El cubismo inédito de Diego Rivera
Diego Rivera, uno de los artistas más relevantes de América en el siglo XX y marido de Frida Kahlo, entró por primera vez en contacto con el cubismo en España, donde se empapó de influencias prevanguardistas que le permitieron asimilar a su llegada a París en 1909 "lo que en Francia se veía de manera distinta". Inquieto en lo teórico, Rivera abraza así al cubismo desde el estudio de grandes pintores de la historia del arte, produciendo unas 250 obras de este género entre 1912 y 1916.
A partir de este momento, el mejicano se convirtió en un pintor prolífico que avanzaba a grandes pasos. Su cubismo se sustentó en las teorías del color y estaba interesado en el movimiento y en la percepción de lo que él llamaba 'la cuarta dimensión del espacio'. Esto hizo que su estilo fuera totalmente excepcional en el arte, enfrentándose incluso a una concepción visual no acostumbrada.
La muestra que alberga el museo hasta el 28 de agosto recoge de forma única en Europa la etapa netamente cubista de este artista con cinco obras inéditas a nivel continental y una que se descubrió gracias a esta exposición titulada 'Retrato de M.O. Voloshin'. Esta iniciativa, organizada por la Fundación Unicaja, supone una seleccón de sus mejores obras hechas con técnicas como acuarela o lápiz grafito sobre papel y óleo sobre distintos soportes como tela, madera o corcho.
Su temática abarca desde paisajes y bodegones hasta retratos y escenas costumbristas, mostrando un variado itinerario etilístico que abarca desde el impresionismo hasta el postmodernismo. Los cuadros, que tras ser expuestos en Málaga viajarán a Sevilla, proceden tanto de colecciones privadas como de museos americanos y europeos como el Instituto Veracruzano, el Museo de Guadalajara o la National Gallery of Art de Washington, entre otros.