martes, 4 de noviembre de 2008

Zeus visita a sus hijas en el Prado

Calíope, Terpsícore, Clío, Erato, Talía, Euterpe, Polimnia y Urania, ocho de las nueve musas griegas, se reencontraron ayer con su padre, Zeus, el dios del Olimpo, en el Prado. Son las hijas de Zeus y Mnemósine. Un reencuentro emocionante e histórico. Las musas de la colección de la Reina Cristina de Suecia, a las que el Prado dedicó una bella sala en rojo pompeyano con su ampliación, lucían ayer más erguidas y orgullosas que nunca, pues a tan sólo unos metros se halla un excepcional Zeus -conocido como el «Zeus de Dresde»-, atribuido a Fidias o su círculo. Esta réplica romana (120-130 d.C.) es una de las joyas del Museo Albertinum de Dresde y forma parte de la exposición de escultura clásica que puede verse desde hoy en el Museo del Prado.

Debido al cierre temporal del museo de la capital de Sajonia por obras de reforma -no reabrirá hasta 2010- se ha llegado a un acuerdo de colaboración con el museo español, gracias al cual han viajado a Madrid 46 de sus mejores esculturas, que se miden con una veintena de piezas del Prado. Y, teniendo en cuenta que la de Dresde es una de las más importantes colecciones históricas de escultura clásica de Europa, la ocasión es realmente excepcional. Prueba de ello son los dos insignes visitantes que tuvo ayer la muestra: si Don Juan Carlos la inauguraba por la tarde, unas horas antes era el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, quien se acercaba al Prado para admirar estas esculturas y visitar la exposición de Rembrandt, antes de su encuentro con Zapatero.

Muchos creen que el Prado es sólo una pinacoteca, excepcional, pero pinacoteca. Y andan equivocados. Ya con su ampliación, el museo quiso poner en valor su colección de escultura, que, sin ser tan amplia ni tan reconocida como la de pintura, atesora piezas espléndidas. Además de la ya citada Sala de las Musas, el claustro de los Jerónimos (eje de la citada ampliación) alberga las esculturas de los Leoni. Pero es cierto que se echaba en falta en el museo una gran exposición de escultura clásica. Como los préstamos de escultura son bastante más complicados que los de pintura, no se ha dejado escapar una ocasión tan especial como ésta para organizar la tan anhelada muestra. Para sufragar los altos costes de la misma han asistido al auxilio del museo tanto la Fundación Amigos del Prado como la Sociedad Estatal de Acción Cultural Exterior, cuya nueva presidenta, Charo Otegui, se estrenaba ayer oficialmente.

Una cariñosa defensa

En la escultura clásica, comentaba ayer el director del Prado, Miguel Zugaza, se hallan los fundamentos del arte occidental, los orígenes de nuestra cultura artística. «Presentamos a Fidias en el Prado», dice con orgullo Zugaza, para quien «la pintura no se entiende sin las fuentes de la escultura clásica. Por eso hay que defender a ésta con más cariño que a otras que son más visibles en el museo». Según Stephan F. Schröder, jefe del Departamento de Escultura Clásica y del Renacimiento del Prado y uno de los dos comisarios de la exposición, «resulta emocionante ver estas piezas maestras junto a obras de artistas que veneraron y se inspiraron en estas esculturas». Es el caso de Veronés, Tiziano, Rafael o el propio Velázquez, quien recordemos que fue enviado por Felipe IV a Italia con el fin de adquirir vaciados de esculturas clásicas para el Alcázar.

Diez salas del edificio Villanueva acogen la exposición, que permanecerá abierta hasta el 12 de abril. A partir de entonces estas mismas salas (y alguna más) se reacondicionarán para recibir a una esperadísima inquilina: la pintura del XIX. Tras permanecer una década oculta por las obras del Casón, y tras una breve estancia en las salas de Moneo, un centenar de obras se integrarán al discurso de la colección histórica del museo. Se prevé que las nuevas salas del XIX puedan visitarse después del verano de 2009.

El origen de la exposición, recuerda Moritz Woelk, otro de los comisarios, fue un proyecto de investigación con los fondos del museo de Dresde. Después se pensó en una pequeña exposición y el proyecto fue creciendo hasta la magna muestra que hoy exhibe el Prado. El estupendo montaje (las piezas respiran y lucen en toda su belleza) lo firma Juan Alberto García de Cubas. El recorrido se ha dividido en tres apartados, bien diferenciados por los colores de sus paredes. Tras ser recibidos por las musas y su padre, Zeus, el visitante se emborracha con la «Belleza y dicha de los dioses clásicos». Entre paredes azul celeste se alzan majestuosas esculturas de los siglos V y IV a.C. de grandes maestros de la Antigüedad como Fidias, Mirón, Policleto, Praxíteles... Si en el siglo V las divinidades lucen hieráticas y solemnes, en el IV las figuras son más naturales. Frente a la felicidad eterna de éstos, la desdicha de los mortales. En este primer apartado hay joyas como la «Atenea Lemnia», de Fidias (450-440 a.C.), que se mide con una «Atenea» de Mirón; un adolescente atlético conocido como «el Efebo de Dresde» (hacia el 420 a.C) y «Sátiro escanciando vino», de Praxíteles (350-325 a.C). Fue hallada junto a otras tres réplicas en la villa imperial de Castel Gandolfo.

Fiestas y sacrificios a Dionisos

La sensualidad y alegría festiva en el arte helenístico-romano se aborda, entre paredes color oliva, en la segunda sección (siglos III-I a.C). Las figuras transmiten mayor movimiento y expresividad; algunas conservan la policromía original. Temas recurrentes de la época son las fiestas y sacrificios en honor a Dionisos. Una pequeña y mal conservada «Ménade de Dresde» (hacia el 100 a.C.), otra de las joyas de la muestra, nos atrae enseguida por su fuerza e intensa carga erótica. Esta joven marmórea en éxtasis, hallada en Marino, aparece reproducida en todos los manuales de escultura clásica. Además, bellas piezas como «Eros dormido», «La gran Herculanesa» y tres pequeñas esculturas de arcilla (de Corinto, Alejandría y Tanagra), que son una delicia. Retratos romanos del final del Imperio, bajo paredes azul oscuro, cierran la muestra, que nos depara una última sorpresa: el impresionante «Disco de Teodosio», cedido por la Academia de la Historia.

Natividad Pulido, Madrid: Zeus visita a sus hijas en el Prado, ABC, 4 de noviembre de 2008

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