamente esencial desde el punto de vista de la historiografía del arte español del XX, pero que además se recorre con ese placer y avidez que te hace lamentar que se termine. Nadie que la pueda tener a su alcance se arrepentirá de girar una visita a esta exposición, albergada en uno de los museos más bellos e interesantes de nuestro país.

Forma, signo y realidad. Escultura española 1900-1935. Fundación Museo Jorge Oteiza. Calle de la Cuesta, 7. Alzuza (Navarra). Hasta el 19 de septiembre.

F. Calvo Serraller: Redescubrir la escultura española de vanguardia, EL PAÍS / Babelia, 4 de septiembre de 2010

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