jueves, 24 de marzo de 2011

El altar que se ocultaba tras la botella de ron

Una restauración del cuadro de José Gutiérrez Solana 'La tertulia del café de Pombo' descubre otra pintura debajo

José Gutiérrez Solana: La tertulia del café de Pombo, óleo sobre lienzo pintado en 1920. El autor aparece en el cuadro al fondo a la derecha. De pie, el escritor Ramón Gómez de la Serna. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía - Pepe Loren

Quizá fuera una broma interna, o quizá ni los mismos retratados lo supieran. Lo que sí es seguro es que para los restauradores ha supuesto toda una sorpresa. Cuando a mediados de 2009 los técnicos del madrileño museo Reina Sofía se pusieron a restaurar e investigar en profundidad el cuadro La tertulia del café de Pombo, pintado en 1920 por José Gutierrez Solana, se encontraron con que debajo de esos nueve señores tan serios sentados alrededor de una mesa con sus cafés, sus copas y sus azucarillos, los rayos X descubrieron otro cuadro, en el que se aprecia claramente un altar con Tras la restauración de La tertulia del café de Pombo, de José Gutiérrez Solana, se ha encontrado otro cuadro, en este caso una imagen de carácter religioso. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía - Pepe Lorenuna figura religiosa, varias velas y una figura agachada.

Como ha explicado Jorge Rodríguez, responsable de restauración del museo, el primer motivo de la retirada de la obra de las salas del museo fue la aparición de algunas grietas en la pintura, que denominan craqueados: "Queríamos trabajar sobre ella, porque las nuevas tecnologías permiten mostrar nuevos planteamientos". Y así fue. Dos años de compleja restauración con un equipo de siete personas han dado un fruto que ya se ve en las salas del museo.

El lienzo ha pasado por cuatro fases que han ido descubriendo, muy poco a poco, lo que había debajo. La primera fue la aplicación de la llamada luz visible, que permitió ampliar el cuadro hasta cuatro veces su tamaño para ver los detalles. Así, al equipo le llamó la atención la forma en la que estaban situadas las grietas y también un trazo más grueso que los demás a la izquierda del lienzo. La segunda fase fue el análisis con luz ultravioleta, fluorescente, por la que se vio que el barniz estaba aplicado de forma irregular.

Después, la imagen pasó por infrarrojos, pero las capas de pintura de la obra de Solana son muy gruesas, y los rayos dieron poco fruto. El hallazgo llegó con la cuarta fase, la radiografía, que descubrió "con claridad meridiana", según los restauradores, que debajo del cuadro había otro cuadro: una obra de carácter religioso y trazos marcados, con una figura que no tiene pintada la cabeza y que adora a una virgen situada en una hornacina sobre un altar.

La insistencia de Ramón Gómez de la Serna

"No deja de ser curioso por la insistencia que puso Gómez de la Serna en que se pintara esta obra", relata Juan Sánchez, jefe de restauración de esta obra. Aunque Gutiérrez Solana solía pintar escenas de carácter religioso, La tertulia del café de Pombo refleja las reuniones de los colegas del autor, entre ellos el creador de las greguerías, el escritor Ramón Gómez de la Serna, que aparece de pie en medio del cuadro entre periodistas, poetas, ensayistas y pintores. Hasta el propio autor aparece en la obra, en la parte superior de la derecha.

El Museo ha recuperado la obra y ya se puede ver en sus salas, con un brillo quizá algo más intenso del habitual para que no pierda su transparencia. Junto a él, una pantalla en la que se pueden consultar las fases de la restauración , y que permite obtener algunas respuestas. ¿Por qué utilizaría el autor un lienzo que había desechado? ¿Es algo normal, ya entrado el siglo XX? "No, no es algo habitual", relata Rodríguez, "aunque ocurre con algunos autores que tienen una cierta pobreza de materiales. Pero no es el caso de Gutiérrez Solana".

Entonces, ¿por qué volvería a usar Solana un lienzo, bastante terminado, en el que dibujó una escena religiosa de forma vertical, para pintar luego un grupo de tertulianos de forma horizontal? Los expertos creen que pudo ser por aprovechar una obra desechada, pero no descartan que fuera una broma del grupo, aunque no hay nada documentado. Lo que sí se sabe es que los intelectuales, que se reunían en el madrileño café Pombo -poco más que una taberna situada en la céntrica calle de Carretas- le dieron nombre a la sala en la que aparecen en la pintura: La Cripta del Pombo. Una cripta inmortalizada entre cafés, libros, soda y una botella de ron bajo la media sonrisa de Ramón Gómez de la Serna. Quizá ya estaba pensando en su próximo juego de palabras, entre cripta y cripta.

María Porcel Estepa, Madrid: El altar que se ocultaba tras la botella de ron, EL PAÍS, 24 de marzo de 2011

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