REPORTAJE: La belleza del mal. Artistas en combate

La relación entre el arte y la guerra, entre lo más sublime y lo más terrible que produce el ser humano, permite interpretar y comprender la Historia desde 1914 hasta la invasión de Irak

Componer, pintar, esculpir, arengar, matar. El arte y la guerra forman una pareja que a lo largo de la historia ha tenido una relación tan intensa como tormentosa. La guerra ha servido de inspiración, de denuncia, de protesta. Los ejemplos abundan. Desde el Guernica de Picasso hasta las recreaciones de Botero de las torturas en Abu Ghraib pasando por los paisajes apocalípticos de Ludwig Meidner o las desoladoras fotografías tomadas por Capa en la Guerra Civil española.

'A.D. MCMXIV' (1914), de Man Ray

La representación plástica de la realidad y de los sentimientos más dolorosos que la guerra produce sigue interesando al espectador como ningún otro tema. Son muchos los autores que han reflexionado sobre la relación entre lo más sublime del hombre (el arte) y lo más miserable (la guerra). Sin embargo, hay pocas respuestas que sirvan para desbrozar las causas de la fascinación entre mundos tan opuestos. Prueba del interés que despierta esta relación son las tres grandes exposiciones que ahora se inauguran en Londres y Madrid: ¡1914! La vanguardia y la Gran Guerra, en el Museo Thyssen-Bornemisza y en la Fundación Caja Madrid; This is War! Robert Capa at Work and Gerda Taro, en la Barbican Gallery de Londres, y Cold War Modern Design. 1945-1970, en el Victoria & Albert Museum de Londres.

La historia y lo último del fotoperiodismo de guerra más impactante se unirán en la Barbican Gallery de Londres a partir del 18 de octubre. This is War! son dos exposiciones en una. En la primera parte está el trabajo del más famoso fotorreportero del mundo, Robert Capa (1913-1954), junto a las imágenes nunca suficientemente reconocidas de su mujer, Gerda Taro (1910-1937). Frente a la visión de estos dos maestros se contrapone la mirada de cuatro jóvenes creadores. Son el holandés Geert van Kesteren, la vietnamita residente en EE UU An-My Lee, el israelí Omer Fast y el fotógrafo de origen chino residente en Nueva York Paul Chan. La comisaria, Kate Bush, ha querido que las fotografías y vídeos de todos estos artistas estén centrados en las guerras más recientes como las de los Balcanes o Irak y la angustia de los refugiados de todas las zonas en conflicto. Son imágenes que hacen que el espectador se pregunte sobre la capacidad del arte, en este caso la fotografía, para cambiar las cosas. Cada imagen es una invitación a la reflexión sobre la locura de la guerra.

De entrada, la exposición presenta a Robert Capa como el mejor fotógrafo de guerra de la historia y sirve para redescubrir a su mujer, Gerda Taro, y la relación artística y personal entre ambos. Él, de origen húngaro, y ella, nacida en Alemania, se conocieron en París. Sus sentimientos izquierdistas y rotundamente antinazis les trajeron a la Guerra Civil española en 1936. Capa inmortalizó a los milicianos y los desfiles militares utilizando el ángulo de la cámara de forma que la mirada del retratado era una suma de heroicidad y tristeza. Buen material también para la propaganda de guerra. Sus inusuales perspectivas las tomó prestadas de la forma en que los constructivistas rusos se planteaban sus cuadros. Así ensalzaba las virtudes de los trabajadores. Gerda Taro se centró en los retratos de las mujeres en el frente. Hay quien cree que muchas de las fotografías de Capa estaban en realidad realizadas por ella. En su segundo viaje a España, en 1937, Taro retrata a los heridos de los hospitales en Valencia, las víctimas en los tanatorios. Cumple como nadie la famosa frase de Capa: "Si tus fotos no son suficientemente buenas es que no estás suficientemente cerca". Mientras fotografiaba las atrocidades de los fascistas contra la población civil, murió aplastada por un tanque.

Ya en la parte más reciente de la exposición está el trabajo del holandés Geert Van Kesteren, conocido en todo el mundo por la serie de fotografías tomadas en Irak justo después de la invasión. El fotógrafo también ha retratado a los refugiados iraquíes en Siria, Jordania y Turquía. Y cuenta la comisaria que Van Kesteren no quiso que el único retrato de este sufrimiento estuviera recogido por el ojo de un extranjero y pidió a todo el que pudiera que fotografiara lo que viese con sus teléfonos móviles. Logró una visión mucho más rica y terrible de la catástrofe. Los trabajos de An-My-Lee se centran en los paisajes que rodean los campos de batalla. La aportación de Paul Chan será la proyección de su Tin Drum Trilogy. Del israelí Omer Fast se exhibirá The Casting, en la que se proyectan dos películas con una única banda sonora en la que un soldado norteamericano cuenta su experiencia en Irak.

