Un dolmen ahogado entre edificios

Los vecinos de la localidad sevillana de Castilleja de Guzmán se movilizan contra la construcción de un supermercado y un geriátrico en el entorno de un yacimiento arqueológico. Dicen que en Castilleja de Guzmán (Sevilla) cuando se ha dado una patada a una piedra se han encontrado restos óseos milenarios, puntas de flecha y hasta un colmillo de elefante. Los vecinos de la localidad observan día y noche las excavadoras que trabajan sobre el dolmen de Montelirio. Y algunos de ellos se llevan las manos a la cabeza. Quieren preservar este monumento funerario calcolítico de 4.000 años de antigüedad, donde aseguran que se han hallado desde un diente de marfil a cuentas de ámbar. Del mismo, del que sólo se ha excavado el corredor, se sabe que es un enterramiento de cámara con tendencia circular y corredor, como es habitual en esta área prehistórica que conforma el Conjunto Dolménico de Valencina y Castilleja de Guzmán. La cámara mide 1,5 metros y el corredor 36,50. De gran entidad constructiva, este dolmen está compuesto de piedra arenisca, granito y pizarra, percibiéndose exteriormente el generoso túmulo artificial que lo cubre.

El Ayuntamiento de la localidad -en la que viven 2.512 habitantes- aprobó la construcción, entre otros, de un supermercado y un geriátrico en las cercanías del dolmen, a lo que se oponen los vecinos. Es habitual en muchos Ayuntamientos, incluido el de Sevilla capital, que el patrimonio arqueológico sea considerado más como un obstáculo que impide el crecimiento y el desarrollo, que como un bien público que revaloriza culturalmente la zona en que se halla. Esto está claramente recogido y explicado en el Informe Marina sobre el Aljarafe, que sigue recibiendo firmas de prestigio. Este rechazo a los bienes arqueológicos va directamente relacionado con el nivel cultural de los gestores de cada municipio, y puede ser apoyado o (permitido) por las administraciones culturales que, ante todo, tienen el deber de velar por este legado. Al famoso desarrollo sostenible se le da la vuelta para que se convierta en el desarrollo edificable. Así, no es de extrañar la cantidad de información que ha generado el escándalo del dolmen de Montelirio, denunciado por numerosas personas y colectivos, que vienen trabajando de forma altruista: Plataforma Aljarafe Habitable, Valencina Habitable, Plataforma Ciudadana Forestier, asociaciones de defensa del patrimonio y el Medio Ambiente, más el Informe Morilla, entre otros. Al Dolmen de Montelirio y a su entorno (restos y afloramientos arqueológico) se le han aplicado otros criterios de protección que al de La Pastora o Matarrubilla, hasta el punto que, aún teniendo los mismos valores que aquellos, el límite de protección fijado en un principio ha quedado reducido considerablemente. Siguiendo la evolución de este sinuoso asunto, parece claro que la Delegación Provincial de Cultura ha jugado un papel importante en esta desprotección parcial, contraviniendo incluso, según diversas denuncias, un dictamen que el anterior Director General de Bienes Culturales mandó a esta Delegación, en el que denegaba la desprotección parcial de Monfelirio. El escrito es del 4 de diciembre de 2001, lo cual indica que este empeño por reducir los limites de protección del Dolmen viene de lejos.

Para la desprotección parcial se ha venido luchando desde el año 2001, desde que la Dirección General de Bienes Culturales inició los tramites para su inclusión en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz con categoría de monumento. Todo iba bien hasta que, inexplicablemente, varios meses después (6 de septiembre de 2001) un arqueólogo de la Delegación de Cultura informó favorablemente un documento en el que se solicitaba la reducción del entorno de protección del dolmen. Es decir, una modificación puntual que incluía la recalificación urbanizable de una zona que pertenece al entorno de protección de Montelirio. Se dijo que existía un error material en la fijación de las coordenadas topográficas que definen el polígono de la delimitación. En un principio se le signó al dolmen una protección de 23.267 metros cuadrados. En la actualidad esta delimitación ha quedado reducida a 17.037. El monumento pierde, par tanto, 6.230 metros, que significa una reducción del entorno equivalente al 36,58 por ciento del total de la superficie que en un principio se protegía.

Los 11 colectivos de ecologistas y asociaciones de localidades aledañas aseguran que el dolmen "no es sólo lo que se ve", y que el túmulo, el conjunto, será dañado. El entorno arqueológico y paisajístico "está en peligro", asegura José Ignacio Artillo, uno de los activistas, "y el dolmen va a quedar ahogado entre las nuevas construcciones". El economista Eduardo Apellániz, de Valencina en Acción, habla de "sospechosas irregularidades administrativas en la reducción del entorno de protección del dolmen", unos márgenes que se establecieron cuando el conjunto fue catalogado bien de interés cultural por la Junta de Andalucía en 2003. Según la mesa ciudadana, esta reducción es la que permite el desarrollo urbanístico sobre el túmulo y el yacimiento que ha planeado el Consistorio en el PGOU de la localidad.

"El dolmen está perfectamente", asegura Bernardo Bueno, delegado provincial de la Consejería de Cultura. Aunque, "si los espacios laterales estuvieran vacíos, estaría mejor". Bueno se refiere a una carretera que discurre por uno de los lados, y probablemente a las viviendas que se alzan en el otro. Pero el delegado no entiende la polémica que se está generando. Bueno asegura que las coordenadas que se barajan coinciden con las establecidas a la protección del dolmen, que se están poniendo "cautelas arqueológicas" y que "si ahí hay algo, no se construirá". Desde enero se están realizando excavaciones para determinar la riqueza del lugar. Consiste en "poner en valor el dolmen", es decir, determinar qué hay bajo la tierra antes de elaborar un informe favorable o desfavorable a la Junta, la encargada de dar el visto bueno a los planes aprobados "inicialmente" en el PGOU. Además, Cultura explicó que el Ayuntamiento está prospectando todo el término municipal para completar la información que ya tiene. "Sería extremo y negativo para el pueblo decir que aquí no se construye nada", matiza Bueno, "por eso, en teoría se puede construir, pero si se descubre algo, no se puede. Lo primero que pedimos al dar la autorización es un proyecto arqueológico y es previsible que en una zona como ésta haya restos". A pesar de estas "cautelas", las discrepancias continúan porque, según Artillo, los informes sobre si los restos son valiosos o no "los harán arqueólogos contratados por quienes quieren construir". Las excavaciones quieren determinar si merece la pena conservar el dolmen o si, por el contrario, está muy destruido. Y el dolmen de Montelirio "es un monumento megalítico espectacular". Álvaro Fernández Flores, el director de la excavación, no oculta los tesoros bajo el montículo de tierra. "Está en un estado de conservación excepcional y no ha sido expoliado". El dolmen está protegido, sólo falta que se decida si el entorno, donde hay "pequeñas tumbas", albergará el supermercado o no. Al arqueólogo, como a los vecinos, le gustaría que se respetase el conjunto para "que no se rompa la comprensión del túmulo". Ahora, "es la Consejería de Cultura quien tiene la potestad de protegerlo", dice.

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