viernes, 14 de agosto de 2009

¡Que alguien componga el desierto!

Las ciudades de Salé y Rabat se enfrentan al mayor proyecto de regeneración urbana en la historia de Marruecos. La zona de actuación es de 6.000 hectáreas en ambos márgenes del río Bu-Regreg

Arriba, imagen virtual del Jardín de la Muralla que habrá sobre un túnel para tráfico rodado-

¡Que alguien componga el desierto!Es preciso que alguien componga el desierto con una música que esté más allá de la armonía y de la melodía, con el sonido del viento, con el canto de los beduinos, que recordaba Hassan Fathy en su infancia, silbando entre las pirámides o deslizándose a lo largo del canal de Alejandría. Atrapar la música del viento del desierto para que module la vida urbana es conseguir la auténtica maestría.En el urbanismo occidental, la escena pública se ha reducido a cuatro categorías que obedecen a un objetivo común: el montaje de un espectáculo para la comercialización del espacio urbano. Hasta ayer, los contenidos imprescindibles eran ocio, turismo, cultura y ecología. Teatro o aburrimiento, mercado o muerte, como defendían los más apasionados. Pues bien, en Occidente, el mercado se ha hundido y a los diseñadores del espacio público se les ha deshecho entre las manos ese envoltorio vacío, que basaba su éxito en la conversión de los lugares de relación en parques temáticos. La mirada se dirige ahora a otras realidades, apunta a otras referencias para que ayuden a comprender la nueva situación. El mundo occidental ha concluido una etapa y tiene que encontrar sutiles maneras de intervención sobre el territorio. Se reclama autenticidad e integridad, y será de lugares que hasta ahora estaban fuera de foco, de donde surjan los nuevos modelos.

Salé y Rabat son dos ciudades gemelas y rivales -con una población conjunta de millón y medio de personas, con una historia común y separadas por el río Bu-Regreg-, que se enfrentan al proyecto de regeneración urbana más grande de la historia de Marruecos. La zona de actuación es de 6.000 hectáreas, que comprenden las dos márgenes, en una línea ondulante de 15 kilómetros desde la desembocadura en el Atlántico hasta la presa de Sidi Mohamed Ben Abdelá. Los trabajos comenzaron en 2006, después de unos rigurosos estudios hidráulicos y medioambientales. La filosofía del plan se asienta sobre principios impregnados de una modernidad urbana importada, a la que se ha pillado con el pie cambiado. La autenticidad de la gran operación urbanística está comprometida, no porque se esté ejecutando mal el procedimiento, sino porque se piensa utilizar el modelo occidental del sello, que se estampa una y otra vez. Se echa en falta una proyección arriesgada hacia lo desconocido, que explore el desierto y que componga el acto justo por convicción y no por mimetismo. Afortunadamente, los actuales momentos de incertidumbre económica van a permitir corregir el tiro.

Los papeles principales están otorgados a cuatro inevitables actores: al ocio, con la construcción de un puerto deportivo en la orilla de Salé, para pequeños barcos de recreo que sepan navegar en un Atlántico enfurecido y con un muelle para cruceros en la margen de Rabat. Al turismo, concentrado en una ciudad lacustre llamada Amwaj ("ola" en árabe), financiada al 50% con capital de los Emiratos Árabes. Incluye viviendas, oficinas, comercios, hoteles de lujo, palacio de congresos y centros de entretenimiento, con todo el realismo que pueden tener unos canales importados desde el desierto de Dubai. A la cultura, recuperando el patrimonio histórico, mediante la puesta en valor de los yacimientos de Chelá, la fortaleza de los Udayas y la explanada de la torre Hassan. Y a la ecología, para salvaguardar flora y fauna, regenerando el ecosistema marino, aumentando la navegabilidad y eliminando las fuentes de polución mediante un plan integral de saneamiento. De estas cuatro categorías, ocio y turismo comunican en línea directa con los inversores de capitales. Sin embargo, la condición más espiritual de la cultura y la más terrenal de la ecología están enganchadas al brillo del dinero para subsistir.

En el siglo XVII, la medina de Rabat estuvo defendida por refugiados musulmanes expulsados de España. Un contingente importante, los moriscos procedentes de Hornachos, en Badajoz, constituyeron, durante casi cuarenta años, la República independiente de Bu-Regreg en la kasba de los Udayas. Este pequeño Estado, en el que se hablaba español, vivió del corso y batallaba continuamente con la ciudad enfrentada de Salé, alimentando las enemistades mutuas por la competencia pirata. Pero la huella española se está borrando en Marruecos y ahora son empresas francesas o italianas las que dejan su marca. Sólo el Instituto Cervantes mantiene viva la llama cultural.

El moderno Salé está mal planificado y padece una elevada contaminación. Es la segunda ciudad de Marruecos, después de Casablanca, y sirve de dormitorio a la otra cara del río, a Rabat. La población de Salé-la-Malquerida, que posee un fuerte sentimiento islamista, se siente discriminada en el proyecto Bu-Regreg y percibe un ligero retrogusto de ausencia de democracia en todo el proceso, a pesar del esfuerzo de información y negociación de autoridades y técnicos implicados. La Agencia de Desarrollo del Bu-Regreg se enfrenta al problema de la propiedad del suelo y al de los oficios tradicionales del río, como barqueros y pescadores que exigen la protección de sus derechos y costumbres.

Imagen virtual del nuevo puente Mulay el Hassan sobre el río Bu-Regreg del arquitecto e ingeniero francés Marc Mimram, entre Rabat y Salé.-

El proyecto de urbanización de todo el valle se ha dividido en seis secuencias (volvemos al mundo del espectáculo). La primera, Bab al Bahr, y la tercera, Kasbat abi Raqraq, las ha desarrollado la oficina parisiense de arquitectura y urbanismo Reichen Robert y Asociados. La segunda, Amwaj, está en manos del grupo kuwaití Sama Dubai. Bernard Reichen, premio del Urbanismo francés en 2005, ha trabajado sobre el concepto de urbanismo territorial, que amplía la escala del proyecto, añadiendo a la planificación urbana una dimensión casi geográfica. Esta oficina es responsable también de la ordenación de los antiguos terrenos del aeródromo de Casablanca -donde Bogart y Bergman se dijeron adiós para siempre -.

Marruecos es una inmensa fuente de inspiración. El escritor Mohamed Chukri compartía el entendimiento marroquí del mundo -aunque eso no le fue reconocido más que cuando se estaba muriendo-, porque no estaba contaminado por la religión del progreso. A pesar del affairisme reinante, a pesar de la repetición de modelos occidentales en sus referencias urbanas, el potencial creativo marroquí parte de otras coordenadas y mantiene la fuerza de unas profundas convicciones. Las sociedades islámicas conservan, frente al materialismo occidental, unos principios basados en palabras sustanciales, en "panes desnudos", que se pueden tomar como referencia. Si la transformación del Bu-Regreg logra escapar de la excesiva escenificación y mantiene la autenticidad y la musicalidad del lugar, la comunidad de Rabat-Salé volverá a escuchar por el río los sonidos del desierto; si no, Alá no lo quiera, lo que se oirá, será la música de una película de la Warner.

Javier Mozas, ¡Que alguien componga el desierto!, El País / Babelia, 8 de agosto de 2009

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