lunes, 30 de enero de 2012

Las cuatro columnas del Palau de la Generalitat, 1.900 años de historia

La roca de granito que pica el cantero de Troya es una verdadera mole. Es lógico. De ella tiene que salir una columna de unos seis metros de altura y de unas veinte toneladas de peso. Su destino, al otro lado del Mediterráneo, es la Tarraco romana, donde dicha columna de granito, junto a otras, terminará por levantarse en el foro provincial coincidiendo, probablemente, con la estancia del emperador Adriano en la ciudad. Pero por todopoderoso que se creyera el emperador, ni él ni nadie podrían haber aventurado, en aquel siglo II d.C. que cuatro de esas mismas columnas llegadas de Troya seguirían presidiendo –unos 1.900 años más tarde– la fachada principal del palacio de una institución llamada Generalitat de Catalunya, en Barcelona.

Ésta es la historia de esas cuatro columnas que, esculpidas hace casi dos mil años, siguen cumpliendo su cometido en la plaza de Sant Jaume. Las investigaciones llevadas a cabo durante años por el Institut Català d'Arqueologia Clàssica (ICAC) han permitido reconstruir este largo viaje en el espacio y en el tiempo. "Este es un buen ejemplo de cómo, antiguamente, la reutilización de materiales arquitectónicos era la cosa más habitual del mundo y a nadie se le ocurría mandarse construir una columna si por allí cerca ya las había antiguas y en buen estado", razona Jordi López, investigador del ICAC.

Las columnas romanas que jalonan la entrada de Palau. Marc Arias Las columnas de granito de la región de Troya (la Tróade), en la actual Turquía, fueron, durante siglos, algunas de las manufacturas arquitectónicas más conocidas del Mediterráneo. "Se consideraba este granito un material perdurable y de mucha calidad, y no hay que perder de vista que los patricios romanos que aspiraban a un cierto estatus social siempre intentaban utilizar materiales que les sirvieran para poner de relieve su poder", reflexiona Isabel Rodà, directora del ICAC. Como sucede hoy en día, no todos los materiales tenían la misma consideración. No era lo mismo un cotizadísimo porfirio rojo egipcio que cualquier otro mármol. Según qué materiales –y el granito de la Tróade es uno de ellos– eran, pues, una verdadera exhibición de poderío social y económico.

De ahí que los 45 fustes de granito de la Tróade documentados hasta la fecha en Tarragona –todos ellos, además, de dimensiones similares– lleven a suponer a los investigadores que fueron importados para un mismo conjunto arquitectónico de una gran magnitud y relevancia institucional. No todos tenían la capacidad económica de costear el transporte, vía marítima, de una cantidad tan elevada de columnas de grandes dimensiones, que ya llegaban completamente terminadas (prefabricadas, que diríamos hoy).

La principal hipótesis de los investigadores del ICAC, a falta de pruebas concluyentes, es que todo este conjunto de columnas viajeras debió de llegar a Tarraco con motivo de la estancia del emperador Adriano en la ciudad, que tuvo lugar durante el invierno del 122-123 d.C.

El destino de los fustes habría sido el foro provincial y, más concretamente, el templo dedicado al emperador Augusto, restaurado en aquella época. Coronaban las columnas capiteles de mármol del Proconeso, en la actual Turquía.

Sea como fuere, Roma se vino abajo y con el paso del tiempo las columnas imperiales eran un material demasiado valioso como para ser desaprovechado. "Sabemos gracias a algunas noticias antiguas que algunas de ellas fueron utilizadas en la construcción de una iglesia, hoy desaparecida, en la zona de Sant Pere Sescelades, unos kilómetros al norte de Tarragona", cuenta Isabel Rodà.

Fue en el siglo XVI cuando las columnas troyanas de esta primigenia iglesia empezaron a ser reutilizadas y así fue como, en el año 1598, cuatro de ellas fueron trasladadas hasta Barcelona para presidir la fachada del palacio de la Generalitat.

"Es evidente que detrás del traslado a Barcelona se encuentra Pere Blai, que es el arquitecto a quien se encarga el diseño y las obras de la fachada del palacio que da a la plaza de Sant Jaume", asegura Jordi López. Hasta aquella fecha, pese a haber nacido en Barcelona, Pere Blai, considerado el mayor exponente de la arquitectura renacentista en Catalunya, había desarrollado la mayor parte de su carrera en las comarcas de Tarragona. Blai conocía bien la ciudad de Tarragona y la antigua iglesia de Sant Pere Sescelades, de donde, en 1582, ya había sacado dos de sus columnas romanas para colocarlas –y ahí siguen– en la puerta de acceso a la capilla del Santíssim de la catedral de Tarragona.

Así pues, unos años más tarde, lo único que hizo el insigne arquitecto renacentista fue repetir la operación, pero con cuatro de los fustes llegados desde Troya, en lugar de dos, y en esta ocasión, con Barcelona como destino. El traslado de los cuatro fustes gigantescos se hizo por mar tras recibir la correspondiente autorización del Consejo Municipal de Tarragona.

