jueves, 23 de agosto de 2012

Eduardo Chillida, diez años sin el constructor de silencios

Eduardo Chillida solía decir que la escultura no existe sin el vacío, de la misma forma que tampoco la música lo sería jamás sin el silencio. De ahí que sea en la ausencia física del escultor vasco cuando su presencia artística se revela aún más imponente. Inquebrantable al paso del tiempo y del espacio, aquel que sus manos de portero de la Real Sociedad y de joven estudiante de Arquitectura se ocuparon de forjar,Chillida ha dejado una estela de creación inmortal que trasciende lo académico y ocupa su sitio en el imaginario colectivo universal.

El peine de los vientos, obra de Chillida
El peine de los vientos, obra de Chillida
Hoy, cuando se cumplen diez años de su desaparición, familiares y amigos le rinden homenaje en Chillida-Leku velando por que la «utopía», el sueño anhelado de sembrar un bosque de hierro, vuelva a abrir sus puertas al gran público más pronto que tarde. Será un brindis poético al hombre y al genio, al que las gentes de la cultura han dedicado «100 palabras para Chillida», glosadas en un recopilatorio impulsado por su hija Susana.

Allí, bajo el magnolio donde descansa junto a Joaquín, jardinero y amigo inseparable, el maestro es testigo privilegiado de su huella imborrable. El espíritu de este genio del Renacimiento tardío, prolífico y polifacético, conduce al observador al encuentro de sus gigantes, en esa búsqueda infinita del hombre por la esencia de lo que nos rodea. La pregunta martillea a cada paso. ¿Cómo es posible que Chillida-Leku, el lugar donde la creación de nuestro escultor más nombrado cobra todo su sentido poético, no halle una solución para su reapertura?

«Soy como un árbol»

«Yo quiero que mi obra quede aquí», determinó el artista al adquirir, junto a su mujer, Pilar Belzunce, el caserío Zabalaga de Hernani en el año 1983. «Soy como un árbol, con las raíces en un país y las ramas abiertas al mundo», se decía el Premio de la Bienal de Venecia en 1958. Y un feliz día del año 2000, cuando la enfermedad amagaba ya con dejarle sin memoria, aquellas fértiles campas de Chillida-Leku se convirtieron al fin en bosque animado. Pero una década después, en enero de 2011, la familia, que desde un principio llevó las riendas de un modelo de gestión privada deficitario, tomó la dolorosa decisión de poner vallas al campo de los sueños del artista tras lanzar sucesivos aldabonazos a las instituciones, a las que siempre han requerido una mayor implicación y esfuerzo para preservar el legado de uno de los grandes autores españoles del siglo XX.

«Chillida-Leku no está cerrado, pero lo que no podíamos hacer era mantener un museo como un servicio público», aclara Luis Chillida, hijo y hasta ahora director del centro, que continúa recibiendo a estudiosos, coleccionistas y entusiastas de su obra venidos de todo el mundo. Luis, junto a sus siete hermanos, asume el deber moral de defender la casa del padre y cultivar su obra, tan prestigiada en Alemania, Estados Unidos o Asia.

Lo cierto es que, año y medio después, no se vislumbra ninguna salida y los contactos entre familia y Gobierno Vasco están bloqueados. «No hemos perdido nunca la esperanza de reabrir, pero queremos una solución de futuro para garantizar que aquello en lo que trabajó el aitá los últimos veinte años de su vida permanezca donde y como él quiso», señala el hijo, sin ocultar tampoco que la profundidad de la crisis actual amenaza todo intento de arrimar dinero público a la cultura.

En Chillida-Leku descansa una parte importante de la obra de este creador insaciable, que forma parte del paisaje natural de ciudades como Berlín, París, Múnich, Madrid, Houston o su querida San Sebastián peinada al viento. El déficit del museo movió a la familia a subastar doce piezas en Florida a finales de 2010, las primeras desde la muerte del artista. Aunque asegura que aquello fue puntual –«la venta de obras no es prioridad»–, Luis Chillida constata el enorme tirón de su apellido en el mercado del arte, y que hace que al caserío de Hernani le hayan salido numerosas «novias» en forma de inversores extranjeros.

Un soñador

«Chillida fue un grandísimo soñador. Algunos proyectos quizá fueran utópicos, como la propia Tindaya –reconoce Luis–. Pero nuestra responsabilidad es cuidar de su legado para que se perpetúe». Se refiere así al otro gran sueño inacabado del artista, que visionó el vacío interior de una montaña sagrada de Fuerteventura, y que acabó convirtiéndose en pesadilla, con líos judiciales y contestación de los ecologistas.

