sábado, 17 de octubre de 2009

Maíno, el dominico español que aprendió de Caravaggio

San Juan Bautista, 112-1613

Ser una rara avis suele conducir a la dispersión en las brumas de la historia. Juan Bautista Maíno (1581-1649) lo fue y por eso es un gran olvidado. Nacido en la localidad alcarreña de Pastrana, pasó su adolescencia en Madrid y en algún momento de finales del siglo XVI llegó a Italia. Un viaje decisivo que lo puso en contacto con las dos grandes corrientes del momento: el naturalismo dramático de Caravaggio y la revisión del clasicismo italiano de Annibale Carracci y la escuela boloñesa. Llegó a ser profesor de dibujo del niño que más tarde sería Felipe IV y su intervención fue decisiva para que Velázquez fuera nombrado pintor de la corte. En 1613 fue ordenado dominico y quizás por eso su producción es limitada: sólo se conocen unas 40 obras suyas. "No encajó bien en la pintura española porque siempre mantuvo una impronta italiana en su producción", ha explicado esta mañana Leticia Ruiz, jefa del Departamento de Pintura Española del Museo del Prado. Es también comisaria de la exposición Juan Bautista Maíno. Un maestro por descubrir, con la que la pinacoteca quiere rescatar a un maestro del que el estudioso Carl Justi afirmó en 1888: "Probablemente nadie llegó tan cerca de Caravaggio como este dominico español".

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 17 de enero de 2010, reúne 35 obras de Maíno, lo que constituye la casi totalidad de su producción, entre las cuales hay siete que se exhiben por primera vez y un total de 14 que nunca se han visto antes en España. La exposición se completa con otras 31 pinturas de los autores que más influyeron en el español, como Caravaggio, Guido Reni o Carracci. "La muestra permite ver los maínos dispersos por el mundo y apreciar la complejidad de su obra", señal Ruiz.

Organizada en ámbitos temáticos, la exposición ofrece un recorrido in crescendo a través de la evolución pictórica del artista que se inicia con obras de pequeño formato que se han confrontado con otras de maestros italianos. Otro apartado muestra la exploración de Maíno en el paisaje, un género que se estaba inventando por entonces en Roma. Más adelante el pintor se revela como un gran retratista, como muestra su Retrato de caballero, así como el Retablo de San Pedro Mártir en Toledo. A continuación se exhiben las obras de gran formato de Maíno, con su obra más emblemática La recuperación de la Bahía de Brasil (1634-35) destinada a decorar el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, la Adoración de los magos,-"una de las visiones más impactantes que se pueden dar de sedas, brocados o tocados de plumas", según Ruiz- la Adoración de los pastores, Santo Domingo en Soriano - "una de las imágenes más divulgadas del pintor"- y La Pentecostés; estas últimas se sitúan en las cotas más altas de la mejor pintura europea del momento, según su comisaria, remitiéndonos directamente a pintores como Savoldo, Caravaggio, Orazio Gentileschi o Guido Reni. También se han reunido algunas imágenes de santos que aparecen al lado de impresionantes obras, como el David vencedor de Goliat de Caravaggio.

La vinculación de Maíno con la corte le llegó gracias a su fama como excelente pintor y a su condición de dominico, y hacia 1620, cuando contaba 42 años, Felipe III lo llamó para que fuera maestro de dibujo del futuro Felipe IV. Por entonces, Maíno trabó amistad con Velázquez, a quién protegió y eligió en un concurso público para pintar el tema de La expulsión de los moriscos (hoy desaparecida). Frente a rivales tan reputados como Carducho o Cajés. De esta época del pintor cercana a Velázquez data el Retrato de caballero (1618-23), adquirido por el Museo del Prado en 1936

Pentecostés, 1620-1625

Magdalena penitente

La Sagrada Familia y Santa Catalina, 1617-1619

La Resurrección

Adoración de los pastores, 1611-1613

El director del Museo del Prado, Miguel Zugaza ha explicado que es "responsabilidad" de la pinacoteca nacional "rescatar del anonimato público" a un artista como Maíno, del que el Prado conserva la mayor parte de su producción. Asimismo, Zugaza ha descrito a Maíno como un artista, "original", "sofisticado", "moderno" y "elegante", que llega al Prado con el otoño, "tras el resplandor" veraniego Sorolla.

El artista vivió en primera persona toda esa confluencia de aportes y estilos, y así lo manifiesta su pintura, caracterizada por un dibujo vigoroso y descriptivo, la monumentalidad escultórica de sus figuras, trazadas con una iluminación contrastada e intensa y un colorido vivo y saturado, con profusión de amarillos, ocres, azules cobaltos y bermellones. El director adjunto del Museo del Prado, Gabriele Finaldi, ha subrayado sus "dotes poderosas" como "colorista" y retratista y su currículum "inusual" al ser padre de un "hijo natural" y "padre dominico", ha explicado.

Recuperación de la Bahía de Brasil, 1634-1635

Adoración de los Magos, 1611-1613

Retrato de un dominico

Retrato de caballero, 1613-1618

Isabel Lafont, Madrid: El dominico español que aprendió de Caravaggio, EL PAÍS, 16 de octubre de 2009
Luces y sombras de Maíno en el Prado, EL PAÍS / Galería, 16 de octubre de 2009

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