Maíno, un candil en las tinieblas barrocas
En ocasiones hace falta el transcurso de siglos para encajar la pieza que falta y completa el sentido de un conjunto, incluso cuando éste tiene la incontestable personalidad y crédito crítico de la gran pintura española del siglo XVII, justamente reconocida con el enfático encomio del Siglo de Oro. ¿Puede entonces echarse en falta la figura de un pintor, sin duda apreciado, pero no popular, como el italo-español Juan Bautista Maíno (1581-1649), nacido en Pastrana, pero hijo de un artesano italiano? Si recordamos que Velázquez tardó en hacerse internacionalmente visible hasta por lo menos el último tercio del siglo XIX y que El Greco necesitó más tiempo para ocupar el papel esencial que ahora se le otorga en la Escuela Española, no nos sorprenderá que a estas alturas tengamos que volver nuestra mirada sobre Maíno, pintor que estaba ciertamente ahí, como uno más, pero sin que nadie reparara en la crucial importancia de su aportación al desarrollo de lo mejor de nuestra mítica pintura his...