domingo, 28 de octubre de 2007

¿De qué se ríe Rembrandt?

Rembrandt ha vuelto a hacerle un guiño al mercado internacional del arte. En la subasta de cuadros más cara registrada fuera de Londres, un supuesto autorretrato del maestro holandés del Siglo de Oro acaba de ser vendido por 3,1 millones de euros. El hecho de que la obra, titulada El joven Rembrandt como Demócrito, el filósofo sonriente, se le atribuya a un colega sin identificar del siglo XIX no mermó el entusiasmo del comprador. En una reñida puja registrada en la localidad británica de Cirencester, al sureste de Inglaterra, el nuevo dueño, que permanece en el anonimato, alcanzó la millonaria cifra después de vencer a un tenaz rival. Una hazaña, porque el precio máximo de salida de la obra era de 1.100 euros.

El joven Rembrandt como Demócrito, el filósofo sonriente.

Como en toda buena historia de misterios artísticos que se precie, el autorretrato decoró durante varios años el domicilio de un sencillo ciudadano británico. Aunque antes de ponerlo a la venta éste se informó sobre sus orígenes, y los expertos apuntaron una mano posterior a Rembrandt como posible autora, la casa de subastas Moore Allen & Innocent decidió indagar por su cuenta. Phillip Allwood, el subastador, pidió consejo al Rijksmuseum de Ámsterdam, cuyos expertos centraron la obra en la época del maestro sin atribuírsela. Para no inducir a errores, el catálogo de la venta pública la describía como salida del pincel de un "seguidor", pintada al óleo sobre cobre y con el monograma HL en su superficie.

A pesar del celo puesto en todos los detalles, la puja definitiva resultó electrizante, y tanto el comprador como su contrincante no cejaron hasta poseerla. En palabras del propio Allwood, "se mostraron seguros de la autoría de Rembrandt y muy relajados a la hora de gastar el dinero".

Lo que la casa de subastas no sabía en el momento de la venta, celebrada el pasado viernes, es que un experto holandés llevaba varios días en vela por culpa del cuadro. Se trata de Jan Six, un historiador del arte que acaba de ser nombrado director de la casa de subastas Sotheby's en Holanda y está acostumbrado a contemplar rembrandts también en su tiempo libre. Como descendiente directo de otro Jan Six que fuera alcalde de Ámsterdam en el siglo XVII, el retrato de su antepasado es uno de los más famosos del pintor y cuelga en el domicilio familiar. En un gesto sin precedentes, su padre, llamado a su vez Jan Six, lo ha cedido a la galería Mauritshuis para una muestra que se celebra estos días en La Haya. Pues bien, el Jan Six experto en arte recibió, el pasado martes, una imagen del cuadro subastado "y se quedó sin habla de lo hermoso que es", según ha declarado al rotativo holandés De Volkskrant. En su opinión, podría tratarse de un auténtico rembrandt pintado en 1629, poco antes de que el artista se trasladara desde Leiden, su ciudad natal, a Ámsterdam.

Es más, el monograma del cobre no sería un simple HL, sino RHL. Esta nueva combinación de letras podría brindarle un brillante futuro económico al nuevo dueño. La R respondería al nombre propio del maestro, Rembrandt; la H es de Harmensz o hijo de Harmen, el padre del artista, y la L es por Leidensis, la villa de Leiden. Según las pesquisas de Jan Six, el autorretrato aparecería asimismo en uno de los tratados de Historia del arte más señalados de su clase. Se trata de la Iconografía Batava, del historiador del arte Ernst Wilhelm Moes. Publicada en 1897, lo describe como "una pieza perdida". Por todo ello, no se descarta que el comprador sea un marchante dispuesto a restaurar la obra y ponerla de nuevo a la venta. De ser así, y de establecerse la autoría de Rembrandt, podría obtener hasta 10 millones de euros con una operación que de momento parece una arriesgada apuesta.

Mientras esta parte de la historia se aclara, el autorretrato descansa en una entidad bancaria británica envuelto en papel de embalaje y una capa de plástico protector, además de una manta, tal y como lo dejaron tras la subasta. "Ahí estará hasta que el dinero de la compra sea ingresado en una cuenta bancaria. Seguramente, la próxima semana", dijo ufano el subastador Phillip Allwood, que señaló poco después del evento la originalidad de la obra. "Es uno de los pocos retratos de Rembrandt en los que aparece riendo. Y es también el primero de su clase vendido en esta parte del mundo", dijo. Lo segundo quedará sin duda para los anales de Moore Allen & Innocent. La sonrisa es otra cosa y se presta a múltiples interpretaciones. Si de verdad el maestro holandés se pintó así en recuerdo del filósofo presocrático griego, conocido por su extravagancia. Algo sin duda atractivo para un artista que en 1629, fecha apuntada para el cuadro, tendría 23 años y entraba en tromba en el panorama artístico.

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Cuadros de quita y pon

El supuesto autorretrato de Rembrandt recién subastado en Inglaterra tiene a su favor el trazo valiente propio del maestro holandés. En contra de su posible atribución oficial figuraría la ejecución del cabello, distinta a la suya. Una restauración poco delicada podría resultar también engañosa a la hora de averiguar si el artista se miró al espejo en 1629 y legó a la posteridad un pedazo de cobre titulado El joven Rembrandt como Demócrito, el filósofo sonriente.

Ninguno de estos detalles es ajeno a los problemas de autoría de la obra del pintor, que trabajó en un gran taller rodeado de alumnos que pintaban con su estilo. Rembrandt trabajó mucho a lo largo de sus 63 años de vida, sobre todo en retratos, pero no todos los cuadros salidos de su entorno llevaban su firma. Por eso, y porque entre tener un rembrandt o poseer una tela de un pupilo puede haber diferencias multimillonarias, se creó en Holanda en 1968 el denominado Proyecto Rembrandt.

Dedicado a establecer la autoría de la obra del artista, sus expertos han profundizado en el estilo, métodos de trabajo y contexto histórico del Siglo de Oro. Para los que creyeron tener un tesoro y no ser así, el trabajo de Ernst van de Wetering, responsable del Proyecto, resulta temible. Es el caso, por ejemplo, de un autorretrato del pintor propiedad de la galería británica Walker Art, de Liverpool. Fechado en 1630 y valorado en su día en unos 10 millones de euros, el equipo de Van de Wetering le arrebató la deseada firma rembrandtiana. Por el contrario, la reina Isabel II puede congratularse. Después de analizar las sucesivas capas de pintura añadidas en los siglos XVIII y XIX, un autorretrato de la colección real de Windsor fue devuelto al grupo de obras auténticas.

Para los admiradores del maestro, de todos modos, el sube y baja de la cotización de las pinturas resulta secundario. O como rezaba en 2006 el lema de su 400 aniversario: "Rembrandt vive. Viva Rembrandt".

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