Joan Miró, «asesino» en el MoMA

El Museo de Arte Moderno de Nueva York, el popular MoMA, ofrecerá a partir del próximo 2 de noviembre, y hasta el 12 de enero de 2009, la exposición «Joan Miró: Pintura y Antipintura, 1927-1937», en la que explora el lado más oscuro de Miró. Son noventa dibujos, pinturas, collages e incluso meros objetos en los que resuena la voluntad del artista de «matar el arte», un impulso que Joan Miró experimentó por primera vez entre los años veinte y treinta del siglo pasado, y que le acompañaría con mayor o menor intensidad hasta el fin de sus días. Su nieto, Joan Punyet Miró, lo atribuyó ayer, entre otras cosas a la reacción de su abuelo ante los efectos del crack de 1929 en el mundo y ante la guerra civil española. Su presentación en Nueva York coincide con el estallido de otra crisis, cerrando de algún modo el círculo.

«Cuerda y gente» (1935), una de las obras incluidas en la exposición. ABC

Esta curiosa simetría es sólo una de las sugerentes palancas de inquietud para acercarse a esta exposición, donde el habitual de Miró se llevará algún sobresalto, y en cambio puede sentirse inesperadamente atraído aquel al que no «llegaran» lo suficiente sus características superficies coloreadas y estrelladas. Es éste un Miró mucho más turbio, demoledor e hiriente, que lleva al paroxismo los colores ácidos y que a veces incurre «tanto en lo intencionadamente feo como en lo salvajemente bello», explicó la comisaria de la exposición, Anne Umland.

Los expertos creen que Miró se radicalizaba y se revolvía así contra el materialismo artístico y contra el uso de la creación como instrumento de propaganda burguesa. Sin embargo, lo que cuelga desde ayer de las paredes del MoMA está repleto de significaciones que van más allá de toda definición. La comisaria Umland invitó a reconsiderar el legado del pintor a la nueva luz de esta muestra, que es un emblema de cómo se hacía arte en el siglo XX y que hasta ahora ningún museo se había atrevido a acometer, quizás por miedo de desviarse del Miró más aceptado y convencional.

Tenía que ser todo un MoMA el que se atreviera a cruzar al otro lado del espejo. Y aún así no ha sido fácil armar el rompecabezas de la exposición, cuyas piezas proceden de la Fundación Joan Miró de Barcelona, del Centro Pompidou de París y de varias colecciones privadas.

Este esfuerzo recolector y exhibidor sitúa a Joan Miró en la definitiva encrucijada entre pasado y futuro cuando la guerra civil española le aleja de Barcelona y hace de París su refugio. Constituye un testimonio de continuidad y evolución artística frente a la convulsión y la «persistente tensión entre la abstracción y la figuración, lo radical y lo tradicional, la maestría formal y el asesinato estético». Un período que la muestra clausura con la exhibición de la poderosa pieza «Naturaleza muerta con un zapato», datada en 1937.

«Con esta muestra se ve lo que era el arte para Miró y lo que él proponía por oposición, además de que en ese proceso se revelaba la paradójica naturaleza del artista, que era la de la violencia y la resistencia de alguien que nunca dejó de ser un pintor y un creador de formas», afirma la comisaria.

La exposición cuenta con el patrocinio del gobierno catalán y fue inaugurada ayer en Nueva York por su vicepresidente, Josep-Lluís Carod Rovira, quien la saludó como un emblema de «la creatividad y la transgresión catalana». El Centro Catalán en la Universidad de Nueva York (NYU) ha organizado paralelamente un debate en el que participarán Joan Punyet Miró y Anne Umland. Está en preparación un simposio sobre la figura del pintor para el próximo mes de enero.

Anna Grau, Nueva York: Joan Miró, «asesino» en el MoMA, ABC, 29 de octubre de 2008

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