sábado, 23 de octubre de 2010

Licencia para fotografiar

Niños saludando desde lo alto de la cibeles.Estos jóvenes saludan con el brazo en alto desde la estatua de La Cibeles, que había permanecido cubierta durante los días de la Guerra Civil por el ejército republicano. La foto está fechada el 29 de marzo de 1939. Con la llegada de los años del plomo y la represión, de la "muerte de la inteligencia", los reporteros gráficos que documentaron y arengaron a las tropas republicanas con sus fotos en la prensa, tuvieron dos opciones: huir, como Agustí Centelles (1909-1985), o quedarse y camuflarse con nuevas ropas, como hizo Martín Santos Yubero (1903-1994). El fotógrafo madrileño, tras la derrota militar de la República, fue generosamente obsequiado con el carnet oficial de prensa del régimen franquista, que se encargaría de cerrar tantos periódicos y revistas que de 2.000 editados en la República, quedaron en 87, en 1945 (de ellos más de la mitad oficiales).

Su reingreso en el diario Ya fue el mismo día de la caída de Madrid, el 28 de marzo de 1939, y tuvo pase especial emitido por el general Andrés Saliquet para moverse libremente entre las tribunas del primer desfile de la Victoria, el 19 de mayo del mismo año. El mismo Santos Yubero que retrató el Madrid republicano, que corrió libre por los frentes de la defensa del Gobierno legítimo, se convirtió en uno de los decanos de la nómina de reporteros oficiales del momento y eso le otorgó un archivo único: nunca nadie estuvo tan cerca de un besamanos de Franco, nunca nadie en la plaza de toros de las Ventas con las tropas nazis desfilando o a los pies de la Cibeles, enterrada entre sacos terreros por el ejército de la República para protegerla, desenterrada por el Madrid fascista.

Santos Yubero no tardó, por tanto, en calzarse las nuevas ropas a las que fueron obligados vestir los periodistas gráficos, gracias a una norma que ejecutaron las nuevas autoridades y su obsesión por controlar a la prensa: los reporteros debían vestir uniformes de inspiración castrense, diseñados por los estilistas de Falange Española.

"Fue un hombre de la situación: cuando tocaba la República, republicano; con la guerra, anarquista; cuando tocó la Dictadura, falangista", cuenta Publio López Mondéjar, comisario de la exposición El Madrid de Santos Yubero. Crónica gráfica de medio siglo de vida española, 1925-1975, que abrirá sus puertas este sábado en la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid. López Mondéjar ha trabajado durante más de dos años entre los aproximadamente 500.000 negativos conservados en el Archivo Regional de la CAM, por los que en 1988 el Gobierno del entonces presidente de la región, Joaquín Leguina, pagó 1.750.000 pesetas.

"A algunos no nos hizo mucha gracia aquella orden", recordaba Santos Yubero en 1981 sobre su nueva vestimenta. "Pero la verdad es que casi todos llegamos a vestir aquel uniforme con correajes. Yo lo llevé unos cuantos meses. Recuerdo que el propio director del Ya me envió una carta indicándome la obligación de llevarlo, y hasta me indicaba la sastrería a la que debía ir para que me lo confeccionasen. Por supuesto, el uniforme lo pagaban los propios periódicos. Al final, acabé acostumbrándome a ver a mis compañeros con aquellos abrigos que parecían de campaña".

Hasta en la cocina

Lo cierto es que, tal y como asegura López Mondéjar, "esta sorprendente militancia del fotógrafo en la Segunda Centuria de Falange, le permitió estar presente en lugares tan inaccesibles entonces para los fotógrafos como las prisiones de la ciudad, que conocía bien gracias a su cercanía con el enigmático líder de la FAI, Melchor Rodríguez".

Isabel Rosell, actual directora general de Archivos, Museos y Bibliotecas, anunció hace un par de años la intención del Gobierno regional de rescatar el maravilloso archivo, olvidado desde su adquisición, enfrascado en los pormenores de la catalogación. La exposición del trabajo de Santos Yubero durante 50 años en Madrid es testigo de los cambios sociales y políticos del país, y saca a la luz imágenes inéditas hasta el momento de la guerra y la posguerra a las que ha tenido acceso este periódico.

Antes de cambiarse la chaqueta para sobrevivir en una ciudad con nuevos colores, desarrolló una actividad vertiginosa como reportero en los frentes de la sierra, Casa de Campo y Ciudad Universitaria. Pero las carencias del material fotográfico adecuado de los reporteros españoles que recurrían a sus antiguas y pesadas cámaras de placas les dejaban en clara desventaja frente a los Capa, Chym, Opless, Taro, Hans Namuth o George Reisner: "Lo peor era saber que junto a nosotros trabajaban muchos reporteros extranjeros con sus Leicas y película de sobra. Los enviaban sus periódicos perfectamente equipados y hasta me temo que a algunos los trataban los mandos militares y los comités obreros mejor que a nosotros", cuenta el comisario de la exposición que le dijo Martín Santos Yubero en entrevistas que mantuvo con él.

"A mediados de 1937 nos quedamos casi totalmente sin material fotográfico, sin películas, reveladores, ni papeles, ni nada. Así es que nos vimos forzados a un paro obligatorio por la escasez de material", recordaba el fotógrafo.

La mayoría de sus fotografías de guerra aparecieron publicadas en el ABC, subtitulado entonces como Diario Republicano de Izquierdas, aunque ya venía colaborando con este periódico desde 1931. De hecho, Santos Yubero encontró dificultades para trabajar en el frente republicano por su vinculación profesional con la Editorial Católica.

De ahí que los días que siguieron al golpe de Estado contra la República no fueran los más felices para este fotógrafo: estuvo detenido un par de semanas por su presunta participación en el Movimiento. "Siempre se había recelado de las imágenes exclusivas del asesinato de Calvo Sotelo, por lo que no dejaron de interrogarme por mi posible colaboración con su partido político. Menos mal que encontré pronto la ayuda de Indalecio Prieto, que hizo lo que pudo para que fuese puesto en libertad", según contó el reportero.

Una vida intensa

Con la ayuda de la documentalista Lucía Laín, Publio ha hurgado entre las cientos de miles de fotografías, que Santos Yubero se atribuyó a pesar de trabajar con un nutrido equipo, a los que retiró la firma de sus fotos para que todo quedara a su nombre. Recuerda el historiador que el propio fotógrafo afirmó en más de una ocasión que con aquellas severas restricciones de libertad de la Dictadura era imposible realizar un trabajo digno. Confesaba, ya jubilado, que los mejores momentos del reporterismo gráfico español del siglo XX habían sido los de la República y la Guerra Civil.

Los peores fueron los del franquismo, cuando Santos Yubero tuvo el privilegio de retratar sin restricciones la nueva España, o casi: "Todo eran tomas de posesión, inauguraciones, homenajes y cosas así. Yo traté de librarme de aquella rutina haciendo cosas de teatro [su primera vocación antes de comprarse una cámara de fotos a los 20 años de edad] y de toros que tenían cierto interés, como el libro que hice sobre Manolete. No es que fuera nada apasionante, pero al menos me sentía en mi ambiente, rodeado de toreros y de gentes del espectáculo" y de cientos de brazos en alto saludando al caudillo antes de empezar la corrida.

Peio H. Riaño, Madrid, Licencia para fotografiar, Público, 22 de octubre de 2010

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