Según el relato del historiador local José Sánchez Real (en su libro Obra menor III): "El día 9 de diciembre de 1598 recibieron los cónsules de Tarragona una carta de los diputados en la que se les decía que necesitando cuatro columnas para la portalada y teniendo noticia de la existencia de algunas en Tarragona, pedían que se las cedieran". Según este mismo historiador, las autoridades municipales de Tarragona accedieron a la petición que les llegaba desde Barcelona, siempre y cuando no se tocara ninguna de las columnas que tuvieran alguna utilidad en las construcciones de la antigua iglesia de Sant Pere Sescelades que todavía se mantenían en pie.

"Pere Blai necesitaba columnas bien conservadas y nobles, que le fueran bien para una obra solemne como la que se le había encomendado, y las encontró en Tarragona, algo que además resultaba mucho más barato que construirlas de nuevo", reflexiona la directora del ICAC. Y ahí siguen, en una plaza de Sant Jaume que poco se parece, eso sí, a la de la época, que era mucho más pequeña.

En la Tarragona de hoy en día, columnas troyanas hermanas de las cuatro del palacio de la Generalitat pueden observarse en el Passeig Arqueològic y hasta en algún parterre, como elemento decorativo. Es el caso de los cuatro fragmentos de granito que decoran una gran rotonda frente al hotel Imperial Tarraco y con vistas al Mediterráneo y al anfiteatro. Testimonios todos ellos, ya sea de relleno en una rotonda o en palacios ilustres, de una historia que arrancó hace casi dos mil años en una cantera de la Tróade, cuando los romanos dominaban todo un imperio.

Toni Orensanz: Las cuatro columnas del Palau de la Generalitat, 1.900 años de historia, La Vanguardia, 30 de enero de 2012

jueves, 5 de enero de 2012

Ojos en el Magreb

MOHAMED EL BAZ.105.Bricolaje de lo incurable. Detalles. Never Basta, 2011. Galería Jean Gabriel MitterrandRivalidades y comercio, invasiones, migraciones, dependencias e independencia, expolio y sometimiento. Pero también miles de sutiles signos de convivencia y de mutua contaminación cultural. Lo cierto es que la relación entre las dos orillas del Mediterráneo no ha sido fácil. La incomunicación, en el más amplio sentido, es quizá el signo de un frustrante intento de comprenderse, de convivir, de identificarse. En lo que se refiere al arte, el deseo de alcanzar el paso de la modernidad occidental llevó a muchos pintores del Magreb a adoptar la pintura sobre lienzo y adaptarse a los movimientos en boga, ajena a sus prácticas artísticas tradicionales. Pero algo no cuajaba del todo. No ha sido hasta hace un par de décadas, y en particular en los últimos años, cuando ha surgido con fuerza una pléyade de artistas del norte de África con propuestas intensas y propias, con lenguajes plásticos maduros. Ahora la globalización ha conseguido que esa ancestral incomunicación quede de lado. La exposición Magreb dos orillas, que está en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 15 de enero, da pruebas de que en esa región hay artistas con muchas cosas qué decir y capacidad para expresarlas.

6. Bouderbala radio5 La mayoría de ellos ha pasado por la experiencia de la emigración, algunos viven en Europa e incluso han nacido allí. Y es quizá esa experiencia la que articula su discurso, integrando los dos mundos. Hay una visión crítica y también reivindicativa. El video Miopía de la tunecina Nicène Kossentini juega en tres pantallas con el ojo, el pastor y las cabras, integrando el paisaje al hecho y al acto de observar. El marroquí Mohamed El Baz (foto superior) incendia las cabezas de sus personajes o enciende la realidad con unas letras de neón rojo. Meriem Bouderbala (foto inferior) hace una simbiosis de su doble identidad oriental-occidental a través de autorretratos que la radiografían como odalisca, lo íntimo y lo que se revela a los ojos de lo demás. La presencia de la espiritualidad se deja sentir en las piezas de Mounir Fatmi, de complejas caligrafías en soportes como hojas de sierra circulares. También las obras de Yazid Oulab respiran la poética sufí, convertida en humo, y la de Younès Rahmoun evoca un derviche giróvago a través de un cono de luz. La arquitectura también es un tema que interesa a artistas como Chourouk Hriech y sus construcciones ornamentales que suben por las paredes, o los óleos de Driss Ouadahi que contraponen vistas urbanas con estructuras superpuestas en busca de la vibración del color. Es una exposición que abre un abanico habitualmente cerrado en los circuitos de arte. Quedan pocos días para verla, vale la pena darse prisa.

Magreb dos orillas. Círculo de Bellas Artes. Alcalá, 42. Madrid. Sala Picasso. Hasta el 15 de enero.

