Un libro rescata la prehistoria de Alberto Schommer

Alberto Schommer es uno de los grandes fotógrafos del siglo XX. ¿Quién no recuerda «Los retratos psicológicos» que eran una cita dominical obligada en ABC durante los primeros años 70? Pues bien, hasta ahora el artista no había escarbado en sus archivos para recuperar sus primeros pasos e, incluso, su «prehistoria». Por fin lo ha hecho y aquí está Primera época (Laia Libros), un volumen presentado por el escultor y académico Julio López Hernández, el periodista Vicente Verdú, el director artístico de PhotoEspaña, Alejandro Castellote, y el ex director del Prado y crítico de arte Francisco Calvo Serraller, libro en el que Alberto Schommer (Vitoria, 1928) recoge sus escarceos juveniles cuando soñaba con ser pintor.

La primera serie de fotografías no son suyas, «son viejas fotos familiares -confiesa el fotógrafo a ABC- que aparecieron cuando empecé a mirar en el archivo para rescatar material y me encontré con una barbaridad de trabajos. Entre ellos, había algunos originales que eran fotografías muy antiguas, pertenecientes a la familia de mi padre, que vivía en Alemania, y que fueron realizadas a finales del siglo XIX y principios del XX, entre 1880 y 1910; y otras posteriores, que iban de 1925 a 1928, año en que nací, y a las que se añade una foto de mi primera comunión, en 1937. Los negativos de algunas de estas fotografías habían sufrido un cambio de coloración debido a la acción el tiempo, que les aporta su impronta y así las he dejado».

Aquella afición había surgido sola. «Yo le cogí a mi padre una máquina de fotos cochambrosa pero que tenía un objetivo muy bueno, era una Leika, salía a la calle y hacía lo que a mí me parecía sin saber nada de fotografía. Luego, mi padre, que quería que hiciese algo más serio que pintar, porque entonces parecía que si uno se dedicaba a la pintura no iba a vivir bien, me compró una Rollei, que era una maravilla. No era la ideal para hacer reportaje en la calle, aunque tenía un estupendo objetivo de 50 mm y 3,5 de diafragma -ideal para estudio-, pero yo lo hacía. Además, usaba aquellos fabulosos negativos de 6x6 que permiten muy buenas ampliaciones. Hace poco amplié un retrato de Warhol a 1,65 m. En fín, elegía la gente que me gustaba, amigos y amigas, pero también a modelos que me encontraba por ahí, los llevaba al estudio de mi padre, que era fotógrafo, desmontaba las luces y las montaba a mi gusto...».

Shcommer fue pintor antes de ser fotógrafo y también hacía cortometrajes. «Cuando estaba en el cinefórum, un director me mandó La familia del Hombre (libro de la exposición comisariada por Edward Steichen en el MoMA allá por 1955, y que tenía un prólogo de Carl Sandburg) que me interesó aunque no me entusiasmó. Seguidamente Irving Penn (el gran fotógrafo de Vogue) me mandó un libro que era una maravilla y es el que realmente me lanza a la fotografía».

También conoció a Cartier-Bresson y se marchó a París donde le presentan a los fotógrafos más importantes de la época. Corría 1958 y «gracias a mi mujer, que lo conocía, me pongo en contacto con Cristóbal Balenciaga, y me dice: "Pero cómo puede ser que no viva en París. Va a trabajar para mi". Y entonces empiezo a hacer cosas de moda y también de arquitectura... pero como era hijo único, me tengo que volver a Vitoria. Ya después, voy a Hamburgo a estudiar, y luego va a ir pasando todo lo que ustedes ya conocen, hasta llegar a mis «retratos psicológicos», que no lo olvidemos, se publicaban en ABC, pues me fichó su director, Luis Calvo. Pero eso ocurría mucho después, ya en 1972, y este libro sólo llega a 1960, aunque por un error, se diga que hasta 1966», concluye.

Tulio Demicheli (Madrid), Un libro rescata la prehistoria de Alberto Schommer, ABC, 17 de marzo de 2008

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