Frank Lloyd Wright, el amante de ladrillo y hormigón

Frank Lloyd Wright se expresó a través del ladrillo, el hormigón, la madera y la piedra. Pero su propia casa, Taliesin, en las colinas de Spring Green (Wisconsin), construida para él y su amante Margaret Mamah Borthwick Cheney, ardió en 1914 dejando una devastadora huella en el gran patriarca de la arquitectura estadounidense. Casado tres veces, Frank Lloyd Wright (1867-1959) apenas habló de aquella mujer en su autobiografía, a pesar del escándalo que supuso entonces que ambos huyeran juntos a Europa abandonando a sus respectivas familias y del trágico final de ella.

Frank Lloyd Wright con su última esposa, Olgivanna, y la hija de ambos. AP

Amar a Frank (Alfaguara) reconstruye de la mano de la ficción histórica la vida de aquella relación, mientras otro libro de la misma índole, The women, de T. C. Boyle -que ahora publica Viking en Estados Unidos-, narra la vida del arquitecto a través de las mujeres (tres esposas y una amante) que lo amaron. Ninguna, dicho sea de paso, tanto como él a sí mismo.

Impetuoso, bajito y ambicioso, con un poder de seducción sólo comparable a la revolucionaria imaginación de sus casas, Frank Lloyd Wright fue, como tantos, un hombre contradictorio y complicado en sus pasiones. Murió el 9 de abril de 1959 a los 91 años, hace ahora 40 años. Tres días después le enterraban en Taliesin (que ardió por segunda vez en 1925 por una conexión eléctrica defectuosa), junto a la tumba de su madre y la de su amante Mamah Borthwick. Hoy, cuando los árboles centenarios y la infatigable corrosión del agua, la tierra y el tiempo son el peor enemigo de los cimientos de sus legendarias casas, dos escritores recuerdan la esencia de un hombre que dijo que había perdido todo en la vida menos su "trabajo", y que "la verdad es siempre más importante que los hechos".

La autora de Amar a Frank vive en la misma calle de Oak Park en la que a principios del siglo XX vivían Mamah Borthwick y su marido, Edwin Cheney. El matrimonio encargó una casa a un entonces joven y ya reputado arquitecto que también tenía su estudio en aquella localidad de Illinois. Frank Lloyd Wright estaba entonces casado con su primera mujer, Catherine Lee Tobin, con la que tenía seis hijos y a la que todos llamaban Kitty.

Nancy Horan, una versátil periodista que ha escrito sobre asuntos tan femeninos como el fondo de armario de Oprah Winfrey, el paisajismo o el cáncer de mama, decidió investigar la vida de Mamah Borthwick al comprobar que ni en las visitas guiadas para turistas ni en la autobiografía del arquitecto se hablaba de ella. Después de siete años de trabajo, Horan reconstruyó parte del rompecabezas: un joven arquitecto tocando fondo, una mujer madre de dos hijos fascinada con él y con las lecturas de la feminista sueca Ellen Key, dos matrimonios amigos y las portadas de los periódicos de la época acusando a los amantes de huir abandonando a los suyos. Él, un endiosado y ella, una vampiresa.

Todas las piezas volvieron a tomar forma cuando después de viajar por Alemania e Italia el arquitecto y su amante (la primera mujer tardó 14 años en concederle el divorcio) decidieron construirse una casa y asumir su nueva vida en los terrenos que el arquitecto había heredado de su madre y en los que había jugado de niño. En memoria de su origen galés, Lloyd Wright llamó al lugar Taliesin, que significa Cima Luminosa. Ideada como estudio y refugio para huir de los agobios financieros y sociales, la fatalidad, la sangre y las llamas se cebaban el 15 de agosto de 1914 con aquel sueño. Un sirviente, Julian Carlton, asesinó a hachazos primero a Mamah Borthwick y luego a su hija de nueve años y a su hijo de 12, ambos fruto de su matrimonio con Edwin Cheney. Carlton cerró todas las puertas de la casa menos una y le prendió fuego. Cuatro trabajadores de la finca morirían también en lo que Lloyd Wright describiría como "pesadilla de llamas y muerte de un loco".

Es aquí donde aparece el personaje que domina el relato de The women, el libro de T. C. Boyle que busca las claves del picasso de la arquitectura a través de sus amores.

La casa Taliesin. AP

Maude Miriam Noel fue su segunda esposa. Una desconocida que, conmovida por la historia de Taliesin, empezó a escribirle para consolarle hasta seducirle. Incomprensiblemente, Frank Lloyd Wright no renunció a la casa de sus sueños y reconstruyó Taliesin para Miriam Noel, que resultó ser una mujer de la alta sociedad adicta a la morfina y al espiritismo. Con el divorcio de su primera mujer en las manos, el arquitecto volvió a casarse, para embarcarse en una montaña rusa afectiva que se cerró cuando ella le abandonó seis meses después de la boda y él conoció a la que sería su última esposa, una bailarina de Montenegro 30 años más joven llamada Olgivanna Lazovich, con la que tendría una hija y con la que permanecería hasta su muerte.

Bajo el cursi título de El arquitecto del amor, la elogiosa crítica de The New York Times al libro de T. C. Boyle apunta que la novela sobre el autor de La casa de la cascada es una "hipnótica" historia sobre mujeres que "invirtieron y arriesgaron todo por ese misterioso arsenal de sentimientos llamado Frank Lloyd Wright".

Elsa Fernández Santos, Madrid: El amante de ladrillo y hormigón, El País, 11 de febrero de 2009

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