Pero si hay un conflicto en el que el arte y la guerra son de verdad uña y carne, en el que los creadores no se quedan indiferentes, es la Primera Guerra Mundial. Los artistas fueron soldados. Muchos de ellos murieron en el frente y marcó un antes y un después en el mundo del arte. Todo ello se cuenta en ¡1914! La vanguardia y la Gran Guerra a partir del día 7 de octubre en el Museo Thyssen-Bornemisza y en la Fundación Caja Madrid. Javier Arnaldo, conservador jefe de investigación del museo, ha querido hacer toda su vida esta exposición. "Se ha tratado muy poco. Es un momento en el que de manera muy clara el arte no puede permanecer mudo ante lo que ocurre y, de manera individual o agrupados en movimientos, los artistas dan sus respuestas más apasionadas. En torno a ella nacen y mueren los grandes movimientos artísticos del siglo XX: expresionismo, cubismo, futurismo, vorticismo, la abstracción". ¿Las causas de ese silencio? "Es un episodio incómodo para las vanguardias porque los artistas son belicistas. Son artistas y soldados. El vínculo entre vanguardia histórica y guerra es contundente". Guillaume Apollinaire, Fernand Léger, Otto Dix, William Roberts, David Bomberg, Wyndham Lewis, Max Beckmann son algunos de los artistas combatientes.

Las 227 obras de la exposición se distribuyen en ocho apartados. Arranca situando al espectador en 1913, el año de la culminación de todos los movimientos vanguardistas. Y es un momento en el que decir vanguardia equivale a hablar de cultura con mayúsculas. El escenario de la guerra es también el de la cultura. "Se produce el curioso fenómeno", cuenta Javier Arnaldo, "de que la mayor parte de los soldados de esta guerra son voluntarios. Están convencidos de que pueden purificar la sociedad, superar la decadencia burguesa". Los artistas aportan una mirada apocalíptica y profética, representada profusamente a través de los jinetes soldados. "Esta guerra se conoció como la guerra de las culturas o de los espíritus. Era optar entre la cultura alemana y la civilización francesa. No es una guerra con buenos y malos. A diferencia de la Segunda Guerra Mundial, en la que la razón está inequívocamente de parte de los aliados frente a Alemania, en la primera no hay unas aspiraciones más legítimas que otras". El desarrollo de la abstracción coincide también con lo que se puede llamar el comienzo de la guerra invisible, donde no hay lucha cuerpo a cuerpo. "El camuflaje, el distanciamiento de los objetos, tiene que ver con el fin de la representación real de las cosas", añade el comisario. La iconografía a la que recurren estos artistas encierra un claro elogio de la mecanización (Fernand Léger es el artista más representativo de esta tendencia).

Y para concluir la oferta, el Victoria & Albert Museum de Londres acaba de abrir una refrescante exposición, sobre el arte surgido durante la guerra fría: Cold War Modern Design: más de 300 obras (Superman, Picasso, la fotografía de moda, el mobiliario de diseño) hilvanan un discurso en el que el telón de fondo habla de las consecuencias de la guerra. Es un momento en el que las potencias se esfuerzan en mostrar al mundo su poderío cultural. Nixon y Kruschev lideran el debate en torno a las cocinas. A uno y otro lado del telón de acero se crean artilugios último modelo que tienen en el plástico el material ideal. Los grandes nombres del diseño se ponen al servicio de la tensión política internacional. Sillas, mesas, secadores, todos los utensilios para el hogar pueblan esta magnífica exposición. -

Del 7 de octubre al 11 de enero de 2009. www.museothyssen.org/ y www.fundacioncajamadrid.es

This is War! Robert Capa at Work and Gerda Taro. Barbican Gallery de Londres.www.barbican.org.uk

Cold War Modern Design. 1945-1970. Victoria & Albert Museum de Londres.www.vam.ac.uk

¡1914! La vanguardia y la Gran Guerra. Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación Caja Madrid Del 18 de octubre al 25 de enero de 2009. Hasta el 11 de enero de 2009.

Ángeles García: Artistas en combate, El País/Babelia, 27 de septiembre de 2008

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