jueves, 9 de diciembre de 2010

Finge ser jesuita para colocar sus cuadros falsos en museos de EE.UU

No gana dinero por sus falsos picassos, signacs o daumiers, sino la satisfacción de llevar 20 años engañando a los expertos

La copia falsa que hizo de un paisaje de Signac. THEARTNEWSPAPER.COMEl padre Arthur Scott, Mark A Landis o Esteban Gardiner son algunas de las identidades que ha adoptado en ocasiones uno de los más misteriosos falsificadores de cuadros que tiene en alerta desde hace veinte años a los museos de todo el mundo, según la revista The Art Newspaper. Haciéndose pasar por jesuita, ha logrado colocar cuadros falsos como signacs, picassos o daumiers en varias instituciones de arte de Estados Unidos.

El falso sacerdote se presenta en los museos y dice que quiere donar una obra de arte en memoria de su madre tras explicar que como ministro de Dios no puede quedarse con esa pieza. No pide dinero. Paga sus viajes y los hoteles donde pernocta, pero es invitado a comer y beber por las instituciones visitadas, según un informe inédito de Matthew Leininger, director del Cincinnati Art Museum, de EEUU, al que ha tenido acceso el diario el diario británico The Guardian. Acostumbra a decir que sufre problemas cardiacos y que realizará nuevas donaciones en cuanto se recupere de una supuesta intervención quirúrgica a la que va a someterse.

La policía no puede actuar contra él porque no ha cometido fraude ya que al parecer su única satisfacción es engañar a los expertos. Y lo consigue. El falso sacerdote ofreció al museo de Oklahoma un paisaje con barcos pintado a la acuarela y firmado por Paul Signac, que algún tiempo después se demostró era falso. Lo mismo ocurrió con otro Signac ofrecido al Memphis Brooks Museum of Aat, que resultó estar copiado de un cuadro de ese pintor neoimpresionista francés que se conserva en el Hermitage, de San Petersburgo. En septiembre el falsificador donó una obra al Hilliard Art Museum de la universidad de Luisiana (EEUU), que atribuyó al impresionista estadounidense Charles Courtney Curran, pero que resultó también falso. «Se bajó de un Cadillac rojo vestido como un sacerdote, con el cuello y el pin», afirmó Mark Tullos, el director del museo a The Art Newspaper. El museo aceptó la pintura, emitió un recibo, y el padre Scott «nos bendijo en el aparcamiento» antes de irse, relata Tullos.

Circula la teoría de que el falsificador es un pintor frustrado ante la falta de reconocimiento de las obras que firma con su nombre y realiza falsificaciones casi perfectas, que documenta con falsos informes, algunos de subastas.

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