Un cuarto de siglo después, y solventada la declaración de impacto medioambiental, Tindaya sigue parada a la espera de encontrar una empresa que realice la obra a cambio de su gestión futura. Otra vez la maldita crisis. «Prisa ya no hay, porque el aitá no está, pero lo que se haga debe hacerse bien», señala Luis, que destaca la enorme vigencia de Chillida diez años después. «Nuestro padre sigue presente. Incluso nos cuesta hablar de él en pasado. Fue un ejemplo. No es tal el vacío… Chillida queda en nosotros y quedará en las generaciones sucesivas», concluye Susana.

Chillida en el almacén del Reina Sofía

En el décimo aniversario de su muerte, sorprende la falta de una programación específica sobre la obra y figura de Chillida en los principales museos de arte contemporáneo españoles. Han sido los hijos del artista donostiarra, referente del arte español del siglo pasado, los que han impulsado su propio plan de actividades en 2012, que incluye exhibiciones internacionales en Alemania, Francia y Reino Unido.

En España, los hitos expositivos se limitan a una doble muestra en Menorca, donde fijó su residencia estival, y otra exposición en el Museo ABC, donde este otoño podrá verse una colección con sus logos e ilustraciones. La familia no oculta su decepción por el escaso interés mostrado por instituciones como el Reina Sofía, que ya albergó una antológica del escultor vasco en 1998, pero que este año no ha previsto ningún guiño a Chillida para conmemorar su efeméride. «Si le soy sincera, no lo puedo entender», concede Susana Chillida, hija del artista. «Una cosa es que no tengas obras, pero en este caso el Reina Sofía tiene verdaderas maravillas de nuestro padre, joyas de valor incalculable que no están expuestas al público. Ahora mismo solo hay una pieza visible. Comprendo que quien dirige el centro es libre de decidir, pero creo que Chillida no está bien representado. Y desde luego, no se merece que lo tengan en un almacén».

Itziar Reyero: Eduardo Chillida, diez años sin el constructor de silencios, ABC, 20 de agosto de 2012

domingo, 19 de agosto de 2012

Rehabilitacion de Santa María la Blanca, el templo de las tres religiones, en Sevilla

Óscar Gil muestra uno de los muros organizadores de la sinagoga
Óscar Gil muestra uno de los muros organizadores
de la sinagoga
Unos hallazgos con un enorme potencial. La segunda fase de la rehabilitación de la iglesia de Santa María la Blanca, en el barrio de la Judería, está deparando importantes sorpresas. Es la primera vez que se excava en el subsuelo de esta joya de la arquitectura y ya se han podido constatar restos físicos de la primitiva mezquita y de la posterior sinagoga judía. Los arqueólogos llevan apenas tres semanas trabajando sobre el terreno. Todavía barajan todas las hipótesis posibles pero, sin lugar a dudas, destacan la gran importancia histórica de estos hallazgos que contribuirán a comprender mejor la historia del edificio y del urbanismo de esta importantísima zona de la ciudad. 

"Es la primera vez que se excava en el subsuelo de la iglesia y estamos viendo sitios de paso, puertas y otros elementos. Parece que vamos localizando las reformas que se hicieron en la sinagoga. Se tenían noticias por la documentación existente y libros, pero es la primera vez que aparecen los restos. Es todavía prematuro lanzar alguna hipótesis, pero hay muchos historiadores pendientes de nosotros y de lo que aquí se encuentre", explica Diego Oliva Alonso, arqueólogo que junto a Álvaro Jiménez Sancho se está encargando de los trabajos. 


Lo más importante de esta obra es que ha permitido a los profesionales trabajar en zonas interiores de la iglesia que hasta ahora eran inaccesibles. En los muros, gracias a que se han retirado los paños de azulejos para su restauración, se han encontrado arranques de lo que podrían ser arcos mudéjares, columnas o muros; incluso de la puerta de entrada de la primitiva mezquita, que ya vio la luz en su parte exterior durante una intervención anterior realizada por la Archidiócesis en la anexa casa del sacerdote. Tras retirarse la solería y remover el subsuelo para atajar los problemas ocasionados por las humedades, también han descubierto restos de muros y estructuras que delimitan claramente la fisonomía y dimensiones de la mezquita y la sinagoga. Uno de estos muros, situados a los pies del templo y que discurriría en paralelo a la actual puerta de entrada, sería signo de una posible organización dentro del templo judío. 

