jueves, 23 de diciembre de 2010

«Flor de Santidad» recupera el color que le dio Romero de Torres

Enrique Ortega trabaja con «Flor de Santidad». VALERIO MERINO

La diferencia, ahora mismo, está en las manos. Una de ellas tiene un tono casi de cera, mientras que la otra ya toma el color del nácar, con el aspecto inconfundible de la limpieza. Las puñetas del vestido son también elocuentes: una blanca, la otra amarillenta. Enrique Ortega, restaurador de la Unidad de los Museos Municipales de Córdoba, está delante del cuadro «Flor de Santidad», de Julio Romero de Torres, con el que trabaja desde la pasada primavera.

Como en otros lienzos del autor cordobés, había que eliminar el barniz que se le había aplicado y que había terminado por alterar el color de la obra. No es un proceso sencillo. Enrique Ortega explica la pintura al óleo y temple, una técnica que Romero de Torres empleaba con asiduidad, es complicada para restaurarse. «Uno es un medio que utiliza el aceite y el otro se vale del agua y hay que tener cuidado al limpiar», recuerda.

Es un trabajo de varios meses que el restaurador afronta ahora con parámetros distintos, fruto de su formación en congresos y cursos para perfeccionar su labor. El cometido es retirar el barniz que altera el cromatismo del cuadro sin tocar para nada a la pintura y sin que los disolventes no toquen el trabajo del artista que se quiere preservar. «Es un sistema de trabajo que permite buenos resultados y llegar muy alto», según el restaurador municipal.

En «Flor de Santidad» ya es visible, por ejemplo, el característico azul de Julio Romero de Torres en el cielo, que antes tenía una apariencia más próxima al verde y que ahora deja ver los matices que enriquecían la pintura del autor cordobés. También se nota en el rostro y una de las manos de la protagonista. Cuando termine la restauración, al cuadro se le aplicará un nuevo barniz que no altere el cromatismo del cuadro.

Desde entonces, estará listo para volver a exponerse en el Museo Julio Romero de Torres por un largo periodo de tiempo. «Cuarenta o cincuenta años, porque el lienzo no tenía agujeros ni problemas, que pueden ser los problemas que se presenten», cuenta Enrique Ortega. Será uno más de las decenas de cuadros restaurados en los últimos años, y que en su mayoría se han dedicado precisamente a eliminar los barnices que alteraban el color de las obras. «Casi siempre eran los barnices que ponía el hijo del pintor, aunque también eran los que había en aquel momento», dice la directora de los Museos Municipales, Mercedes Valverde.

«Flor de Santidad» era el cuadro favorito del escritor Ramón María del Valle-Inclán, amigo de Julio Romero de Torres durante su estancia en Madrid. Fue precisamente él quien propuso este nombre, el mismo que lleva una novela suya de 1904. El cuadro está fechado poco después, en 1910, y tiene un tamaño de 165 centímetros de alto por 111 de ancho. Representa a una joven llamada Socorro Miranda, a la que el pintor retrató en numerosas ocasiones. Para las manos, sin embargo, tomó como modelo las de su esposa. Representa el amor místico por la apariencia de pureza de la protagonista, que lleva un misal en las manos. Tras ella se alza una paisaje imaginario con elementos cordobeses: el actual Conservatorio, un triunfo de San Rafael y un edificio de la plaza de la Fuenseca.

Uno de los próximos será el emblemático «La Chiquita Piconera», buque insignia del museo que ya aguarda su momento después de anunciarse hace algunos meses.

Luis Miranda, Córdoba: «Flor de Santidad» recupera el color que le dio Romero de Torres,
ABC, 28 de noviembre de 2010

A modo de justificación...

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