El Thyssen reivindica a Joan Miró más allá del surrealismo

"La historia del arte del siglo XX se narra a través de una sucesión de ismos y esa forma de contar implica olvidar los últimos 40 años de la producción de Joan Miró, cuando su obra está impregnada de un carácter trágico y elegiaco", aseguraba ayer Tomàs Llorens, comisario de la muestra Miró: Tierra que inaugurará hoy el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid.

Tomàs Llorens, ayer ante la obra de Miró Mujeres, pájaros (1973), en el Museo Thyssen. Álvaro García

Esa obsesión de los historiadores, según Llorens, limitó la proyección internacional de Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma de Mallorca, 1983) a su etapa surrealista y condenó al olvido su producción posterior. "La última obra de Miró es la más profunda, la más radical que se hace en todo el siglo XX, más incluso que la de Picasso", afirma Llorens quien ha reunido 68 obras procedentes de museos y colecciones de todo el mundo, 40 de las cuales se verán en España por primera vez.

"Ésta es la exposición más importante que se ha hecho de Miró desde que, en 1993, el Centro de Arte Reina Sofía organizó una gran muestra para el centenario de su nacimiento", comentó ayer Joan Punyet Miró, uno de los tres nietos del artista barcelonés, que ha prestado tres obras de su colección particular para la muestra. "Él bebió de todas las fuentes: impresionismo, fauvismo, dadaísmo y surrealismo; a la vez que se nutría de los textos de Ramon Llull, Teresa de Ávila o Juan de la Cruz. En 1997 catalogué la biblioteca de mi abuelo -que dejamos en depósito en la Fundación Miró de Barcelona- lo que permite entender al Miró más ecléctico", explica su nieto, quien es miembro de los patronatos de las fundaciones de Barcelona y Mallorca. Con esta donación, Punyet Miró ha seguido el ejemplo de su abuelo quien, en su opinión, fue "el gran precursor de la filantropía en España".

La exposición, que podrá verse en el Museo Thyssen hasta el 14 de septiembre, es una retrospectiva que comienza con las pinturas detallistas de 1918, cuando el artista -entonces de 25 años- realiza su primera individual y tiene ya un lenguaje propio, y termina en 1981, dos años antes de su muerte, en plena lucha con los grandes formatos y la incorporación de nuevos materiales.

Son dibujos, pinturas, esculturas, cerámicas, objetos y collages que llegan del Museum of Modern Art (MOMA) y el Guggenheim, ambos en Nueva York; la National Gallery de Washington o el Centre George Pompidou de París; además de las que se conservan en España y en grandes colecciones particulares como la Maeght. "Todas están seleccionadas en función de un tema: el retorno a sus orígenes, a la tierra, al mundo rural. Una idea muy influenciada por la lectura de Nietzs-che. Esa idea se manifiesta siempre a través de la destrucción y el erotismo, que son aspectos complementarios. Es en esa polaridad en la que Miró se plantea regenerar la pintura", explica Tomàs Llorens.

"Me desprendo de toda convención pictórica (ese veneno)", escribió Miró en una carta en 1924. Tierra labrada (1923-1924), un óleo que pertenece al Guggenheim de Nueva York, encierra, en opinión del comisario, todos los códigos necesarios para entender la obra del artista, uno de los españoles más internacionales. "Nos relacionamos con la realidad a través de elementos que funcionan como estímulos, como imágenes segregadas; más que a través de símbolos", puntualiza Llorens para explicar la evolución de la obra de Joan Miró, quien a finales de los años veinte alternó sus estancias en París con las temporadas en la masía familiar de Mont-roig (Tarragona) y una década después se había consagrado como uno de los grandes del siglo XX. El apasionante viaje que emprende desde entonces tiene estaciones tan provocadoras como el "asesinado de la pintura", en la que apuesta por "la poética de lo sórdido, más que la del absurdo", puntualiza el comisario.Llorens: "En su última etapa, Miró es más radical incluso que Picasso".
La tierra guía a Miró