"El subsuelo nos está marcando claramente la mezquita. Yo pensaba que era algo diferente. Y también nos está confirmando los muros de la sinagoga", asegura Óscar Gil Delgado, el arquitecto de la restauración y una persona que lleva muchos años estudiando detenidamente la iglesia de Santa María la Blanca. Sería casi cuadrada, con unas dimensiones aproximadas de 12x12 metros: "Cuando en el año 2001 se hizo una obra en la casa del cura el arquitecto descubrió el arco de la puerta de entrada que estaba encalado. Una construcción anterior a la época mudéjar y que delataba una mezquita. Nosotros ya vimos ahí una posible organización de patio de entrada a la mezquita. Ahora se han descubierto estos paramentos en el interior, gracias a que hemos podido picar en los muros", revela Gil Delgado. 

La segunda fase de la restauración de la iglesia se centra en la azulejería, la solería y las humedades del
subsuelo. En la imagen se puede ver cómo se está actuando en las naves laterales
La primitiva mezquita sería modesta, "de barrio", probablemente fundada intramuros de la ciudad, seguramente ante una de las antiguas puertas de entrada. Tras la reconquista de la ciudad por parte del rey Fernando III, su hijo Alfonso mediante un Privilegio Rodado, cede a los judíos algunas mezquitas. "Está documentado. En este sector había tres. Luego se transforman en sinagogas judías, y fueron después las iglesias cristianas de San Bartolomé, Santa Cruz y Santa María la Blanca. Ahora hemos podido comprobarlo gracias a los restos hallados. El único templo de Sevilla que conserva restos de las tres religiones es Santa María la Blanca, lo que le concede un enorme valor", indica el arquitecto. Por su parte, el arqueólogo apunta la dirección de uno de los actuales hallazgos, siempre con todas las cautelas al encontrarse el estudio en una fase preliminar: "Parece que la mezquita sigue la dirección de las calles, por lo que habría un urbanismo previo establecido". 

Arco de entrada de la primitiva mezquita que salió a la
luz tras las obras llevadas a cabo en la casa del cura

La antigua sinagoga de Santa María la Blanca era probablemente la más importante de la ciudad. Estaba anexa al Palacio de Altamira, residencia de Yusuf Pichón, tesorero mayor del Reino de Castilla con Juan II. Sus dimensiones crecieron respecto a la mezquita y abarcarían la actual iglesia en su conjunto salvo las capillas laterales y la mayor. "Parece que vamos localizando las reformas de la sinagoga y las ampliaciones realizadas en tiempos de Pedro I", confirma Oliva. Otros restos de la sinagoga, como los arcos y la ventana saetera que se han podido sacar a la luz en los medios puntos que jalonan la cúpula, donde cuelgan las copias de los murillos, revelan que se trataba de un templo muy rico. "Toda esta parte mudéjar cobra ahora su importancia. Hay dos arcos con sus ventanas por cada intercolumnio. Esto indica que la iglesia mudéjar no se destruyó en la reforma del XVII. Los arcos inferiores de herradura, posiblemente del siglo XIV, pudieron ser limados para su adaptación al templo barroco. Hemos visto que cada dos arcos hay una ventana saetera que da al exterior. Todo encaja con la liturgia propia del templo judío", recalca Gil Delgado. 

La actual iglesia barroca es fruto de la gran transformación sufrida en el siglo XVII. La dirección facultativa y el párroco todavía no se han planteado qué harán con los restos que están apareciendo y si quedarán visibles para explicar la historia del templo. "Hay tiempo todavía para abrir ese debate y ver qué es lo que más interesa, si el testimonio mudéjar de la época judía o el barroco. Yo, y es una opinión muy personal, pienso que la impronta barroca de esta iglesia es muy importante como para ocultarla", concluye Gil Delgado.

Juan Parejo, Sevilla: Santa María la Blanca, el templo de las tres religiones, Diario de Sevilla, 18 de agosto de 2012

sábado, 18 de agosto de 2012

Leonardo se sienta a la izquierda de Jesús


Rafael se coló en su fresco tal vez más famoso, La escuela de Atenas. El maestro de Urbino aparece a la derecha, con un gorro negro, mirando hacia el espectador. Y Miguel Ángel también figura en su obra maestra, El juicio universal de la Capilla Sixtina, aunque solo sea en una piel desecha y deformada. En el fondo, dejar algo más que una firma para la eternidad era una opción frecuente y a la vez tentadora para los grandes creadores. Tanto que, según sugiere el estudioso Ross King, el propio Leonardo da Vinci también cayó presa del narcisismo: el británico sostiene que el maestro toscano se autorretrató en La última cena.