Fietta Jarque: Ojos en el Magreb, EL PAÍS / Papeles perdidos, 4 de enero de 2012

lunes, 2 de enero de 2012

Un olímpico espectáculo

Con un estadio vestido, temporalmente, para la ocasión y una piscina olímpica reconvertida en piscina de barrio, Londres anuncia unos Juegos Olímpicos sostenibles, sencillos y, sin embargo, memorables. Será la cercanía a la gente y la utilidad del evento el día después -el 10 de septiembre, cuando hayan terminado los Juegos Paralímpicos- lo que determine el valor de tanto esfuerzo para terminar de regenerar el este de la capital británica.

Una proyección virtual del centro acuático de Zaha Hadid para los Juegos de Londres.

Con todo, más allá de los fastos, toda celebración es simbólica, y la arquitectura que dibujarán los próximos Juegos tiene una gran dosis alegórica. Por un lado supone el regreso de la hija pródiga Zaha Hadid que, tras vivir 35 años en Londres, es por fin reconocida en su ciudad. Su Centro Acuático será la puerta del recinto olímpico y es, casi, su primer edificio en la capital, tras el colegio Evelyn Grace de Brixton, por el que recibió el premio Stirling en 2011. Por otro, unos Juegos Olímpicos son un escaparate abierto al mundo. Y no es asunto baladí que, en esta ocasión, dos olvidados de la arquitectura británica, Hadid y Peter Cook, exmiembro del colectivo pop Archigram, hayan firmado las piezas más destacadas. Algo así parece pensar el alcalde Boris Johnson cuando asegura que el estadio, que ha diseñado Cook junto al estudio Populous, "será el edificio más visto de la historia". Y eso que, frente a la opción maximalista que Ai Wei-wei y Herzog & De Meuron exhibieron en Pekín, el recinto londinense es liviano y nació con la ambición de ser desmontable. Sin uso asignado todavía, tras ser rechazado como sede del West Ham, que permanezca ya no se discute. Lo que se discute es si la arquitectura debe aprender del arte o el arte de la arquitectura. La vecina escultura de Anish Kapoor, Arcelor Mitta Orbit, levantada por el ingeniero Cecil Balmond para "competir con la Torre Eiffel" tiene mucho que aprender de la ligereza y la naturalidad del estadio de Cook, un arquitecto de obra escasa pero de profunda trascendencia.

En una arquitectura hecha con realidad, ideas, restos e ingenio trabajan cada vez más colectivos que no están dispuestos a que la sostenibilidad se convierta en una etiqueta estéril y hacen del reciclaje y la reutilización de contenedores o solares vacíos su trabajo cotidiano. Crecerá el número de grupos como Zuloark, Straddle3 o La Creativa dedicados, en España y en Latinoamérica, a indagar en esa arquitectura.

Una proyección virtual del centro acuático de Zaha Hadid para los Juegos de Londres.-

Frente a las ilusiones y la fiesta, la otra cara del año continuará siendo poderosa, pero ha optado por la discreción. Silenciando sus festejos, los grandes acaparadores de premios en la década pasada son hoy los grandes cuestionados. Ley de vida. Con todo, es natural preguntarse si el antiguo héroe Rem Koolhaas puede seguir dando lecciones de democracia y progresismo mientras firma con una mano el edificio más representativo de Pekín y con la otra el cuartel general de Rothschild en la City de Londres. Juzgando arquitectura sin contexto, el rascacielos es discreto y, lejos de competir con las torres cercanas, elige servir de fondo para la pequeña iglesia St. Stephen Walbrook que había permanecido oculta durante dos siglos. Puede que el hecho de que los banqueros hagan visible lo perdido sea un signo de los tiempos.

Entretanto, el panorama invita a trabajar desde la escasez. Son muchos los profesionales que, como Francis Keré en Burkina Faso, Mass Design Group en Ruanda o Anna Heringer en Bangladesh, llevan ventaja en esa búsqueda. ¿Sabrá valorarla también el jurado del Pritzker, que dejó sin premio al ya fallecido arquitecto egipcio Hassan Fathy pero está a tiempo de galardonar al brasileño Lelé (João Filgueiras Lima)?

Anatxu Zabalbeascoa, Madrid: Un olímpico espectáculo, EL PAÍS, 2 de enero de 2012

A modo de justificación...

Recomedamos también
El presente blog pretende ser un compendio de los artículos, y publicaciones recogidos en los medios de comunicación (escritos y audiovisuales), principalmente de España, para el estudio de la Historia del Arte. Aspira a ser una guía complementaria para su conocimiento y una referencia para la reflexión y análisis del mundo que nos rodea para difundir la defensa del patrimonio a futuras generaciones. Tuvo su origen a comienzos de junio de 2007, como blog de aula en la materia de Historia del Arte, para la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales de 2º de Bachillerato en el I.E.S. Carbula de Almodóvar del Río (Córdoba). Pero la idea fue creciendo y adquiriendo una dimensión inesperada. Ahora, en un nuevo destino profesional deseamos continuar la experiencia, manteniendo la identidad, para poder alcanzar a nuestros alumnos, en su forzado contacto con la materia, y con el público en general, para que profundice en los entresijos de un aspecto de la civilización de gran calado.