Los paisajes genuinamente americanos de Asher B. Durand
La exposición, comisariada por Manuel Fontán, director de exposiciones de la Fundación, pretende ser el segundo viaje de Asher Durand a Europa. El primero se produjo en junio de 1840 y se prolongó durante un año. Acompañado de varios amigos artistas, visitó los escenarios clave de lo que ellos consideraban que constituían los hitos del arte antiguo. Visitó los grandes museos y copió obras maestras de fama mundial. En ese aprendizaje de la concepción del paisaje europeo aprendió secretos técnicos y desveló misterios que le ayudaron a enfrentarse de una manera nueva con las escenas de la naturaleza.
Nacido durante la presidencia de George Washington en una aldea de Nueva Jersey, Durand vive casi toda su vida en Nueva York, con el río Hudson como punto de referencia. Participa desde la primera fila en el desarrollo de la nación y en la lucha de los líderes políticos y sociales por conseguir una identidad propia para los Estados Unidos de América.
La exposición arranca con los primeros trabajos de grabador en los que deslumbra su dominio de la técnica a la hora de mostrar la iconografía nacional. Algunos de estos trabajos sirven para imprimir papel moneda. Autorretratos y retratos de los próceres nacionales le sirven para dar después el salto a sus paisajes. Son unas escenas naturales en las que muestra el interior de los bosques con tal precisión que se puede contemplar al detalle cada hoja de cada una de las especies arbóreas norteamericanas. Pocas veces aparece la presencia humana. Como mucho un diminuto pescador en medio de un río. Lo que le importa es mostrar la grandeza de la Naturaleza. Toda una metáfora de la nación a la que pertenece.
Ángeles García, Madrid: Los paisajes genuinamente americanos de Asher B. Durand, EL PAÍS, 1 de octubre de 2010