viernes, 13 de mayo de 2011

Silenciado Weiwei, habla su obra

Londres acoge dos muestras del artista detenido hace un mes por el régimen chino

Cien millones de semillas de girasol sembradas por Ai Weiwei en la Tate Modern de Londres han cubierto el suelo de la Sala de Turbinas a lo largo de los últimos siete meses. Cuando uno de los templos del arte contemporáneo inauguró aquella instalación, el autor era celebrado como el artista vivo de China con mayor proyección internacional. Al cierre de la exposición, su nombre evoca hoy el de un artista desaparecido. La ausencia involuntaria de Weiwei, detenido el 3 de abril por el régimen de Pekín, marca dos nuevas exhibiciones de su obra que la capital británica acaba de estrenar entre el clamor internacional para su puesta en libertad.

Con cámara de vigilancia, obra de Ai Weiwei en la Lisson Gallery.- AFP

"Ese extraño sentimiento de ausencia confiere a su trabajo mayor poder", subraya Nicholas Logsdail, director de la Lisson Gallery, que desde hoy y hasta el 16 de julio expone una selección de las obras realizadas en los seis últimos años por el artista chino. Figura del arte conceptual, arquitecto, diseñador, cineasta y editor, la crítica social y política que encierra su discurso nos dibuja a un personaje incómodo. Aunque ha sido principalmente su uso de Internet para exponer la represión y corrupción en su país lo que lo ha convertido en indigesto para las autoridades comunistas. Desde que fuera arrestado en el aeropuerto de Pekín, a punto de embarcar rumbo a Hong Kong, nada se sabe de él ni de su paradero, apenas una sugerencia de que podría imputársele la acusación de "delitos económicos".

Una escultura de mármol con las formas de una cámara de circuito cerrado apunta hacia la calle desde una de las ventanas de la Lisson. Weiwei utiliza uno de los materiales más clásicos para exponer las realidades del presente, esos monitores que acechaban los pasos del artista a la salida de su taller de Pekín, la ciudad en la que nació en 1957. "La libertad es nuestro derecho a cuestionarlo todo" es una de sus citas recogida en las decenas de pasquines que los operarios se apresuraban ayer a pegar en el muro de entrada de la galería. Cuando varios meses atrás los responsables de la Lisson proyectaron la exposición con Weiwei, "él sabía que estaba en peligro", pero no hasta el punto de imaginar que solo podría comunicarse con el mundo a través de sus trabajos.

La muestra que hoy abre sus puertas ilustra una combinación entre las motivaciones del arte conceptual y una artesanía que bebe de siglos de refinamiento. El ataúd elaborado con madera de templos desmantelados de la dinastía Qing o las vasijas neolíticas recubiertas de rabiosos colores sintéticos simbolizan los valores culturales e históricos que quiso arrasar la Revolución Cultural. Tras la muerte de Mao, la erosión de los valores de la tradición prosigue en nombre de la burda comercialización y el progreso económico. El artista documenta la zarpa del desarrollo urbano en las calles de Pekín a través de la proyección de varias horas de vídeo con imágenes casi estáticas de carreteras, puentes, ciclistas y paseantes, al alba y al amanecer. También un conjunto de puertas de mármol apiladas en el patio de la galería busca replicar los montones de chatarra que definen el perfil de tantos suburbios de las megaciudades chinas. Dos sillas de mármol vacías a la entrada de la Lisson nos recuerdan cómo el régimen chino ha "difuminado" al gran artista, paradójicamente omnipresente en la temporada cultural londinense.

Rompiendo una urna de la dinastía Han, obra de Ai Weiwei de 1995.-

Además, el elegante recinto de la Sommerset House, centro artístico ubicado en el corazón de la capital, aloja desde el jueves la primera instalación al aire libre de Weiwei en la ciudad, un semicírculo compuesto por 12 cabezas de animales forjadas en bronce. La rata, el tigre o el cerdo integran la instalación Círculo de Animales/Cabezas del Zodíaco. Son recreaciones de esculturas que adornaron el palacio imperial de Pekín. El gobierno de China sigue reclamando esas piezas, robadas por tropas británicas y francesas en el siglo XIX. Paradójicamente, no fueron diseñadas al estilo oriental, sino siguiendo los cánones europeos.

Patricia Tubella, Londrees: Silenciado Weiwei, habla su obra, EL PAÍS, 13 de mayo de 2011

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