La tierra fue uno de los motivos recurrentes de la obra del pintor Joan Miró y ahora se convierte en el hilo conductor de la exposición sobre su obra organizada en el Museo Thyssen Bornemisza y que se podrá visitar a partir del 17 de junio y hasta el 14 de septiembre. En la imagen, 'La masovera' (1922-23). MUSEO THYSSEN BORNEMISZA

Recorrido por una creación vitalicia


El recorrido supone una relectura del exuberante universo mironiano. Casi 70 obras ilustran la trayectoria creativa del autor catalán desde 1918, año de su primera exposición individual, hasta su muerte en 1983. En la imagen, 'Paisaje catalán (El cazador)', óleo sobre lienzo pintado entre 1922 y 1923. Pieza procedente del Museo of Modern Art de Nueva York (EE UU). MUSEO THYSSEN BORNEMISZA

Pintor y escultor

El arte de Miró está relacionado con el concepto tierra. Una conexión que trasluce desde la fuerte conexión con su Cataluña natal y su fascinación por el mundo rural y el culto a los orígenes, hasta los temas relacionados con la sensualidad o la fertilidad, el infierno y la metamorfosis, la vida y la muerte, la materia y la negación de la forma... La muestra recoge gran parte de la producción pictórica de Miró y también algunas de sus piezas escultóricas más representativas. En la imagen, 'Objeto' (1931), compuesto de acero, madera pintada, cuerda, hueso y una cuenta. Pieza procedente del Museum of Modern Art de Nueva York (EE UU). MUSEO THYSSEN BORNEMISZA

Reevaluar la trayectoria de Miró

La tierra como clave de lectura permite repasar su trayectoria y reparar en aspectos que no han sido considerados adecuadamente hasta ahora. Como por ejemplo su obra posterior a la segunda guerra mundial y, sobre todo, la de carácter tridimensional (escultura, cerámica, tejidos y otros objetos). Este enfoque también permite entender el diálogo que Miró establece con los artistas informalistas de la generación siguiente a la suya (Dubuffet, Tàpies, Millares o Saura, entre otros). Una perspectiva diferente desde la que la obra realizada por el artista catalán en la segunda mitad de su vida cobra un peso mayor al que se le suele dar habitualmente. MUSEO THYSSEN BORNEMISZA

Siete ejes temáticos

La muestra se desarrolla en torno a siete ejes: Mont-roig, Transparencias animadas, Paisajes del origen, Polimorfismo, Figuras plutónicas, el Retorno, Ciclos. La localidad catalana de Mont-roig le inspiró unos paisajes, pintados entre 1918 y 1921, que fueron para Miró una verdadera revelación de lo rural y están imbuidos de un sentido específico de lugar frente al desarraigo metropolitano de su Barcelona natal. MUSEO THYSSEN BORNEMISZA

En las entrañas de la tierra


En Figuras plutónicas Miró se centra en composiciones de pequeño formato en las que recrea motivos mistéricos de simbología subterránea, como el de los antiguos cultos ctónicos griegos. El empleo de ingredientes infrecuentes, como la caseína, el alquitrán y la arena. MUSEO THYSSEN BORNEMISZA

El paisaje se metaforiza

Los paisajes tradicionales da lugar a un nuevo tipo de paisaje "metafórico", en el que lo rural pasa de la experiencia inmediata al dominio de la memoria. Lo terrestre pierde así su concreción y se vuelve de algún modo transparente; pero no por ello pierde su cualidad más fundamental, la de estar habitado por figuras y arquetipos que cristalizan en un espacio mítico. Este proceso de progresiva abstracción se inicia con Tierra labrada (reproducida en el encabezado de esta nota de prensa) y se acentúa en Paisaje catalán (El cazador); dos obras fundamentales de 1923-1924. MUSEO THYSSEN BORNEMISZA

Margot Molina (Madrid), El Thyssen reivindica a Joan Miró más allá del surrealismo, El País, 17 de junio de 2008
Miró regresa a la tierra, El País (Fotogalería), 16 de junio de 2008

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