miércoles, 18 de mayo de 2011

La trastienda de Picasso

Cajasur recoge en una exposición la dedicación del autor malagueño al grabado, donde da rienda suelta a su creatividad y a su búsqueda de nuevas formas de expresión

La desarnada grandiosidad del «Guernica» o el enigma cubista de «Las señoritas de Aviñón» fueron algunas de las obras con las que puso su nombre como el del pintor más innovador e influyente de la primera mitad del siglo XX, pero Pablo Picasso fue un autor con una creatividad desbordada que trabajó todos los géneros y técnicas imaginables. Fueron el fruto de su gran inquietud, pero también las pruebas, búsquedas y bocetos con las que creó sus obras más innovadoras o con las que fue desarrollando sus ideas. Desde ayer, una parte de estos trabajos se pueden ver en Córdoba.

La Fundación Cajasur inauguró ayer en el salón de Gran Capitán la que está llamada a ser la muestra más importante de cuantas visiten la ciudad en este año: «Picasso grabador», en el que se recogen las aportaciones del autor malagueño a este soporte artístico en distintos materiales, y donde muestra los rasgos más personales de su creatividad.

La exposición llega procedente de varias colecciones francesas y es fruto del continuo interés de Picasso por el grabado y por la recuperación y cultivo de todos los soportes. La comisaria de la muestra, Martine Soria, explicó que el autor trabajó todas las técnicas posibles, incluido el llamado linograbado, que en su época estaba muy en desuso. Contra la opinión de una buena parte de los artistas de su época, para él el grabado no era «una forma de expresión menor» y destacó su afán por explorar todas sus posibilidades con la curiosidad que lo caracterizaba.

La muestra recoge casi todas las épocas en la vida creativa de Picasso, porque abarca trabajos de entre 1922 y 1971, con todas las técnicas posibles: punta seca, aguafuerte, aguatinta, litografía y linograbado. Sus temáticas son casi tan variadas como su evolución, pero en ellas no faltan las estampas taurinas que le dieron tanta fama. La maestría del pintor malagueño le basta para conseguir describir con unos cuantos trazos el esfuerzo del picador o el baile del banderillero con los palos en la mano acercándose hasta el animal.

A la Fiesta se acerca Picasso de muchas formas y con variadas técnicas, entre ellas el cartel, del que se muestra una interesante obra en la que ya desarrolla los rasgos de desconstrucción más característicos del cubismo. No es una exposición exclusivamente en blanco y negro, sino que también hay litografías a color, muchas de tema taurina, en las que Picasso da rienda suelta a la fantasía cromática.

Junto con las estampas sobre toros, la exposición es rica en retratos, casi siempre de corte cubista, pero también con un marcado tinte experimental, donde el autor deja ver distintas formas de acercarse a una misma obra y de plasmar un mismo rostro. Casi siempre le interesan más los elementos y de ello dan la clave los títulos: «Hombre con barba», «Hombre con bigote».

La diversidad es el único punto en común, en algunas de las obras Picasso se comporta como un dibujante y apenas recurre a la pluma y al lápiz para mostrar lo que quiere. Justo al contrario que otras obras, donde el color negro y sus formas son las que sirven para sugerir los volúmenes, rostros y cuerpos de los protagonistas. Es el caso de una de las series de la década de 1960, donde además de los retratos está presente con cierta frecuencia la figura de la mujer, que se repite a lo largo de toda la muestra.

Como puso de manifiesto la comisaria de la exposición, el acervo creativo de Pablo Picasso es ingente: más de 60.000 obras contaron algunos estudiosos. No es de extrañar que en las vitrinas de la exposición que se puede ver en Cajasur haya libros en los que colaboró con ilustraciones.
La cerámica

Picasso mostró un notable interés por la cerámica, y no sólo por la posibilidad de poder grabar sobre ella. El autor cultivó el modelado del barro con cierta frecuencia y en la exposición se recogen algunas muestras, como una serie de pequeñas piezas en las que «pinta» escenas con finos trazos, pero en los que sin embargo despliega su talento para la expresión. En muchas de ellas, a pesar de su mínimo tamaño, consigue desarrollar todo su potencial narrativo y descriptivo. Otras las trabaja casi como si fueran amuletos primitivos, con figuras humanas muy sugeridas.

La exposición, con la que la Fundación Cajasur pretende sumar para que Córdoba sea Capital Europea de la Cultura en 2016, se podrá visitar desde ayer hasta el próximo 30 de junio.

Luis Miranda, Córdoba: La trastienda de Picasso, ABC-Córdoba, 17 de mayo de 2011

A modo de justificación...

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