La restitución moral de Robert Capa

Francisco Borrell García no fue el único miliciano muerto en Cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936 para la cámara de Robert Capa. El más famoso, sí, pero no el único, según las fotografías tomadas ese día, cuarenta de las cuales, la mayoría desconocidas hasta ahora, se exponen ahora en el Barbican de Londres, como ya informó ABC. El hecho de que el fotógrafo de origen húngaro captara los cadáveres de otros compañaros de Borrell, en esa loma próxima a Córdoba, viene a reforzar la autenticidad de «Muerte de un miliciano», la simbólica instantánea de la Guerra Civil que, por retratar con elocuencia el momento de la muerte y caída del anarquista, en ocasiones ha sido cuestionada como fotomontaje.

La secuencia de las fotos ha sido recompuesta tras largo tiempo de investigación, dificultada por el hecho de que la película fue en parte troceada cuando Capa la envió a su estudio de París, con el fin publicar algunas de las instantáneas, y sus negativos quedaron dispersos (el de «Muerte de un miliciano» no ha sido encontrado). Parte de ese material no había sido localizado hasta muy recientemente.

La sucesión de imágenes descarta completamente que la conocida foto fuera un fotomontaje, una imagen recreada o retocada engañosamente en el estudio. Otra cosa es que tanto Borrell como los otros dos soldados republicanos que yacen en el suelo estuvieran simulando haber sido alcanzados por las tropas franquistas.

Las fotos dicen claramente que la unidad de Borrell estaba posando ante la cámara de Capa y de la de su novia, Gerda Taro, representando estar en batalla. Su gesto heroico más bien descarta que algunos de ellos quisieran hacerse el muerto como regalando ese triunfo a los nacionales. Además, si la secuencia recompuesta es la real, es lógico que las últimas fotos sean las del inesperado ataque del enemigo: tras ellas no hay más poses ante las cámaras. No obstante, el hecho de que no se vean los cuerpos muertos de cerca y sangrando seguirá manteniendo la duda de los no convencidos.

Un ataque sorpresa

Cynthia Young, organizadora de la exposición, abierta hasta el 25 de enero, defiende la explicación dada por el principal biógrafo de Capa, Richard Welham. Según éste, Capa y Taro llegaron a Cerro Muriano a primera hora de la tarde del 5 de septiembre de 1936. La Columna Alcoyana que defendía esas posiciones, en las que se habían cavado trincheras, se prestó al juego de las cámaras. De pronto, mientras Borrell posaba ante la Leika de un Capa agachado o metido en una trinchera se produjo un ataque sorpresa del general franquista Varela. Retirado por sus compañeros, justo en ese mismo lugar cayó otro miliciano (la coincidencia alimenta los argumentos de los escépticos); el cuerpo de éste se juntó luego al de otro muerto.

La exposición del Barbican incluye algunas fotos procedentes de la maleta con negativos y contactos de 4.200 fotos de Capa, la mayoría sobre la Guerra Civil, que fue encontrada recientemente en México. Las nuevas imágenes son sobre la batalla del río Segre, que tuvo lugar en 1938. Otra de las salas documenta la huida de refugiados de Barcelona en 1939. La muestra incluye también las famosas tomas que hizo Capa en el desembarco de Normandía, así como su trabajo en Alemania en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial.

Emili J. Blasco, Londres: La restitución moral de Robert Capa, ABC, 17 de octubre de 2008

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