sábado, 17 de enero de 2009

Los «relojes blandos» de Dalí se pueden ver por primera vez en España

«Un reloj, sea duro o sea blando, no tiene ninguna importancia; lo importante es que señale la hora exacta», dejó dicho Salvador Dalí consciente de que, a pesar de todo, la morfología del tiempo sí que importa. Y mucho. Para muestra, «La persistencia de la memoria», obra en la que el pintor catalán presentó al mundo sus famosos “relojes blandos” y que puede verse ahora por primera en el Teatre-Museu Dalí de Figueras (Girona). El cuadro, un óleo pintado en 1931 que el MOMA ha cedido en préstamo al museo ampurdanés, no sólo es una las piezas más representativas y conocidas del artista catalán, sino que nunca antes había podido verse en España.

Salvador Dalí: «La persisitencia de la memoria», 1931.
Óleo sobre lienzo. 24 x 33 cm. MOMA. Nueva York

“Es una de las obras más queridas del MOMA, y es por esta razón por la que se cede en préstamo tan solo en muy contadas ocasiones . Estamos encantados de hacer posible que esta obra viaje por primera vez a la ciudad natal de Dalí, donde no se había expuesto antes”, aseguró a través de un comunicado el director del MOMA, Glenn Lowry. El calendario, caprichoso y consciente de que el próximo 23 de enero de cumplen 20 años de la muerte del pintor, ha querido que el regreso de “La persistencia de la memoria” coincida durante dos semanas en Figueres con la exhibición de “La metamorfosis de Narciso”, otra pieza de gran importancia cedida en préstamo por la Tate Modern.

El tiempo inestable

En un intento por abordar la angustia que provoca en el ser humano el control del tiempo, Dalí reivindica en “La persistencia de la memoria” lo relativo del tiempo y la fugacidad de cada instante con una obra que, a pesar de sus reducidas dimensiones -apenas 24 por 33 centímetros-, se presta a infinidad de lecturas. Sobre la tela, tres relojes blandos dispuestos junto a un paisaje en el que se reconoce el Cap de Creus y un cuarto reloj rígido e infestado de hormigas. “Las hormigas, por ejemplo, puede representar los remordimientos. Los relojes, el árbol seco... Es un cuadro abierto a mil interpretaciones que entra dentro de lo fantástico para ofrecer un emblema completo del tiempo”, señaló durante la presetacion de la obra el director del Museu Dalí, Antoni Pitxot.

El propio Pitxot recordó que Dalí empezó a pintar el cuadro en Portlligat y lo terminó en París, después de que una cena a base de queso Camembert le llevase a interrogarse sobre los problemas filosóficos de lo duro y lo blando. “Yo miraba fijamente el rostro de Gala y vi la contracción inconfundible de la maravilla y la sorpresa. Eso me convenció de la eficacia de mi nueva imagen, porque Gala no se equivoca nunca a la hora de juzgar un enigma”, recordía Dalí en sus textos autobigráficos.

Desde su creación, hace casi ocho décadas, y tras su rápido traslado a Estados Unidos de la mano de Julien Levy, quien se lo compró por 250 dólares al galerista parisino Pierre Colle, “La persistencia de la memoria” únicamente ha salido el MOMA en una docena de ocasiones. Se trata, pues, de una ocasión especial y excepcional que el Museo-Teatro Dalí ha querido aprovechar para publicar una serie de materiales didácticos y audiovisuales destinados a explicar e intepretar la más popular de las obras de Salvador Dalí.

David Morán, Figueras (Gerona): Los «relojes blandos» de Dalí se pueden ver por primera vez en España, ABC, 16 de enero de 2009

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