domingo, 22 de febrero de 2009

Un siglo de revolución futurista

"Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todas las clases". Se cumple un siglo de la publicación de estas palabras en la portada de 'Le Figaro'. El 20 de febrero de 1909 Filippo Tommaso Marinetti, un joven poeta arrogante e impetuoso, publicaba su incendiario manifiesto. Había nacido el futurismo. Aquel poeta viajado y de familia acomodada fundó junto a un puñado de pintores italianos –Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà- una vanguardia única. Era la ruptura con el pasado, el culto a toda aquella nueva vida moderna plagada de electricidad, de máquina, de violencia, de movimiento… Era la 'velocità'. "Un coche de carreras, con la carrocería adornada de grandes tubos como serpientes de explosivo aliento… un coche rugiendo (…) es más hermoso que la Victoria de Samotracia", rezaba su primer manifiesto. Después llegarían muchos más. El manifiesto de los pintores futuristas, los arquitectos futuristas, la mujer futurista…

Y para dar a conocer aquellas incendiarias teorías, nada mejor que acciones impetuosas. En 1910, Marinetti y sus chicos subieron a la torre del reloj en la Plaza de San Marcos de Venezia. Comenzaron a lanzar diatribas. Llovían copias de su panfleto 'Contra la Venecia del Pasado' (urbe ‘passatista’, antítesis del futurista), que arremetía contra aquella "ciudad putrefacta, magnífica úlcera del pasado".

La máquina, el movimiento, la violencia, la ciudad... La ruptura con el pasado y la admiración por la vida moderna marcó las obras futuristas. Diversas exposiciones en todo el mundo celebran el centenario de esta vanguardia única. "Todo se mueve, todo cambia, todo se transforma rápidamente. Una figura nunca está inmóvil delante de nosotros, sino que aparece y desaparece sin cesar. [...] Queremos volver a entrar en la vida", decía Boccioni en su 'Manifiesto de las técnicas de la pintura futurista'.

Autor: Umberto Boccioni: 'Composición en espiral', 1913, óleo, Museo del Novecento. Exposición temporal: 'Futurismo 100', Museo de Arte Moderno de Trento (MART)

En busca de un estilo

Aunque los jóvenes artistas tenían claras sus intenciones, algo más les costó encontrar un estilo con el que trasladar todo aquel ímpetu y velocidad al lienzo. Pasaron dos años desde el manifiesto de 'Le Figaro' hasta la primera exposición futurista, celebrada en Milán. Las obras expuestas echaban mano de la descomposición puntillista ("complementarismo congénito", lo llamaron los jóvenes futuristas) para retratar la luz eléctrica, el movimiento de la ciudad moderna o los altercados anarquistas.


'Dinamismo de un cuerpo', U.B.

Las críticas que la primera muestra no fueron buenas, sobre todo las palabras del crítico florentino Ardengo Soffici en 'La Voce'. Marinetti, Boccioni y Carrà no dudaron en coger un tren a Florencia y se abalanzaron sobre el crítico y sus compañeros cuando estaban sentados en la terraza de un café. Con el tiempo, Soffici se acabaría convirtiendo en amigo y defensor de aquellos artistas.

Los chicos futuristas seguían buscando un estilo. En otoño de ese año, Luigi Russolo, Boccioni (tal vez el artista del grupo con más talento) y Carrà convencieron a Marinetti para que les financiase un viaje a París, donde vivía otro compañero de vanguardia, Gino Severini. Allí descubrieron el cubismo. Todos aquellos planos en los que Picasso y los demás cubistas descomponían sus mujeres y guitarras podían servir también para captar el movimiento, la 'velocità' de la máquina y la ciudad.

Del éxito a la muerte en la batalla

A los pocos meses de aquel viaje, en febrero de 1912, llegó la gran exposición futurista. En París, capital indiscutible de las vanguardias. Muchos críticos también recibieron con sorna y horror aquellas obras, pero el éxito fue total. Los lienzos iniciaron una gran gira. Londres, Berlín, Bruselas, Ámsterdam, Munich, Zurich… Ninguna otra vanguardia había paseado así sus obras por toda Europa.

Sin embargo, el ímpetu futurista se ahogó con la Primera Guerra Mundial. En las trincheras perecieron Boccioni y el arquitecto Antonio Sant'Elia. Los demás, tomaron otros derroteros. Carrà se sumó a Giorgio de Chirico y su pintura metafísica, Balla probaba mientras tanto con la abstracción y Marinetti abrazaba el nacionalismo y violencia del fascismo de Mussolini. Aquella "higiene del mundo" que era para Marinetti la guerra acabó con el movimiento.

