jueves, 24 de junio de 2010

Los retratos de los apóstoles, con mayor antigüedad

Vista general de la catacumba en la que están las imágenes de losLa catacumba de Santa Tecla -estructura funeraria cercana a la Basílica de San Pablo Extramuros, una de las cuatro basílicas mayores de Roma- se encuentra camuflada bajo un anónimo edificio de los suburbios, siendo una de las más pequeñas y desconocidas. pero durante siglos ha albergado en sus entrañas un tesoro pictórico completamente ignorado: las imágenes más antiguas de los cuatro Apóstoles más venerados de Jesucristo. El Vaticano sospechó de la importancia de los frescos escondidos en el pasadizo más profundo de la catacumba hace dos años, cuando inició un laborioso proceso de restauración. El extraordinario descubrimiento -ya reseñado en este blog- dataría las imágenes del siglo IV d. C.

El primero en salir a la luz fue San Pablo, azote de los primeros cristianos antes de convertirse en el mayor propagador del cristianismo. San Pablo aparecía representado siguiendo la iconografía tradicional de la época paleocristiana, con un rostro delgado, barba oscura a punta y calvo. La Comisión Pontificia de Arqueología Sacra declaró este icono como el más antiguo del apóstol. Lo dató a finales del siglo IV, poco antes de que las catacumbas, o cementerios cristianos subterráneos, dejaran la clandestinidad a favor de los muros y suelos de las iglesias. El retrato se hallaba a sólo medio kilómetro de sus restos, enterrados en la cripta de la Basílica de San Pablo Extramuros.

Sala en la que se ubican los retratos de los apóstolesY nada hacía pensar que junto al apóstol iban a aparecer otras tres iconografías. El descubrimiento ha sido posible gracias a la aplicación de las últimas tecnologías. Según explicó en rueda de prensa la responsable de la restauración, Barbara Mazzei, «gracias a un láser de gran potencia, pudimos ver que detrás de la gruesa capa de yeso se escondían otras imágenes que caracterizaban perfectamente a otros tres apóstoles»; el laser permite arrancar el carbonato de calcio sin arrastrar la película de pintura. Y así apareció el busto de San Pedro, reconocible gracias a la barba blanca y mandíbula cuadrada del Apóstol Pescador, el pescador a quién Jesucristo encomendó las riendas de la Iglesia, representado como un hombre anciano. Junto a él se encuentra Andrés, hermano de Pedro y caracterizado por la fuerza de su rostro, que contrasta con la delicadeza de aspecto del rostro juvenil de Juan, "el Apóstol amado", que aparece, en palabras de uno de los restauradores, con los habituales "labios carnosos".

La responsable de la restauración de los frescos, Bárbara Mazzei, explicó que los retratos de los Apóstoles son los más antiguos hallados jamás. En épocas anteriores los discípulos aparecen representados dentro de escenas mucho más amplias, mientras que en la catacumba aparecen como los cuatro vértices que rodean a Jesucristo, en la bóveda de una tumba. Este, representado como Buen Pastor, rodeado de ovejas, parece atraerles, "como un motor inmóvil", describió ayer uno de los arqueólogos, parafraseando a Aristóteles. Los paralelismos con el mundo clásico no acaban ahí. En la sala que antecede se halla el profeta Daniel completamente desnudo, a imitación de los héroes griegos. El pintor que decoró estas salas tenía todavía muy fresca la tradición pictórica dominante hasta entonces.

Rostro de San Pablo Las pinturas, de hecho, son las del fin de una época, los últimos testigos de la dominación romana. Han aparecido en un hipogeo privado de una rica matrona cristiana -se presupone que una «nobildonna» romana, es decir, perteneciente a una familia noble pero sin título nobiliario-, posiblemente mujer culta de las que rodeaban a San Jerónimo, el autor de la Biblia en latín conocida como Vulgata. El retrato de la dama y su hija surgen de una de las paredes de la cámara subterránea. Según la explicación de los expertos, la mujer conocía perfectamente las escrituras. Por eso, cuando en el siglo IV se daba inicio al culto de los apóstoles, esta mujer eligió a Pablo, Pedro, Andrés y Juan como sus protectores, de ahí la representación iconográfica. «El descubrimiento demuestra la introducción y la difusión del culto de los apóstoles en los orígenes del cristianismo», comentó Mazzei. En el caso de Andrés y Juan, se trata de las representaciones más antiguas que existen sobre ellos, mientras que de Pedro «existen ya imágenes de mediados del siglo IV, pero nunca solo en un icono, siempre en medio de otros apóstoles o en escenas colectivas», explicó por su parte Fabrizio Bisconti, responsable arqueológico de las catacumbas de Santa Tecla.

El buen estado de las pinturas sorprendió a los expertos, debido a que buena parte de la estructura de las catacumbas se encuentra cubierta por un edificio construido en los años 50. «Por suerte su construcción no ha dañado esta magnífica obra de arte», comentó Bisconti. No obstante, supone una amenaza a una estructura tan frágil como una flor. Los vecinos del edificio que cubre la catacumba, ignoraban el tesoro que tienen bajo sus pies, riegan cada día sus parterres y las gotas de agua se deslizan peligrosamente por las barbas subterráneas de los venerables apóstoles.

Representación de San PedroPara el presidente de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra, monseñor Gianfranco Ravasi, este descubrimiento es un signo más de la «necesidad de hacer hablar a todos los monumentos de este tipo. Hay que hacer que su voz suene en la plenitud de sus valores y belleza», sentenció. La Comisión Pontificia, que preside monseñor Ravasi, fue fundada por Pío IX en 1852 con el fin de «custodiar los cementerios sacros antiguos, para cuidar su conservación, proseguir con su investigación y estudio, y para tutelar la memoria de los primeros cristianos», escribió por aquel entonces el Pontífice. Gracias a esta premisa, se ha podido llevar a cabo la exhaustiva investigación en las catacumbas de Santa Tecla, que ha dado como fruto el descubrimiento de las primeras representaciones iconográficas de los apóstoles.

La ciudad de Roma alberga en su interior más de medio centenar de catacumbas que se remontan a los siglos II y III. La mayoría de estas construcciones se realizaba en toba, una piedra caliza y muy porosa que se encuentra sobre todo en el centro de Italia. Para acceder a las catacumbas se desciende por una vertiginosa escalera que conduce a las galerías donde están situados los «lóculos», las sepulturas de los cristianos más humildes. La visita a estas estructuras se suele realizar junto a un guía debido a la estructura laberíntica de las catacumbas que en el pasado ha dejado a algún turista con más de un susto.

Pero también en las catacumbas se enterraban a los primeros mártires asesinados por las violentas persecuciones cometidas por los emperadores Decio, Valeriano y Diocleciano. En torno a las tumbas de estos mártires se desarrolló una forma de culto por parte de los peregrinos que dejaban sus oraciones escritas en estos sepulcros, intentando colocar a sus seres queridos lo más cerca posible de estos mártires. Se espera que estos descubrimientos animen a los visitantes de la Ciudad Eterna a descubrir también bajo sus pies el patrimonio de las catacumbas de Roma.

Imagen de San Juan

San Andrés

Representación de Jesucristo

Fuentes:

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