El Museo de Los Ángeles se salva de la quema y la fusión

El Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, más conocido como MOCA, anunció oficialmente ayer que se echa en brazos del multimillonario y filántropo Eli Broad para no tener que cerrar ni que fusionarse con otro museo. El acuerdo incluye la entrega de 30 millones en dos fases, la renuncia del actual director del MOCA, Jeremy Strick, y las plenas garantías de que el museo mantendrá su independencia y su perfil de alto nivel.

El equivalente del MOMA en Los Ángeles ha pasado semanas y meses en la cuerda floja. Precisaba de urgencia 30 millones de dólares para mantener a flote los costos de su plantilla de 94 miembros y la audacia de sus exhibiciones, pensadas para un museo con vocación de que el público diga: «Esto sólo lo puedo ver aquí». Lo malo es que de un tiempo a esta parte el concepto dejó de funcionar. Simplemente las donaciones empezaron a caer en picado: de los 38.2 millones de dólares recaudados por el MOCA en el año 2.000 se bajó a sólo 19,8 millones en 2007, y según algunas fuentes a estas alturas el listón estaría cerca de los 6 millones. Precisa unos 21 millones al año para mantenerse.

La crisis

¿Qué ha pasado? Pues por supuesto la crisis, que no perdona, y menos que a nadie a los no previsores que siguen gastando como si el mundo no se acabara. En esa categoría entraría Jeremy Strick, un director que según algunos encajaría más en la época de los Medici que en la actual. Sus detractores le acusan de ser fastuoso a la hora de programar y perezoso a la hora de ir a pedir dinero, algo que en época de vacas gordas puede tener un pase, pero en época de vacas flacas no se perdona. En todo caso Strick hizo mutis ayer por el foro con un brevísimo comunicado que no analizaba la cuestión. Los que le apoyan temen que con él se marche en la práctica la ambición del museo y avisan de que no todo lo que ocurre en el MOCA se explica sólo por el despilfarro o por la crisis. Últimamente han menudeado opiniones en el sentido de que al MOCA le fallan el concepto y hasta la arquitectura.

Los que piensan así son los admiradores del gran museo urbanísticamente impactante, como el Guggenheim de Bilbao, espacios pensados para fascinar y succionar al público casi independientemente del interés real de las obras que contengan. Los críticos del MOCA dicen que este camina al revés del mundo: que es más interesante por dentro que por fuera. En su opinión el edificio principal diseñado por Arata Isozaki en la Grand Avenue de Los Ángeles (cerca de la sala de conciertos Walt Disney) peca de inadecuación al entorno urbano, por no decir de invisibilidad. A estos déficits de diseño atribuirían ciertos sectores críticos que el MOCA sea ahora más prestigioso que popular. Han tenido un éxito resonante sus exhibiciones de Murakami y sus antológicas minimalistas, pero algunos temen que no acabe de cuajar como museo turístico y de ocio. Las 250.000 visitas del año pasado no les parecen suficientes.

Vivir con 10 millones menos

Ante la crisis las autoridades políticas, culturales y filantrópicas se alarmaron, y se barajaron toda clase de propuestas, incluida la fusión con el Museo de Arte del Condado de Los Angeles, el LACMA. Al final a la junta de fideicomisarios le ha dado menos miedo la Fundación de Eli Broad, multimillonario de Michigan reimplantado en California, que vienen del negocio inmobiliario pero que ahora aspira a la respetabilidad artística y a exponer su propia colección de 2.000 fotografías, pinturas y esculturas.

Nada de eso irá al MOCA en un principio. Broad se compromete a donar 15 millones tan pronto el museo recaude otros tantos y a proveer 15 millones más en cinco años. También ha prometido no interferir ni en la independencia ni en la programación del museo, cuya primera tarea, de momento, será dotarse de un nuevo director. La segunda será aprender a funcionar con un presupuesto de entre 13 y 16 millones de dólares al año (entre 5 y 8 millones menos que ahora) y mantener el nivel.

Anna Grau, Nueva York: El Museo de Los Ángeles de salva de la quema y la fusión, ABC, 24 de diciembre de 2008

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