miércoles, 12 de enero de 2011

El faro de Galicia ilumina el mundo

Cuando en 1999 la Xunta de Galicia convocó un concurso internacional para seleccionar al arquitecto que se haría cargo de la construcción de la Ciudad de la Cultura, doce profesionales presentaron sus diseños. La idea de partida, un complejo museístico que abarcaría más de 265.000 metros cuadrados y que convertiría a Galicia en faro de la cultura, se reveló como un reto al que los profesionales más señeros del ámbito arquitectónico no se pudieron resistir. Personalidades internacionales de la talla de Jean Nouvel o Daniel Libeskind y también nacionales —es el caso de César Portela, Ricardo Boffil, Juan Navarro Baldeweg o Manuel Gallego—, participaron en la convocatoria. Finalmente, Peter Eisenman, creador del mítico Memorial del Holocausto de Berlín, fue el elegido por el tribunal. La singularidad conceptual de la construcción que este arquitecto neoyorquino plasmó sobre el papel convenció —y cautivó— al comité de selección.

Vista de la Ciudad de la Cultura de Compostela en el monte Gaiás, con la catedral de Santiago en primer término

Tradición y modernidad

El desafío del proyecto Gaiás radicaba en su ubicación, una pequeña colina situada al este de Santiago de Compostela con una superficie aproximada de 70 hectáreas, que da nombre al complejo. La construcción debía sintonizar con este espectacular mirador, por lo que Eisenman tomó como fuente de inspiración las cinco calles medievales que desembocan en la ancestral Plaza del Obradoiro. Al contemplar el resultado final, no cabe duda alguna de que el paso de este emblemático creador por las aulas de la Facultad de Filosofía de Cambridge dejó huella en un proyecto que conjuga, de modo singular, tradición y modernidad. Así, partiendo de la estética deconstructivista que define su estilo, Eisenman moldeó un imponente complejo cuyas particulares ondulaciones son visibles desde numerosos puntos de la ciudad. A la hora de explicar el cometido de su obra, el estadounidense comenta que ha primado el conjunto por encima de todo «buscando generar condiciones en las que el fondo pueda elevarse y la ciudad se deje caer contra él».

Las magnitudes de esta innovadora urbe conllevaron que las obras de construcción se dilatasen diez años en el tiempo. Desde entonces, 100 personas han visitado los siete edificios que componen el macrocomplejo, dentro de un programa de visitas organizado por la Fundación Ciudad de la Cultura. El objetivo de este plan —que sigue activo a día de hoy a través de la página www.cidadedacultura.org/— es aproximar al público a la realidad de una ciudad que muchos sienten lejana. Éste, el sentimiento de desapego, ha sido el principal escollo que el gobierno gallego ha debido salvar durante el último año. Un período en el que la celebración del Año Santo —como el conselleiro de Cultura, Roberto Varela, explicó a ABC— lejos de ensombrecerlo, ha dado vida al proyecto.

La intención de Varela era que se produjese un «enamoramiento» —como él mismo lo describió— entre los visitantes y el Monte Gaiás, y las estadísticas realizadas en este sentido confirman que el affaire es ya una realidad. Según un informe elaborado por el Instituto de Estudios Turísticos de Galicia, el 80 por ciento de los participantes en la actividad ofrecieron una opinión buena o muy buena de esta nueva metrópoli cultural. La encuesta también revela que la valoración de los ciudadanos varió sustancialmente tras la visita. En las calificaciones previas, los encuestados aprobaban el proyecto con un 6,35. La puntuación se elevó al 7,35 tras el recorrido guiado, de dos horas de duración.

El 11 de enero de este año, y superada la ralentización a la que las obras se vieron sometidas durante el gobierno bipartito de la Xunta, las puertas de la Biblioteca y el Archivo de la Ciudad de la Cultura se abrirán al público. Como antesala de la esperada i-nauguración del día 11, el Gobierno gallego ha presentado una serie de propuestas culturales entre las que se incluyen exposiciones fotográficas, muestras biblográficas y también encuentros internacionales protagonizados por intelectuales como el escritor Claudio Magris.

Los edificios restantes, cuatro en total, se encuentran todavía en proceso de edificación. De este modo, se espera que a lo largo del año entrante queden inaugurados espacios como el Centro de la Música y las Artes Escénicas y el Museo de Galicia. Más retrasada se encuentra la construcción del Centro de Arte Internacional, situado en la zona norte del Monte Gaiás y destinado a convertirse en punto de encuentro entre Latinoamérica y Europa. Está previsto que las obras concluyan en 2012.

Soportales y una plaza

El entorno de esta urbe, compuesto por 25 hectáreas de parque, evoca la estructura de las ciudades medievales. Como guiño, las calles que conectan los edificios están coronadas por soportales y existe una plaza central, a la que van a dar los distintos paseos. En este espacio, los visitantes podrán realizar senderismo y otras actividades en contacto directo con la naturaleza. En cuanto a las infraestructuras, el sistema de accesos que conectará el complejo con el centro de Santiago y con la AP-9, permitirá el acceso desde cualquier punto de la Comunidad. Queda por ver ahora si el concebido como faro de Galicia en el mundo ilumina más allá de sus fronteras y cumple con las expectativas para las que fue diseñado.

Patricia Abet, Compostela: El faro de Galicia ilumina el mundo, ABC, 2 de enero de 2011

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