'La última cena', de Leonardo da Vinci.
'La última cena', de Leonardo da Vinci.

King, eso sí, insiste desde el principio en que la suya no es una “certeza categórica”, sino “una posibilidad”. Su castillo argumental se edifica principalmente sobre un fundamento algo sutil: un poema de aquel entonces de Gaspare Visconti. En sus versos, el hombre en cuestión se reía de un artista que tenía la costumbre de autorretratarse en sus cuadros. “Visconti y Da Vinci eran amigos, se conocían bastante bien. Y la broma solo tenía sentido y podía ser comprendida si referida a un pintor muy conocido”, cuenta King.

Para reforzar su hipótesis el estudioso subraya que el poema fue escrito en los mismos años en los que Leonardo terminó La última cena (1497-98), en una época, además, en la que ambos coincidieron en Milán a la corte de la noble familia de los Sforza. En concreto, King cree que Leonardo escogió al apóstol Tomás para mostrar sus rasgos a las generaciones venideras. Primero, porque el poema de Visconti se refiere a un artista que donaba sobre todo “su mímica y sus acciones” a sus personajes. Y “el gesto más frecuente para representar a Leonardo era el dedo apuntando”, justo la postura de Tomás en La última cena. La segunda razón es más bien filosófica: “Si Leonardo hubiera tenido que elegir un personaje, habría sido Tomás, ya que dudaba de todo”. Aunque en realidad, según King, el maestro no escogió solo al apóstol más escéptico. Santiago el menor también escondería un autorretrato de Leonardo: “Ambas figuras son extremadamente parecidas. La nariz grande, el pelo… Creo que usó el mismo modelo”.

Dos autorretratos de Da Vinci de un golpe. Bastante como para sacudir de polémicas por enésima vez el mundo del arte. Aunque lo cierto es que en la historia de King hay muchos si (si el poema de Visconti se refiere a Leonardo, si el maestro se retrató con el dedo apuntando, si Tomás y Santiago tienen el mismo modelo, etc…) y una sola certeza: el estudioso cuenta su hipótesis en un libro que va a sacar a la venta justo ahora. ¿Operación comercial? King se ríe: “Mire. Yo estaba en mi jardín y es usted quien me ha llamado. De todos modos, estoy interesado sobre todo en cómo reaccione la gente. A lo mejor ni siquiera contesta nadie. En el fondo sobre Leonardo hay una historia nueva cada dos días”.

He ahí una segunda certeza. El gran artista y sus creaciones fascinan desde hace siglos expertos y aficionados. Más aun, desde que se descubrió una nueva Gioconda y fue restaurada otra de sus obras maestras: Santa Ana. Sin embargo una niebla de misterio sigue cubriendo su vida, su arte, y hasta su rostro. “Lo más difícil para los que buscamos autorretratos de Leonardo es que no sabemos cómo era. Se pintó, muy probablemente, en la Adoración de los Magos, de los Uffizi. Y su alumno Francesco Melzi le retrató, de perfil, cuando ya estaba mayor. No hay más rastros de sus rasgos”, defiende King. Tal vez los haya enLa última cena. O tal vez no. A falta de más indicios que un poema, háganle caso a San Tomás: duden de todo.

Tommaso Koch, Madrid: Leonardo se sienta a la izquierda de Jesús, EL PAÍS, 17 de agosto de 2012

A modo de justificación...

Recomedamos también
El presente blog pretende ser un compendio de los artículos, y publicaciones recogidos en los medios de comunicación (escritos y audiovisuales), principalmente de España, para el estudio de la Historia del Arte. Aspira a ser una guía complementaria para su conocimiento y una referencia para la reflexión y análisis del mundo que nos rodea para difundir la defensa del patrimonio a futuras generaciones. Tuvo su origen a comienzos de junio de 2007, como blog de aula en la materia de Historia del Arte, para la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales de 2º de Bachillerato en el I.E.S. Carbula de Almodóvar del Río (Córdoba). Pero la idea fue creciendo y adquiriendo una dimensión inesperada. Ahora, en un nuevo destino profesional deseamos continuar la experiencia, manteniendo la identidad, para poder alcanzar a nuestros alumnos, en su forzado contacto con la materia, y con el público en general, para que profundice en los entresijos de un aspecto de la civilización de gran calado.