jueves, 14 de octubre de 2010

Una exposición evidencia la influencia de Edgar Degas en la obra de Picasso

La huella de la influencia del artista impresionista Edgar Degas en la obra de Pablo Picasso se puede ver desde hoy en el Museo Picasso de Barcelona en una exposición que rastrea, a partir de un centenar de obras de ambos, casos concretos que evidencian esa incidencia y "ciertas afinidades" comunes. Una persona contempla las obras "La nana" 1901, de Pablo Picasso y "Joven bailarina" (1879-1881), de Edgar Degas, que se exhiben en el Museo Picasso de Barcelona Organizada conjuntamente con el Sterling & Francine Clark Art Institute de Williamstown (EEUU), la exposición, que estará abierta al público hasta el 16 de enero próximo, se inscribe en la línea de trabajo iniciada por el museo barcelonés dirigida a la creación de nuevos discursos y contextos.

En esta ocasión, el especialista en Degas Richard Kendall y la experta picassiana Elizabeth Cowling presentan en la exposición ejemplos bien documentados de las respuestas directas del malagueño a las creaciones del francés. El trabajo de los comisarios ahonda en los intereses paralelos de los dos artistas por temas que abarcan desde la moderna vida urbana hasta las figuras de la danza, pasando por actividades íntimas como el baño o por la afición común por la fotografía y la escultura. La muestra incluye además, según Kendall, "el primer análisis exhaustivo del compromiso de Picasso con el arte de Degas en los últimos años de su vida, cuando adquirió diversos monotipos de burdeles del pintor francés y reconvirtió algunos de ellos en grabados propios".

Cuando Picasso se instala en el edificio del Bateau-Lavoir de Montmartre en 1904, se hallaba a pocos minutos de distancia del estudio de Degas, pero nunca llegaron a conocerse en persona, a pesar de que tenían amigos comunes. La exposición examina a Degas a través de los ojos de Picasso y el modo en que la respuesta del artista español evoluciona con el paso del tiempo, "de la emulación a la confrontación y de la parodia al homenaje", ha subrayado Kendall. Para Elizabeth Cowling, "ambos compartieron su explotación de la técnica" y desde un punto de vista temático "su obsesión de toda la vida por las mujeres, plasmada en sus retratos de amigas y en sus innumerables representaciones del desnudo femenino".

Sin embargo, en la vida real tuvieron una actitud diferente ante la mujer pues, como recuerda Kendall, "mientras Picasso tuvo muchas novias, amantes, esposas y convirtió el sexo en una temática específica de su arte, Degas no se casó nunca, tuvo muchas amigas íntimas, pero que no fueron parejas, hasta el punto de que se ha especulado sobre su posible homosexualidad". Al respecto, la comisaria apunta que la actitud de Degas ante las mujeres fue más la de un voyeur, algo que encontraremos en la obra del Picasso nonagenario. El recorrido expositivo se inicia con la primera época del joven Picasso, cuando recibía una formación académica muy similar a la de Degas, cuyo arte conoció por primera vez en Barcelona.

Cuando llega a París a principios del siglo XX, el malagueño comienza a responder directamente a la imaginería de la vida moderna de Degas: en cuadros como "El final del número" (1901) rindió homenaje a las escenas de café concierto de Degas. Uno de los enfrentamientos más dramáticos en este período es el que se produce entre la polémica obra maestra de Degas "En un café (La absenta)" y el "Retrato de Sebastià Sunyer Vidal", de la época azul de Picasso. El paralelismo en el interés por la danza queda bien ilustrado con la yuxtaposición de la emblemática escultura de Degas "Joven bailarina de catorce años", considerada "escandalosamente radical" en su día, con el "Desnudo amarillo" de Picasso, que anuncia el cubismo, destaca Cowling.

Picasso heredó y transformó otro de los temas favoritos de Degas, las mujeres bañándose y peinándose, al que volvió en repetidas ocasiones a lo largo de un período de más de cincuenta años. La exposición revela que los dos artistas exploraban este íntimo mundo femenino en todos los medios y formatos, que van desde el más diminuto al más monumental: El escultural cuadro de Picasso "Mujer peinándose" (1906) se presenta al lado de dos óleos de Degas "El peinado", de tonos rojos y rosados, y la inmensa y aparentemente inacabada "Mujer desnuda secándose".

A finales de la década de 1870, Degas creó una serie de monotipos que representan a prostitutas y a sus clientes en los burdeles, de los cuales Picasso adquirió nueve para su propia colección. Hacia el final de su vida, el artista español dialogó con estos monotipos directamente en una serie de aguafuertes humorísticos y patéticos, en los que el propio Degas aparece personificado como un cliente cauteloso e inhibido, pero fascinado. En esos últimos años, Picasso, remarca la comisaria, no esconde una "afinidad psicológica" por Degas, al que identifica a menudo como un calco físico de su padre. La exposición concluye con esta serie y con el retrato de Degas pintado por Picasso en 1968 como homenaje al maestro impresionista.

Jose Oliva, EFE, Barcelona: Una exposición evidencia la influencia de Edgar Degas en la obra de Picasso,
La Vanguardia, 14 de octubre de 2010

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