Pop lujurioso y geometrías místicas
En la selva amazónica ha surgido un movimiento de arte contemporáneo exuberante, desinhibido. Expresiones populares urbanas que han entrado con fuerza en galerías y salas de exposiciones
En contraste con ese arte ancestral -tan moderno, por otro lado- ha surgido en las últimas décadas un poderoso movimiento en el arte contemporáneo amazónico, particularmente en Perú. Es lo más opuesto a lo anterior: colores vibrantes, sexualidad desbordante y sin tapujos, alusiones constantes a los efectos alucinógenos del ayahuasca (un brebaje usado por los chamanes y hoy popularizado) muy ligado a la vida urbana de Iquitos, la capital del departamento de Loreto, con más de 400.000 habitantes. Un arte popular de raíz espontánea que podría ser considerado algo así como naif-salvaje. Hay murales pintados en casas y establecimientos comerciales, en plazas, calles y vehículos motorizados. Y lo curioso es que los motivos poco tienen que ver con el entorno natural que los rodea. "En el arte popular urbano hay una cierta presencia de la selva, pero a través de una exotización", comenta Bendayán. "Es gente que casi quiere olvidarse por un momento que está en la selva. En los últimos diez años han aparecido una serie de artistas que han innovado. En el caso del kené shipibo aparece Roldán Pinedo y Elena Valera, que rompen con la geometría que abarcaba todo el espacio para distribuir este diseño por zonas, empezar a crear personajes y a contar sus historias con un lenguaje gráfico figurativo más cercano a nuestro entendimiento occidental. Y todo esto sin perder la esencia del dibujo tradicional. Lo mismo hacen Rember Yahuarcani, Brus Rubio y anteriormente a ellos Víctor Churay (muere joven, lo matan en Lima). Respetan lo tradicional, sin dejar de experimentar".
"En la obra de día hay otra particularidad y es su capacidad de desplazarse. En Iquitos muchas casas están hechas de madera y en ellas se pintan murales. Cuando se mudan se llevan esas tablas. Lo mismo para las pinturas sobre lanchas que se mueven por el río. Últimamente proliferan las pinturas sobre mototaxis, es quizá el formato más importante ahora. Los propios artistas van de casa en casa ofreciendo sus servicios. Antes la pintura popular se encontraba principalmente en los bares, restaurantes, discotecas. Y también en un espacio curioso, los cementerios. Creo que esa producción ha sido tan fuerte, y sus cuatro artistas más representativos: Lu.cu.ma, Luis Sakiray, Piero y Ashuco, han generado tal interés que han marcado toda una tendencia en Lima".
En este movimiento están por un lado esos artistas populares urbanos y por otro los que han tenido estudios de artes plásticas. "Al principio no me interesaba mucho trabajar con los artistas de escuela.
Después del interés generado en Lima sentí que había una labor, la de insertar la producción amazónica en lo que es la historia del arte peruano actual. El primer proyecto, en 2005, se tituló La cuerda de los muertos -significado de la palabra ayahuasca- y reunió a 30 artistas con una producción vinculada a la experiencia del ayahuasca. La segunda se tituló La piel de un río. El proyecto más importante de todos estos fue Poder Verde, que se presentó en Lima en 2009; en Buenos Aires, en Iquitos y este año en Lima se hizo una segunda versión. Es la producción vinculada a lo mágico, a lo psicotrópico, lo psicodélico. La primera tenía como subtítulo Visiones psicotropicales, la segunda Desborde amazónico. Está vinculado a cuestiones políticas y sociales".
Las últimas mediciones consideran al Amazonas el río más largo del mundo, con 6.800 kilómetros, que atraviesan territorios de Perú, Colombia y Brasil. La población se concentra en unas pocas ciudades, particularmente en los principales puertos de Iquitos (Perú), Leticia (Colombia), Manaos y Belém do Pará (Brasil). El fenómeno del arte de Iquitos convive con las manifestaciones dispersas en otras poblaciones de la cuenca amazónica.
Para la fotógrafa brasileña Elza Lima, de Belém do Pará, la gente y el paisaje son una fuente inagotable de estímulos para su trabajo. "Mis imágenes deben mucho a mis vivencias infantiles", afirma. "Acompañé a mi abuelo a muchos lugares de la Amazonia. Cuando me hice fotógrafa fui en busca de esos momentos, e intento plasmar en mi trabajo ese lado poético de los pueblos ribereños".
En algunas de sus fotografías crea dípticos que reflejan esa omnipresencia de la pintura popular y las vivencias cotidianas que la generan. "La pintura para mí representa el imaginario amazónico y me llama la atención la forma como ellos viajan a través de estas representaciones. Siempre uso las imágenes cuando quiero hacer un contrapunto entre mi mirada y la de ellos".
"Llevo veinticinco años fotografiando la Amazonia, es un mundo que siempre me ha atraído. Nací y me crié en la ciudad de Belém, que hoy tiene aproximadamente dos millones de habitantes, pero que guarda en sus límites un aire de la selva. No formo parte de la comunidad ribereña, pero mi alma se siente muy afín".
Feitta Jarque: Pop lujurioso y geometrías místicas, EL PAÍS / Babelia, 20 de agosto de 2011