lunes, 13 de abril de 2009

Bauhaus, arte para la vida

Impulsada por el visionario arquitecto Walter Gropius, la escuela de la Bauhaus fue la encargada de aplicar arte a la vida en una Alemania rígida y oscura, aquélla que a punto estaba de abrazar el nazismo sumida entre dos guerras. Un arraigado concepto de industrialización sirvió con rasero para constituir esta escuela de prolongado calado en la la arquitectura y las artes actuales en la que se sentaron las bases del diseño tal y como lo conocemos en la actualidad.

Vista de una de las alas del legendario edificio de la Bauhaus en la localidad alemana de Dessau. | AFP

Con su fundación en la ciudad alemana de Weimar el 12 de abril de 1919, la Bauhaus, que significa "casa en construcción", por fin dio sentido a las escuelas de artes y oficios, integró los dos términos y al mismo tiempo hermanó en un objetivo común el concepto de diseño con el de producción. Entre sus muros se encerraban talleres textiles, de pintura, de escultura, imprenta y artes gráficas y más tarde los de arquitectura. Paul Klee o Wasilly Kandinsky impartieron algunos de sus cursos, cuyo objetivo se centraba en recurrir a lo esencial: arte pedagógico y didáctico, con un sentido urbano y con bajos costes de producción. No hay distinción entre la artesanía y las bellas artes.

Un triángulo amarillo, un cuadrado rojo y un círculo azul simbolizan su idiosincrasia, figuras elementales y colores básicos como metáfora de su lenguaje estilístico. Y es que pertenecer a la Bauhaus supone en muchos casos renunciar a un justificante artístico en favor de la técnica. "La meta final de toda actividad artística es la construcción", declaró en su momento Gropius, quien ya ideaba las bases mientras de la Bauhaus mientras luchaba como soldado en la Primera Guerra Mundial. Y esa "construcción" a la que se refiere el arquitecto es en principio un concepto simbólico con el que acercar el arte al público. Idea que se manifiesta en la práctica empezando por la propia sede de la Bauhaus, edificio levantado de forma colectiva a través de la aportación interdisciplinar de todos los oficios integrados en ella.

'Fueller' (1979) del artista Roland Goeschl. | Efe

La transparencia y luminosidad del edificio que acogió sus enseñanzas en la ciudad alemana de Dessau a partir de 1925 es un rotundo ejemplo de su filosofía. Un lugar concebido en arreglo a su funcionalidad y de formas eminentemente equilibradas que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1996. Su legado es de tal importancia que recientemente también han recibido dicha distinción seis barrios berlineses repletos de muestras arquitectónicas procedentes de la Bauhaus.

Y su condición política terminó por granjearle problemas, destino inevitable para esta escuela de vanguardia que se ha convertido en paradigma del siglo XX: Los partidos conservadores de derechas pidieron insistentemente el cierre de la escuela por ver en ella tendencias comunistas y bolcheviques. Su final no tardó en llegar. El ascenso del nazismo en 1933 erradicó la huella de la Bauhaus en Alemania para extenderla por el resto del mundo, gracias al exilio forzado de sus principales valedores.

Luis Gómez, Madrid: Bauhaus, arte para la vida, El Mundo, 12 de abril de 2009

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