Nuevas identidades
Por algo la primera foto del excelente catálogo de estas Amazonas del arte nuevo reproduce el retrato que Chana Orloff esculpió para la mítica Natalie Barney en 1920. Barney escribió poesía y prosa, proclamó abiertamente su lesbianismo, tuvo amores tormentosos con la pomada intelectual y artística de la época y mantuvo uno de los salones literarios más codiciados de París durante casi sesenta años, donde Colette improvisaba pequeñas piezas y Mata Hari llegó a lucirse a caballo al estilo de Lady Godiva. Precisamente a Barney la llamó todo el mundo La Amazona , y la exposición toma prestado su sobrenombre para hablar de una constelación de mujeres artistas que compartieron, cada una a su manera, ese espíritu anticonvencional. Una exposición que muestra el trabajo de mujeres, pero las convierte en abanderadas forzosas de cuestiones de género excluyentes o literales. «¿Y si yo no fuera mujer?». El propio comisario recuerda la respuesta enviada por Dorothea Tanning en 1980 a la organizado...