lunes, 5 de abril de 2010

Martín Ramírez, del psiquiátrico al Reina Sofía


La muestra se compone de 62 piezas que el artista mexicano realizó durante su estancia en un psiquiátrico de Estados Unidos.(Edición de vídeo: VICTOR CASTAÑO

El Museo Reina Sofía acoge la exposición "Martín Ramírez. Marcos de Reclusión", rtve.es, 2 de abril de 2010

En el plazo de cincuenta años, los dibujos de Martín Ramírez (Jalisco, 1895-Sacramento, 1963) han pasado de colgar en las paredes de una estancia del DeWitt State Hospital, una institución psiquiátrica de California -donde recluían a locos y tuberculosos-, a hacerlo de los muros del Museo Reina Sofía. Entre estas dos fechas, apenas nada. Tan sólo el reconocimiento o la curiosidad de algunos artistas, y el empeño del Dr. Tamo Pasto, profesor de psicología y arte, que visitaba de manera asidua a Ramírez y que vio en su obra algo más que la expresión visual de alguien a quien habían dado por loco (teoría que hoy se tambalea). Pasto fue el responsable de salvar parte de su obra, casi medio millar de dibujos, de las llamas del fuego (el pegamento que utilizaba Ramírez en algunas de ellas contenía saliva y las enfermeras pensaban que podían ser causa de contagio), y de intentar darla a conocer tras la muerte de este artista autodidacta.

Sofisticación formal

Ramírez, emigrante, víctima del crack del 29, vagabundeó por las calles hasta ser encerrado, a los 37 años, en una institución mental. Entonces, decidió recluirse también en su propio mundo, el arte, un arte «de una gran sofisticación formal», del que Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, destaca «su manera de reflejar, a través de sus dibujos, el juego entre el afuera y el adentro». Ese interés por mostrar otros enfoques de la historia del Arte -«para que exista un centro tiene que haber una periferia»-, es lo que ha llevado al Reina Sofía a dedicarle esta retrospectiva -la primera en Europa- a Ramírez. Bajo el nombre «Marcos de reclusión», la muestra, comisariada por Brooke Davis Anderson, que ya coordinó otra exhibición de este artista en 2007 en el Folk Art Museum de Nueva York, aclamada por la crítica, reúne ahora un total de 62 dibujos procedentes de coleccionistas privados y públicos.

Todas sus obras encierran las referencias vitales del artista. Desde su México natal, con sus dibujos de vírgenes y de iglesias; a California, donde emigró en los años 20 para trabajar en el ferrocarril. De ahí brotaron sus jinetes, túneles y trenes. Ilustraciones que aparecen encerradas por líneas y curvas repetidas hasta la obsesión, creando un clima inquietante, claustrofóbico, símbolo quizá de su propia incomunicación (muchos médicos creyeron que era sordomudo, aunque realmente no sabía inglés). De técnica inicialmente muy primitiva, «Ramírez utilizaba cualquier papel que tuviera a mano, a veces lo fabricaba él mismo o lo sacaba de la basura, y robaba los lápices a los celadores», explica Anderson, con el tiempo, logró que aquellos que le visitaban le facilitaran mejores materiales. «Con ayuda o no de su entorno, Ramírez logró crear un vocabulario visual diferente». La muestra que se puede ver ahora en el Reina Sofía abarca los últimos quince años del artista, «las obras no están ordenadas de manera cronológica, pues no están fechadas, aunque sí las hemos reunido por temas», matiza.

Arte marginal

El artista mexicano nunca dejo testimonio escrito alguno sobre el significado de su obra. Lynne Cooke, subdirectora del Reina Sofía, afirma que «tampoco esto es lo que más nos interesa sino el discurso que crea a su alrededor». Y recuerda que los artistas outsiders han sido centro de atención en numerosas ocasiones. «Max Ernst y Klee fueron los primeros en volver la vista hacia los artistas marginales». Para Cooke la interrogante es otra: el papel que deben jugar los museos en la actualidad respecto a otras formas de arte. «¿Debemos adelgazar las fronteras o reafirmarlas?» En este caso, el Reina Sofía lo tiene claro.

Martín Ramírez falleció en Sacramento el 17 de febrero de 1963. Fue enterrado solo, pues su familia no podía asumir los gastos del traslado a México. Ayer, en su entrada en el museo, estuvo acompañado por su nieta, varias bisnietas y una tataranieta.

Susana Gaviña, Madrid: Del psiquiátrico al Reina Sofía, ABC, 31 de marzo de 2010

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