Isabel Espiño, Madrid: Un siglo de revolución futurista, El Mundo, 20 de febrero de 2009

Carrà había sido testigo de los incidentes que se produjeron tras la muerte de Galli en la huelga general de 1904. En 1910 comenzó este gran óleo que los relataba. Después de viajar a París y conocer de primera mano el cubismo, lo rehizo. Las formas cubistas se pone así al servicio de la violencia futurista: la multitud y la policía confluyen en una violenta trama de rojos y negros, con las mismas formas repetidas varias veces para dar esa sensación de agitación y violencia.

Autor: Carlo Carrà, 'Funeral del anarquista Galli', 1910-1911, óleo, MoMA, Exposición: 'Futurismo. Avanguardia - Avanguardie', Scuderie del Quirinale

Balla utilizó las técnicas de descomposición del color que usaban los puntillistas para dar cuerpo a las ideas futuristas. Para retratar el movimiento, el artista repite varias veces la figura de la joven.

Autor: Giacomo Balla, 'Niña que corre por el balcón', 1912, óleo, Galleria d'Arte Moderna (Milán), colección Grassi, Exposición: 'Futurismo. Avanguardia - Avanguardie', Scuderie del Quirinale

Russolo recurrió a otra estrategia para recrear el movimiento y la violencia. A aquella serie de ángulos que partían las imágenes del cuadro las llamó 'líneas de fuerza'. En Esta obra, a través de los ángulos se distingue la muchedumbre que se acerca a la fábrica.

Autor: Luigi Russolo, 'La revuelta', 1911, óleo, Gemeentemuseum, Exposición: 'Futurismo. Avanguardia - Avanguardie', Scuderie del Quirinale

Esta es la primera parte de un gran tríptico que se aleja un poco de la temática habitual de los futuristas. Boccioni combina su gusto por la máquina o el movimiento con figuras solitarias y más introspectivas.

Autor: Umberto Boccioni, Estados de ánimo I: 'Los adioses', 1911, óleo, MoMA. Exposición: 'Futurismo. Avanguardia - Avanguardie', Scuderie del Quirinale

Parte del tríptico se pintó tras la visita de los jóvenes futuristas a París. Las formas descompuestas, los rostros quebrados... recuerdan a las obras cubistas que conocieron en aquel viaje. Eso sí, el color es puro futurismo.

Autor: Umberto Boccioni, Estados de ánimo II: 'Los que parten', 1911, óleo, MoMA. Exposición: 'Futurismo. Avanguardia - Avanguardie', Scuderie del Quirinale

En estas obras, Boccioni aplicó por primera vez sus teorías de simultaneidad y dinamismo. "A veces, en la mejilla de la persona con quien estamos hablando en la calle, vemos un caballo que pasa a la distancia. Nuestros cuerpos entran en los sofás en que nos sentamos y los sofás entran en nosotros", decía el pintor en su 'Manifiesto de las técnicas de la pintura futurista'.

Autor: Umberto Boccioni, Estados de ánimo III: 'Los que se quedan', 1911, óleo, MoMA, Exposición: 'Futurismo. Avanguardia - Avanguardie', Scuderie del Quirinale

Severini era el único de los jóvenes futuristas que vivía en París. Su obra no podía ser ajena al torbellino de vaguardias que entonces era la capital gala. Sus lienzos son más parisinos, tanto en estilo (más cercano al cubismo que otros compañeros) como en los temas, alegres y menos comprometidos políticamente. Como en muchas obras, en este óleo se entregó a los "bailarines reflejados en el alegre ambiente de luces y colores", como él mismo los definía.

Autor: Gino Severini, 'Bailarina articulada', 1915, óleo, Fondazione Magnani Rocca. Exposición: 'Futurismo 100', MART

Boccioni trasladó las teorías futuristas a una escultura que buscaba "la abolición completa y absoluta de la línea finita y de la escultura cerrada". Esta es su escultura más conocida. Los contornos de un hombre en marcha parecen estar esculpidas por las fuerzas del viento y la velocidad. Aunque la poderosa figura recuerda a una estatua clásica, los materiales hacen pensar rápidamente en las máquinas modernas que tanto adoraban los futuristas.

Autor: Umberto Boccioni, 'Formas singulares de continuidad en el espacio', 1913, bronce, Tate. Exposición: 'Formas únicas: pintura y escultura de Boccioni', Estorick Collection of Modern Italian Art

Otro ejemplo de la escultura abierta de Boccioni. La botella, la mesa, la bandeja... las líneas de todos ellos se cruzan y confunden. "Los objetos no acaban nunca", decía el futurista.

Autor: Umberto Boccioni, 'Desarrollo de una botella en el espacio', 1912, bronce, colección privada. Exposición: 'Formas únicas: pintura y escultura de Boccioni', Estorick Collection of Modern Italian Art

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