Richard Serra: «El arte se ha convertido en una actividad consumista más»

Perdió el avión el miércoles, pero nunca perderá el vuelo de la modernidad. Richard Serra, uno de los más grandes de la escultura contemporánea, Príncipe de Asturias de las Artes, aterrizó en Oviedo con un discurso clarividente bajo el brazo.

Serra, en Oviedo. AFPPalabras moldeadas y modeladas (aunque prefiere llamarse constructor) a fuego lento en este cráneo privilegiado nacido y criado bajo el sol de California, aunque su padre fuera mallorquín. Hablando de arte, don Richard es una auténtica Serra mecánica. Él mismo lo dice, lleva el arte en los genes. «Por lo que podemos saber acerca de la creatividad y del funcionamiento del cerebro —explica el creador—, parece que existen personas predispuestas a tratar con lo que no resulta familiar, en tanto que otras solo están capacitadas para ver lo que está representado. Creo que pertenezco a las primeras. No sé, quizá haya una célula que nos permita experimentar y formular ideas, cuestionar las cosas, o quizá solo tenga que ver con que mi madre es judía», remata con contagioso buen humor.

Podía haber sido el barro, la arcilla, el mármol, incluso una costilla, pero Serra prefirió otro tipo de materiales, muy a menudo el acero. «La elección del material resulta indiferente —afirma rotundamente el autor de «La materia del tiempo»—. Parece que a los niños les gusta lo duro, lo fuerte, y las niñas están predispuestas hacia las materias suaves, como la seda. En mi caso, debido a que trabajé en acerías para pagarme los estudios, el acero me resultaba muy familiar. Pero lo más importante es entender la lógica que subyace en el propio material, la relación que se establece entre el vacío y la materia».

En 1966, Serra se andaba por las ramas de la pintura abstracta, pero una visita a Madrid le hizo caerse del jamelgo abstracto y ver la luz. «Ese año visité el Museo del Prado y todo cambió cuando vi “Las Meninas”, algo que provocó una reacción muy fuerte en mi interior. Velázquez me miraba directamente a mí, y me vi absolutamente involucrado. Cuando observas el cuadro te sientes como una proyección de él, te sientes totalmente implicado. Hasta entonces el espectador siempre estaba fuera. Cuando salí del Prado me dije a mí mismo que nunca sería capaz de trabajar como Velázquez, y dejé de pintar». Precisamente, el escultor confiesa que tiene ofrecidas tres piezas para la pinacoteca madrileña, pero que «con la crisis económica no hay presupuesto».

Desde luego , no parece que Richard Serra sea de los de adorar al santo por la peana, y tiene meridianamente claro que lo de trabajar por amor al arte es, en estos tiempos, poco menos que una leyenda urbana. «En escultura, el movimiento más importante del siglo XX consistió en eliminar el pedestal y dar cabida a la propia experiencia del espectador. Sin embargo, últimamente veo que se vuelve a ese pedestal, a la vitrina, a moldear y no a a construir, se ha vuelto al arte ideado y destinado para el mercado. El posmodernismo convirtió el arte en una industria cultural, y es el valor del mercado el que define la categoría artística. El arte se ha convertido en una actividad consumista más». Bueno, quedan algunas esperanzas, no tan grandes como las de Dickens, pero quedan: «Ojalá que los jóvenes entiendan que lo importante es crear y no el valor del mercado. Eso espero. Aunque el mercado tiene mucho control, poder e influencia, los jóvenes siempre son transgresores. A pesar de las guerras, de las crisis económicas, a pesar de los pesares, los artistas siempre siguen investigando y creando».

Manuel de la Fuente, Oviedo: Richard Serra: «El arte se ha convertido en una actividad consumista más», ABC, 22 de octubre de 2010

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