sábado, 25 de junio de 2011

Una nueva barca solar de Keops emerge del fondo de la historia

Egipto desentierra la segunda embarcación del faraón que ha permanecido desmontada 4.500 años en su fosa original junto a la Gran Pirámide


Operarios retiran una de las losas que ocultaba hasta ayer la segunda barca solar de Keops, a las afueras de El Cairo. Zahi Hawass atiende a la prensa en el yacimiento.- KHALED DESOUKI (REUTERS)

Aún quedan misterios por desenterrar en Egipto. Ayer un rayo de luz tocó por primera vez uno que había permanecido bajo las arenas del desierto los últimos 4.500 años. Como dentro de un asfixiante onsen, baño termal japonés, se desarrolló ayer el alzamiento de la primera piedra de la fosa que ha guardado la segunda barca solar enterrada junto a la Gran Pirámide del faraón Keops. Húmedo, vaporoso, caliente. Repleto de cuerpos y cámaras que intentaban atisbar por las rendijas de la lona el movimiento de los trabajadores, mientras el sudor empapaba frentes y ropas.

El cubículo que ocultaba la embarcación se convirtió en el centro del país del Nilo por unas horas. Un lugar que volvía a reclamar la atención del mundo y de aquellos que han dejado de visitarle tras la revolución. Todo esto, en un clima y temperatura controlados. Científicos, ingenieros y operarios accedían cubiertos de pies a cabeza con trajes y máscaras especiales. Mientras el aluvión de periodistas, ávidos por inmortalizar el momento, se apiñaban frente al televisor y lanzaban miradas furtivas al sagrario de lona blanca. En su interior, el sonido de la radial y el olor de la piedra cortada, ahuecada, lo impregnaban todo.

Vigilados de cerca por el doctor Zahi Hawass, el ministro de Estado para las Antigüedades, los trabajadores alzaban un bloque de más de tonelada y media, centímetro a centímetro.

La expectación era mucha bajo la carpa donde el equipo del director de la restauración de la barca solar, Sakuji Yoshimura, profesor de la Universidad Wa-seda en Japón, ha trabajado los dos últimos años codo con codo con un equipo de egipcios. La embarcación fue descubierta en 1954 en un foso contiguo al de la primera barca solar, que se exhibe en el museo situado en la cara sur de la Gran Pirámide. Se decidió preservarla intacta bajo las 41 losas de caliza que la cubrían, para evitar daños.

Solo 30 años después, en 1987, se iniciaron estudios con ondas electromagnéticas y se tomaron muestras para ver su estado. Hawass explicó que la filtración de agua y los insectos que entraron tras una prospección de la National Geographic Society en aquella época con una pequeña cámara, introducida a través de un agujero perforado, contribuyeron al deterioro de las piezas. Por ese motivo "esperaba encontrar la madera en muy mal estado". Algo que al parecer no ha sucedido: "Al levantar la losa hemos podido ver que la situación no es tan grave y confiamos en poder restaurar la barca".

Del constructor de la Gran Pirámide, el segundo faraón de la IV dinastía, que reinó entre el 2609 y el 2584 antes de Cristo, apenas se conserva una imagen. Una pequeña estatuilla de escasos 10 centímetros que se conserva en el Museo de El Cairo. Ahora, además de un segundo barco, los arqueólogos han sacado a la luz un cartucho con su nombre, Keops, y un jeroglífico sin cartucho con el nombre de su hijo Kefrén.

La embarcación, de madera de cedro de Líbano y acacia egipcia, según explicó el ministro, será restaurada por el equipo de Yoshimura en un trabajo cuya conclusión esta prevista para dentro de cuatro años (montar la anterior llevó más de 20). Posteriormente, se expondrá en el nuevo museo en construcción en la meseta y que se inaugurará en 2015. Lo que verán los visitantes es una de las embarcaciones más antiguas del mundo. Una belleza estilizada de tonos marrones y remos como agujas que, si bien fue considerada un barco funerario para trasladar los restos del faraón a la capital, según el egiptólogo Zahi Hawass, "no lo es". En su opinión, "es un barco para el dios, no para el rey". Un barco solar para que Ra pueda recorrer el cielo cada mañana hasta la eternidad.

Nuria Tesón, El Cairo: Una nueva barca solar de Keops emerge del fondo de la historia, EL PAÍS, 24 de junio de 2011

Entre la utilidad práctica y el sentido simbólico

La extracción de la segunda barca de Keops nos devuelve, salvando las distancias (¡cuántas miradas y focos esta vez!), a uno de los grandes momentos de la historia de la arqueología en Egipto. "Como un gato... cerré los ojos. Con los ojos cerrados, olí incienso, un olor sacro. Percibí el olor del tiempo... de los siglos... de la historia. Entonces supe con seguridad que la embarcación estaba allí". Esto escribió -¡hay que ver cómo se emocionan los egiptólogos!- el entonces joven inspector del Servicio de Antigüedades Kamal el Mallakh al hacer un agujero el 26 de mayo de 1954 en lo que parecía una parte de los cimientos de la Gran Pirámide y resultó ser un foso cerrado por enormes lajas de caliza. Metió su antorcha y la luz iluminó lo que semejaba un montón de madera y luego ¡la punta de un remo! Fue un hallazgo colosal: una barca real de la dinastía IV, que pudo ser montada.

La barca de Keops sigue siendo una de las grandes atracciones de Egipto. Pese a que, desde luego, no es la única embarcación faraónica que ha llegado hasta nosotros (hay montones), ni la más antigua. Ese récord lo tienen los 14 barcos hallados en Abydos en 1991 y que datan de los tiempos de la primera dinastía (2950-2775 antes de Cristo).

Las barcas y barcos eran elementos omnipresentes en el Antiguo Egipto, cosa lógica en un país nacido alrededor de un río y con largas costas. Están representados por todas partes en templos y tumbas (recuérdense las numerosísimas maquetas funerarias). Al margen de su utilidad práctica, poseían un enorme significado simbólico: el dios Amón era paseado en una barca sagrada durante sus festividades y el dios solar Ra atravesaba los cielos cada día en el llamado barco del millón de años. El faraón, hijo de Ra, seguía ese celestial destino y, por tanto, necesitaba también su embarcación.

No se sabe a ciencia cierta para que servían los barcos de Keops. El primero está claro que navegó -aunque probablemente remolcado-, así que era un barco de verdad. Se cree que pudo ser empleado para transportar el cuerpo del faraón hasta la zona funeraria. Pero posiblemente también servía simbólicamente para conducir el alma del rey a reunirse con su padre divino. Lo que sí es seguro es para qué emplea ahora Zahi Hawass el segundo barco, que, pese a toda la emoción que nos provoca, estaría mejor dejándolo tranquilo en el sitio donde lleva años: para volver a poner las antigüedades egipcias (y a sí mismo) en el candelero y ayudar a remontar la caída del turismo.

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